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21 mayo 2012 1 21 /05 /mayo /2012 07:53

excursiones-3265.JPGSalida senderista por el Montsant. El dia ha sido mal elegido: el tiempo no acompaña, en principio. Una niebla espesa se va enseñoreando de las cumbres rocosas de la Montaña Santa, refugio de eremitas, de cenobios religiosos, de oradores y frailes milagreros, de lugares que han santificado siglos de rituales y romerías, presencia religiosa y espiritual entre cipreses, inmensas rocas peladas, lugares píos escondidos, cuevas con fama y leyendas. El viento es frio, invernal, la sensación es de que van a caer chuzos de punta. Dudas. Cuando llegamos a Albarca, comienzo de la expedición, decidimos seguir y a ver qué pasa con el tiempo. Vamos bien pertrechados, goretex, buenas botas, chubasquero y pantalones largos impermeables. Salimos del solitario pueblo por el GR 171. A la altura del Grau Gran nos desviamos por una dresera empinadísima hacia el GR 174 que está doscientos metros más abajo, que nos llevará entre carenas hasta Sant Joan del Codolar, donde espero encontrar a mi amiga la monja Montserrat (setenta y pico de años con una lozanía y una energía espiritual sorprendentes: está al cargo del mantenimiento de la ermita). Hay un cartel en la puerta de su casita, adjunta a la ermita: "Estoy en Cornudella". Así que me quedo sin los consejos expertos de esta montañera espiritual. Nos preguntábamos si era adecuado subir por el Grau dels Tres Esglaons para llegar a a la Roca Corbatera, con el tiempo que hace, llovizna intermitente, rocas mojadas, niebla y amenaza de tormenta. Conciábulo montañero. Decidimos probar. Subida empinadísima por un terreno gradualmente más resbaladizo, conforme se va mojando. Llegamos a la via ferrata. El primer escalón, lo subimos sin problemas. El segundo es un poco mas enrevesado, pero lo pasamos. En el tercero pinchamos. Las clavijas están demasiado alejadas unas de otras y cuando intentamos subir buscando apoyo en la roca, ya hace rato que llovizna y están chorreando. Las suelas de las botas resbalan como si fuera hielo. Sopesamos la situación. Bajar es peligroso. El ultimo tramo de la ferrata no se deja atacar por la roca mojada. No llevamos cuerdas. Miramos altrededor e incluso tratamos de buscar una via distinta para superar las enormes rocas. Por fin se impone la prudencia. Es mucho mas peligroso intentar la subida por la ferrata o por una -seguramente inexistente-- via distinta (hemos resbalado varias veces y nos hemos arañado por todos lados). Así que nos queda la opción más razonable: volver a bajar por el empinado canal pedregoso y los dos escalones con ganchos de hierro (de bajada la cosa se pone inquietante si uno no logra superar la impresión de vértigo de la caída). Poco a poco y buena letra, nos decimos. Y así es. Bajamos extremando precauciones y cuando llegamos a la ermita, la niebla ha sumergido totalmente la montaña en un puré de guisantes a la londinense. Volvemos por el GR 171 hacia Albarca. La niebla se está retirando de las cumbres y sale el sol. En total, con el tiempo gastado en subir y volver a bajar por la dura dresera de los Tres Esglaons, cinco horitas de marcha con cuatro desniveles importantes de subidas y bajadas. La prudencia en la montaña es una de las pocas garantías de un regreso feliz.

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