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27 febrero 2013 3 27 /02 /febrero /2013 08:49

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Me vais a permitir que esta semana abandone las exigencias habituales de actualidad editorial y os hable de un libro clásico, una de las reediciones múltiples de una de esas historias que constituyen una fascinación y un aliciente para un determinado tipo de lectores (aunque es igualmente gratificante para todo tipo de lector). Hablo de las personas amantes de las montañas, de los caminos, senderos y cumbres, para los que el montañismo (no necesariamente de escalada) constituye algo mucho más complejo y esencial que un hobby, casi un especial estilo de vida al que uno dedica todo el tiempo que el trabajo le deja libre.

 Se trata del mítico "El leopardo de las nieves" del neoyorquino Peter Matthiessen (debe ser un octogenario en estos días). En la cuidada reedición que Siruela realizó hace poco, cuando ya había cambiado la portada del Himalaya desde el espacio en imagen de la NASA (edición de 2008) y colocaba una foto del techo del mundo desde el punto de vista del caminante que veis en el grabado, el lector abre el libro para encontrarse con una cita de Rilke que es como el lema de las páginas que siguen: "ese es...el único valor que se nos pide: tenerlo para lo más extraño, lo más singular y lo más inexplicable que podamos encontrar".

El libro ganó el National Book Award a mediados de los setenta y hay algo en el estilo del texto, las reflexiones del autor y el tono general de la narración que nos lleva  a la literatura de viajes de aquellos años de la psicodelia y las flores y el florecimiento del budismo en occidente. Lo importante y significativo es que sigue teniendo una rabiosa y candente actualidad: las preocupaciones del joven Peter no son muy diferentes a las que inquietan a los jóvenes de hoy. ¿Es posible eso en un mundo tan distinto? Si, porque hablamos de emociones, sentimientos y conceptos e ideas esenciales, que tienen que ver con los más profundo del ser humano.

Hace un par de semanas, cuando recibí el libro de Siruela, había visto en Internet la única filmación real del majestuoso leopardo de las nieves (especie practicamente extinguida ya hoy y por entonces bastante rara y difícil de ver) con su enorme cola suntuosa y su caminar y acecho de una elegancia mística. Pues bien, en busca de ese fabuloso animal fue nuestro autor acompañando al zoólogo George Schaller (otoño de 1973) en una expedición hacia la Montaña de Cristal, en el Tibet, aunque la razón científica era estudiar la forma de vida y apareamiento del bharal o cordero azul himalayo.

Y así comienza un viaje por tierras entonces poco holladas por los occidentales, aunque ya había turistas y buscadores espirituales por Nepal, en lo que la búsquedas de esos animales se convierte en un motivo secundario para Peter, cuyo viaje por tierras inhóspitas, entre gentes de culturas ancestrales y comportanientos exóticos para él, un viaje en  muchos momentos de pura supervivencia, es el complemento fáctico de un viaje mucho más esencial: el viaje hacia sí mismo, hacia una comunión con la naturaleza, la belleza y la magnífica violencia de unos lugares grandiosos, indiferentes y fascinantes, peligrosos y lejos de la medida humana de las cosas, lugares de dioses y diablos inclementes y dotados de una fuerza sugestiva casi hipnótica. El desafío a los limites de la propia resistencia física y psíquica, caminando por cumbres desoladas, con vientos huracados y congelantes, porteadores de los que no te puedes fiar demasiado, robos de material y comida, hambre, soledad y por encima de todo, la mirada maravillada, el alma conquistada, el encuentro con algo que nos trasciende y nos supera, la sutileza de algo divino en la estrecha cornisa que parece llamar a la muerte, la ladera agotadora, las ventiscas que enloquecen, el respiro en la cueva y el fuego miserable, la compañía del amigo o del sherpa avezado. Mientras en su mente se establece una dicotomía, el escritor nos narra con prosa nerviosa y precisa los lugares, los detalles, los animales, las personas, las aldeas y de pronto, muy de vez en cuando, surge una prosa poética, espiritual y aparece el buscador zen, el hombre que repasa su vida, sus errores y sus miedos y le surgen algunos momentos en los que todo se equilibra, la vida se relativiza, el pasado pierde su filo dañino.

A pesar de que, como he dicho antes, el aire zumbón con olor a pachulí, a hippie y a cantilenas de monjes budistas parece impregnar el relato, hay un plus de sinceridad, de esfuerzo paralelo al fisico y mental que se nos narra, que saca el texto de sus coordenadas históricas y culturales y lo mantienen con plena vigencia y vigor en nuestro siglo XXI descreído, materialista y huérfano de valores. Quizá por ello la decisión de Siruela de publicarlo en una colección de ensayos es clarividente. Es mucho más que un libro de viajes, de aventuras, de retos físicos.Es una autobiografía sentimental y física, el reflejo de un doble viaje, ambos espectaculares, el del joven viudo (la esposa de Peter hacia fallecido de cáncer un año antes de partir la expedición y deja un hijo pequeño en su país) atenazado por culpas del pasado, por pérdidas y por dudas, que va encontrando el equilibrio en el esfuerzo y sufrimiento que el duro viaje le causa. De ahí que el leopardo de las nieves, esa busca agónica sin éxito pero con señales, deviene el huidizo logro de la iluminación parcial, en el zen se llama satori, cuyas visiones y certezas son tan efímeras como la falta de cuidado y disciplina del buscador lo permita.

Quizá si el octogenario Matthiessen decidiera reescribir su libro tendríamos algo tan bello pero más fluido que el actual, dedicaría menos espacio a las descripciones científicas, aligeraría las consideraciones religiosas y espiritualistas y obviaría datos y notas sobre elementos innecesarios de compañeros, porteadores y lugareños. Mantendría la descripción de los lugares que atraviesa, la interrelación del texto descriptivo con el intimista, el fuerte acento romántico e idealista de sus reflexiones, la magnífica textura espiritual del Camino emprendido, para terminar, como Kavafis, haciéndonos comprender que lo importante no es encontrar al leopardo de las nieves, lo importante ha sido buscarlo con tanto esfuerzo, denuedo y fervor. Y más aún, el viaje paralelo por el interior de su mente hasta encontrar el sosiego y la paz del espíritu en pleno viaje exterior, aun sabiendo que habrá que seguir la búsqueda en otro tiempo y otro lugar. Es el "para siempre" de la vida espiritual. 

No es una obra maestra, es un libro profundo, sincero, honesto y fascinante sobre la capacidad de superación y supervivencia del hombre en condiciones extremas y sobre el elemento que nos ha distinguido como especie: la facultad de tener un sueño y luchar por alcanzarlo...se consiga o no. Como dice el propio Peter, "No he visto al leopardo de las nieves. ¿No es maravilloso?".

 

ficha

 

"EL LEOPARDO DE LAS NIEVES".-Peter Matthiessen.- El Ojo del tiempo. Ed. Siruela.- Traducido por José Luís López Muñoz.-364 págs.- 22 euros. 

 

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