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14 septiembre 2012 5 14 /09 /septiembre /2012 16:21

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  En la última secuencia de "El ultimátum de Bourne", Jason se tiroteado en una azotea y cae al rio, un centenar de metros más abajo. El cuerpo de Matt Damon queda encuadrado flotando en las aguas azules (aunque un poco más tarde se pondrá en movimiento: tampoco esta vez han acabado con él). El invencible e inteligente ex miembro de Treadstone, una subagencia de la CIA que se dedica a los "trapos sucios" sin dar explicaciones, parece que va a volver. pero claro, los guionistas de aquella excelente tercera parte de la saga, dirigida por Paul Greengrass de una forma trepidante, hipnótica, cine al 100x100, no podían prever que ni el director ni el protagonista de la saga iban a decir que "no" a una cuarta entrega. Así que la secuencia de inicio de "El legado..." es un cuerpo flotando en aguas azules filmado desde abajo (al estilo de "El crepúsculo de los dioses", de Billy Wilder, que comieza con una toma del cadaver de William Holden en la piscina, fotografiado así)

Así que, bussines is bussines, hubo que biuscar a otro director y otro protagonista con tal de no matar a la gallina de los huevos de oro (la saga ha recaudado cada vez más dinero). Para la actual entrega, "El legado de Bourne" podían haber optado por otro intérprete que mantuviera el nombre, cambiarle la cara, vamos (solución James Bond 007). Pero no, hicieron lo más difícil (quizá pensando en que en algun momento volverán a convencer a Damon), mantuvieron viva la presencia y la obra de Bourne, pero traspasaron la acción a otro agente, un clon de Jason, Aaron Cross (interpretado por Jeremy Renner, ¿recuerdan la oscarizada "En tierra hostil" donde hacía de desactivador de bombas en Iraq?).

Francamente es un actor más expresivo y dúctil que Matt Damon, pero estaría mejor en una obra de Shakespeare que en una pelicula de Bourne, donde nos hemos acostumbrado a la inexpresividad tensa y peligrosa del actor inicial.

La entrega es dinámica, está bien rodada, nos ofrece recordatorios suficientes --incluso excesivos--de la saga, la presencia de secundarios ya familiares, como Albert Finney, Scott Glen, David Strathain y la efectiva Joan Allen (que sale unos minutos al final, siempre en defensa de Bourne) y el acicate de nuevas incorporaciones de una solvencia superior, como Edward Norton, siempre tan espinoso en estos papeles, el incombustible Stacy Keachy y la guinda, una genial Rachel Weisz que siempre da dulzura y credibilidad a sus personajes... Además la química entre ella y Renner funciona a las mil maravillas, por lo que, dado el final abierto, se supone que tendremos Bourne para rato, a no ser que lo liquiden y pasen a la saga "Aaron Cross".

La fuerza e impacto de los minutos iniciales son lo mejor de la cinta, que discurre como cabía esperar entre las complicaciones de la maraña de agencias y agentes especiales, una violencia incisiva y contundente, con un eficaz tratamiento fílmico y sonoro de la brutalidad violenta a la que nos tienen acostumbrados. Dirige la entrega el que fue guionista de la trilogía previa, Tony Gilroy (por tanto no hay incoherencias y a pesar de su complejidad, la trama se nos narra con agilidad y toda la claridad posible).

Aún así a la cinta le falta brío, y ese montaje endiablado con momentos estéticos bien buscados que eran la marca de la casa del gran Greengrass. Las secuencias de la persecución con motos por las calles de Manila rebasan las posibilidades humanas aunque nos enfrentemos a dos agentes convertidos casi en superautómatas de la violencia. Todo ello está bien dado el objetivo de este tipo de cintas, nutrir las salas de cine de consumidores de acción brillante, un poco de suspense y violencia palomitera para el fin de semana. hasta aquí bien, pero "El legado de Bourne" no está a la altura de la trilogía anterior. Y no es imputable a Jeremy Renner que, como dije, es un actor bastante bueno. Pero no se le ha dotado --problema de la dirección y el guión--del dilema ético que conmueve y motiva a Damon y lo convietrte en un personaje atormentado, un antihéroe, con el que simpatizamos. La frialdad de Renner y su falta de emotividad parecen calcadas de las de Damon, pero éste les insufla alma, mientras que su sucesor no logra que nos conmovamos con sus cuitas.

Sin embargo la película tiene calidad y demuestra oficio, por ejemplo en las secuencias de la matanza del laboratorio y la del interrogatorio al personaje de Rachel Weisz en su domicilio. Acción pura y adrenalina. Habra que esperar a la proxima entrega para ver si el camino que han escogido los responsables de la saga Bourne es el adecuado y tiene futuro.

 

 

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