Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
3 agosto 2012 5 03 /08 /agosto /2012 07:01

  El-duelo-y-la-fiesta.jpg

 

Lo cierto es que "El duelo y la fiesta" me ha sabido a ejercicio de estilo. Como si Jenn Diaz olvidando su generosa, sorprendente y un poco fallida inauguracion literaria con la aclamada por muchos "Belfondo", se hubiese dejado poseer por los espíritus de Carmen Laforet, Ana Maria Matutes o Concha Alós, en sus obras primerizas, para pergeñar una novela que huele a postguerra y naftalina, a épocas pretéritas aunque cercanas (no para la autora que nació en plena democracia, con un dictador Franco ya casi desaparecido del joven imaginario sociopolílico español). La perfecta estructura literaria de "Belfondo", una narración coral donde un pueblo imaginario sirve de metáfora humana y social de alto nivel y considerable y solida profundidad, atravesado todo por un lirismo que raramente perdía su contención y su propiedad, conformó un listón demasiado alto para una primera novela.

"El duelo y la fiesta" no ha estado a la misma altura y sin embargo algunos defectos de estilo apuntados entonces se mantienen en esta, con el añadido de que el tema, los personajes y la trama no logran levantar ese vuelo imprevisto que nos sorprendió en "Belfondo". Hay en "El duelo y la fiesta" un empeño casi notarial de ajustarse a la pequeña, mísera, mezquina realidad de una vida urbana, en una época muy concreta caracterizada por la estrechez, el miedo, la miseria económica y la debilidad de los sueños, en la que la presencia de una poetisa moribunda, de su criada , de un secreto admirador, un joven profesor y de su más joven alumna, forman un grupo de personajes que van interactuando mientras la poetisa, Blanca Valente, dormita en su cuarto cerrado con llave, acercándose a la muerte. Un sacerdote equívoco, el Padre Damián (represión sexual al canto: "había echado de menos a todas las mujeres del mundo", pág.90) y su enviado--el joven seminarista Elías-- para que confiese a la poetisa, forman el nivel literario de contraste buscando un misterioso punto de contacto que habrá de unirlos a todos en una escena final, en la que se produce una sórdida exaltación de la trama, cuajada de niños abandonados, madres complejas y culpables, remordimientos de la carne y del espíritu.

Suena todo a un Delibes menor en el que se ha perdido la saludable tenión entre el drama que se narra y la liberalizadora estupidez humana y los gestos posibles de distanciamiento, incluso,de los propios protagonistas, cuando atesoran un poco de sentido del humor o incluso de sentido común. Algo de eso resuena a veces en las voces múltiples de "El duelo y la fiesta" y da cierta profundidad a la novela. El empeño de Jenn Díaz es meritorio, qué duda cabe. No estamos muy acostumbrados a ejercicios de estilo en las letras españolas. O son descaradas imitaciones o fallidos y torpes "escritos a la manera de", y nuestra escritora no pertenece a niunguno de los dos bandos. Valoro en mucho algo que intuyo en Jenn Díaz, su honestidad como escritora. No busca el camino fácil ni ha tratado de instrumentalizar el exito  de su "Belfondo". Su prosa sigue las mismas virtudes y defectos. Y eso es un detalle revelador: "Belfondo" no es un ejemplo de la suerte del principiante. Por eso en esta novela, debajo de su trama literaria un poco basta, manifiestamente mejorable, hay una escritora de raza y de empuje.

Hay un juego con la paradoja, el humor y la fuerza del cambio que subyace en toda la novela y que atrae al lector minucioso como los hilos maestros de esa trama de la que hablaba. A veces los adjetivos son vulgares, tópicos o resalta el desaliño de una frase, de una descripción, las repeticiones sin ritmo, excesivas, ( y que se producen con casi todos los personajes: señal de que es unj problema de la escritora) la previsibilidad de las voces de Elías, Luisa, Julio o Candela al principio de la novela (Sin que lleguen a tomar carta de naturaleza las diferencias entre los personajes).

Quizá lo más acertado de esta novela irregular sea la creación del "huis closs", el lugar cerrado, la casa de la poetisa, donde se dan cita todos los personajes, algunos de los que aparecen a partir de la segunda parte de la novela y los anteriores, todos con sus deseos, sus miedos y su destino, orquestados con habilidad por la autora. Y en la misma ocasión, rompiendo la tensión con su recurso de la reiteración, que aplica contundentemente: "No lo hago, dice Rosario, no lo hago, no lo hago, no lo hago, te juro que no lo hago" (pag 123) O la madurez de una frase y un juicio que no se corresponde con el personaje: "Tu estudio no va sobre Blanca Valente, sino sobre como la criada de Blanca apaga sus anhelos maternales con un chico que, a pesar de su edad, esta castigado por negarse a decirle a su madre dónde ha pasado la tarde. ¡La tarde! ¡La tarde!" . Y eso lo dice Candela, casi una niña (pag. 127).  El chusco final con la inesperada declaración de la poetisa da un cierto tono divertido al relato si no fuera por la descarada intención dramática que la autora imprime  a sus repeticiones, casi como los aldabonazos del destino en Wagner, "Elias, Elias, Elias, Elias"...(pag.154).

Como "decíamos ayer"...aquí hay una escritora con futuro...pero aún está verde. Si sigue asi no tardará mucho en dar frutos singulares.Creo.

 

 

   

    .

   
   

     

Compartir este post

Repost0

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens