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16 enero 2014 4 16 /01 /enero /2014 10:09

mar interior

 

Philip Hoare pertenece a esa estirpe de escritores aventureros y eruditos que Inglaterra regala al mundo, desde T.E. Lawrence a Patrick Leigh Fermor, pasando por Lawrence Durrell o Robert Louis Stevenson. Cantante y musico punk en los setenta, comenzó a publicar libros en los noventa, biografías o analisis de autores como Noel Coward o Wilde, libros de historia o sobre lugares insólitos. Viajero impenitente y biólogo de vocación, Hoare despegó en su faceta de escritor de culto con el libro "Leviatán o la ballena", en el 2010, que mereció la crítica entusiasta de un buen grupo de exquisitos de la literatura y hace unos meses, también bajo el sello de "Ático de los libros", nos ofreció "El mar interior" donde insiste en un tipo de libro inclasificable que oscila entre los géneros de la autobiografía, el libro de viajes y aventuras o el ensayo científico. En este caso Philipp nos muestra su amorosa erudición sobre determinados animales, desde los marinos, ballenas y delfines o focas, hasta los pájaros, con una formidable descripción de los cuervos o referencias a escritores como Alfred Tennysson, fotógrafas míticas como Julia Margert Cameron  o fascinantes antepasados del escritor, todos arrullados por los "gemidos del vagabundo mar" que es el auténtico protagonista de este libro peculiar y fascinante.

Pero no es una admiración de erudito o científico, sino de hombre de acción. Hoare busca la comunión entre su cuerpo y el mar, continuamente, de forma cotidiana y alborozada. Si nos habla de las ballenas es porque ha buceado entre ellas, porque ha nadado entre delfines, porque busca continuamente el contacto con esos animales que admira y respeta, sin importarle el tiempo, ni la temperatura o el peligro. Sus ensoñaciones casi oníricas del mar, las costas, el agua cristalina, las olas furiosas siempre creándose a sí mismas, recuerdan un poco las paradojas de Chesterton y las arrobadas descripciones de otro Durrell, no Lawrence, sino su hermano Gerald, biólogo entusiasta que une a su amor por el mundo animal un humor sutil.

Ese entusiasmo es que brilla con luz propia en las páginas de Hoare, que incluso nos asegura que "el mar nos da sustento y nos amenaza, pero también es nuestro lugar de origen" (pag.57) y nos recuerda las teorías de Callum Roberts, Desmond Morris y Elaine Morgan que sostienen que somos "simios acuáticos" y que estando formados por un 50% de agua, "todos tenemos nuestro mar interior" y estamos más dotados para la natación y el buceo que para las carreras o el volar. Sin solución de continuidad, ese amor acuático impregna las historias que se van desarrollando de forma aparentemente espontánea sobre inmersiones y viajes en las Azores, Sri Lanka o Nueva Zelanda, sin olvidar las aguas de su país.

Y de vez en cuando, de forma inesperada, su foco de atención deja de ser marino para ocuparse, como dijimos, de los cuervos o del tilacín o Tigre de Tasmania, dejando entrever una dura y dolorida crítica a la actuación depredadora humana respecto a especies que se han extinguido o están en peligro de ello.

Las observaciones y juicios de Hoare toman a menudo un sesgo poético o reflexivo de enorme calado. Aún me hace reflexionar el comentario metafísico con el que acaba uno de sus capítulos; "Nuestro primer temor es el abandono; nuestro último miedo también. Todos dejamos nuestro hogar para encontrarlo y corremos el riesgo de perdernos para siempre" (pag.67). Pero la enseñanza implícita en "El mar interior" no nos habla de pérdida sino de hallazgo. El de un hogar difícil y variable pero cuya belelleza y pertenencia es indiscutible: el mundo en que vivimos, que exige respeto y ofrece gratificaciones vitales sin cesar.

 

Amenizado con dibujos y fotografías, el libro de Hoare es un placer y un reto. No sólo nos informa y atrae nuestra curiosidad e interés, también  nos alecciona y nos reclama amor y respeto a la naturaleza. A través de sus "mares" diversos, el suburbano, el del sur, el del vagabundo, el interior, Hoare despliega una prosa austera pero brillante y unos conocimientos enclopédicos pero mostrados con la gracia y el encanto de un prestidigitador, y lo hace de tal manera que uno comprende que se trata de un convencido, de un fanático amante de la vida natural y su defensa a ultranza.  Y acaba: "Mi cuaderno de notas descansa en la mesita de noche de mi habitación. Allí está todo, invertido entre sus páginas: las postales y las hojas secas y los recibos que guardo, los pedazos de piel de ballena, los esbozos de plantas y animales desconocidos. En ausencia de todo lo demás, esto es mi hogar, mi vida entre espirales y tapas de cartón negro, el ancla que suelto en los mares por los que navego...Es hora de volver a casa "(pag 308).

 

FICHA

EL MAR INTERIOR.-Philip Hoare.-Traducción Joan Eloy Roca.-Ed. Ático de los  Libros.333 pags 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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