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2 septiembre 2011 5 02 /09 /septiembre /2011 09:03

El-mundo-segun-Barney_cartel_peli.jpgSe puede disfrutar mucho con esta tragedia de un pobre infeliz, destinado a pifiarla en los peores momentos, alguien mediocre rodeado por seres mucho más interesantes que él, pero al mismo tiempo un indiscutible y enternecedor ejemplo de la apabullante normalidad del urbanita moderno de media edad. Es como usted y como yo, nada extraordinario y aunque semejante en la superficie a todos, un ser complejo y enternecedor, lleno de debilidades y de secretas generosidades con el que el destino juega a los dados sin ningún miramiento, solo arrancándole una media sonrisa dolorida y timida. La tragedia, el melodrama, golpean con sus alas pegajosas al pobre Barney, pero él se recompone y acaba saliendo magullado pero indemne del asunto. Las víctimas definitivas siempre son los demás, a Barney hasta sus tragedias personales acaban siéndole fieles: así al final de la vida el alzheimer le evita tener que sufrir con el recuerdo de sus ocasiones perdidas, sus errores y la estúpida tontería que le privó de la mujer única, a la que recupera en cierta forma por via de la compasión, sin que llegue a ser consciente de ello.

Esto es "El mundo según Barney", una película hecha a la medida de un gran, grandísimo actor, Paul Giamatti que presta su mirada inteligente e irónica, su aspecto de persona sencilla y no muy agraciada, --gordito, entrado en carnes, no muy alto-- a la persona pasiva, irrelevante y mediocre que configura un antihéroe decididamente sugestivo, incluso en sus peores momentos.

Dirigida por Richard J. Lewis con impresionante habilidad (el envejecimiento de más de treinta años de Giamatti, sólo a base de maquillaje y pelucas, sin que en ningún momento la cosa chirrie o el actor sobreactúe, es un ejemplo de bien hacer)  y basada en la novela de M. Richler "La  versión de Barney", la vida estereotipada de Barney se despliega a a base de flash back ante nuestros ojos seducidos  (a pesar de un cierto exceso de metraje), vemos a Barney en los sesenta viviendo la vida hippie, o casi, en Roma, conocemos a sus tres mejores amigos, a la histérica novia con quien va a casarse porque cree que es el causante de su embarazo, su posterior aficamiento en Canadá como guionista de éxito en una productora de televisión, tras el suicidio de su esposa. Más tarde, su segundo matrimonio con una rica heredera, forzado y absurdo desde el principio,  la desaparición de su mejor amigo --el ideal de lo que Barney hubiera querido ser-- y, por fin, el tercer matrimonio con el amor de su vida, una magnífica Rosamund Pike, que presta una dignidad y belleza enormes a su personaje, la creación de una familia y el estúpido fin de esa familia que él mismo facilita, como suele suceder, de una manera gratuita y absurda.

La película es ágil, está bien contada y goza de secuencias y diálogos de una gran brillantez. Sin duda es uno de los filmes que pueden constituirse en la mente del espectador como parte de su personal bagaje cinematográfico, que no siempre es de grandes películas de la historia del cine, sino de películas como esta, que sin ser magistrales, tienen un poso de humanidad ten certero que las rescata del olvido. 

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