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31 diciembre 2012 1 31 /12 /diciembre /2012 08:56

el-molino-y-la-cruz-cartel1.jpgBasado en la obra "The mill and the Cross" del crítico de arte y escritor, Michael Francis Gibson, el director polaco Lech Majewski, ha realizado una película del mismo título, "El molino y la cruz", en la que analiza argumentalmente la pintura del artista flamenco Pieter Brueghel "Camino al Calvario". Un maduro Brueghel, interpretado con gran concisión de gestos y su característica eficacia por el actor Rutger Hauer (tan lejos de su papel como replicante en "Blade Runner") está en proceso de creación de la famosa pintura, en el Flandes sometido al dominio español y las actividades bárbaras de la Inquisición contra una población atraída por la reforma protestante.

En el gran tablero lleno de color y escenas populares bajo un cielo dramático y la omnipresencia del molino (metáfora del molino de la vida regido por Dios, que desmenuza y muele las vidas de los mortales) se desarrolla la secuencia del camino de Cristo con la cruz hacia el Calvario, con los dos ladrones que serán crucificados junto a él y la presencia en primer plano de la Virgen transida de dolor, todo ello símbolizando en su conjunto el sangriento dominio español bajo la bendición del aparato represor de la Iglesia en 1564, año en que se pintó la obra.

Michael York y Charlotte Rampling (como la Virgen María) acompañan al actor holandés, en la muestra de las vidas de unas decenas de personajes que son escogidos entre el medio millar de figuras que pueblan el cuadro.

Lo primero que llama la atención del espectador es la bellísima plasticidad de las imágenes, la vitalización de fragmentos del cuadro que cobran vida ante nosotros en un alucinante ejercicio de maestría artística y técnica digital.

Asistimos a la creación de los primeros bocetos de Brueghel en los que se basará el cuadro final y al desarrollo de subtramas que de una forma a veces dinámica y otras estática, nos muestran distintas facetas de la vida familiar del pintor y de la vida cotidiana en el Flandes de la época, justo en el lugar donde Brueghel recreará la trama religiosa de la muerte de Cristo en el ambiente del Flandes del siglo XVI.

Como Akira Kurosawa, Vincente Minnelli (Van Gogh, "El loco del pelo rojo") y Robert Altman, entre otros, el cine ha mostrado en algunas ocasiones un intento de "penetrar" en el interior de cuadros famosos, pero a mi parecer nunca hasta este filme de Majewski se había llegado a tal perfección técnica y a una caligrafía fílmica tan hipnótica en ambiente, personajes, vestuarios y simulación de realidad del entorno pintado. El director polaco ha seguido un método revoluciuonario: mezclar o combinar digitalmente tres elementos diferentes en un mismo montaje. Secuencias con actores reales sobre la "chroma key" la pantalla azul famosa, imágenes que se integran con fondos recreados digitalmente del propio cuadro o de lugares reales semejantes a los paisajes que nos muestra el cuadro. Localizaciones en Polonia, Austria y Nueva Zelanda son incluidas en el montaje final, superpuestas o amoldadas a las del cuadro, dando como resultado una fuerte ilusión en el espectador que cree estar viendo al auténtico Brueghel en el proceso de pintar un cuadro, introduciéndose dentro de él. Del carácter de metaficción de la imagen resultante se nos da un prueba o guiño cuando en un momento dado, a petición de Michael York, --que interpreta  al amigo de Brueghel, Nicholas, colccionista de arte-- el pintor decide detener la escena, el cuadto dinamizado, que se desarrolla ante los ojos de ambos y que logocamente sólo está en la mente del pintor. Un juego visual y conceptual que no nos ahorra la dureza de algunas secuencias en las que se denuncia el durísimo, inhumano,comportamiento de los mercenarios españoles y de la Iglesia en la sufrida tierra flamenca.

La película, que atraerá singularmente a los aficionados al arte y que sorprenderá a los cinéfilos, es de visión obligada para todos los que desen conocer el proceso creativo de un artista que usa un gran episodio religioso para mostrarnos y denunciar una situación de injusticia y violencia enclavada en la historia de su país y en el momento en que ocurre (al estilo de Goya con sus terribles grabados sobre la guerra contra Napoleón). La explicación de los símbolos y sobre todo de la técnica utilizada por Brueghel, detalle a detalle, en la realización del cuadro. Por ejemplo, la analogía del trabajo de la araña y su concéntrica tela, asumida por el pintor, en la forma de disponer los motivos básicos que pueden verse en el cuadro, aunque para un ojo no informado o entrenado quedan ocultos por la bizarra variedad de la fascinante y gigantesca escena pintada.

Hermosa película que dignifica al cine y lo hermana con la potencia ilustrativa de la gran pintura. Una mezcla asombrosamente creativa de cine, pintura, fotografía, teatro y literatura. Por supuesto eso provoca en algunos momentos un cierto desconcierto en el espectador, secuencias algo confusas, soluciones arbitrarias sobre el punto de vista en que se nos narra la acción, rupturas de ritmo y tensión que no desmerecen el conjunto del filme (más de cuatro años de trabajo supuso para este director visionario dotado de un singular talento visual). Las únicas secuencias habladas corren a cargo de un pedagógico Hauer, una enfática Rampling, con su dolor y tristeza a cuestas y las indignaciones políticas y sociales del amigo del pintor, encarnado por Michael York. Película pues de varios niveles de "lectura" y visionado, que requiere la complicidad del espectador y una cierta rendición parcial al ejercicio de la libertad creativa del director.

 







 

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