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11 diciembre 2012 2 11 /12 /diciembre /2012 15:27

 

 

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La situación de la mujer en algunas culturas pasadas (y contemporáneas) es una de las verguenzas que debe  soportar ese animal supuestamente racional y emotivo que es el ser humano. No vamos a entrar en un análisis vergonzante del estado de la cuestión, no es éste lugar para hacerlo, pero muy a menudo la literatura y la poesía han mostrado una sensibilidad muy especial por el mundo femenino, no sólo directamente en muchas de sus obras, sino funcionalmente, proporcionando a las mujeres un medio de comunicación específico y secreto que les permitiera comunicarse y crear literatura al abrigo de la prepotente masculinidad castrante de algunas sociedades. Concretamente me refiero a dos ejemplos, la tradición poética de algunos círculos femeninos en sociedades árabes (la iraní o persa, la libanesa y la saudí) o la japonesa y la china tradicional. Esta última mantuvo durante más de mil años un código secreto de escritura llamado "Nu shu" con el que se comunicaban las mujeres sin que ningún hombre pudiera descifrarlo. Los mensajes eran grabados en abanicos, bordados en piezas de tela o susurrados en canciones populares.

Parece ser que el "Nu shu" nació en una remota provincia de China.

Una escritora chino-norteamericana, Lisa See, viajó allí para documentarse y escribir una novela de amor femenino, "Flor de nieve y el abanico secreto", publicada en España por "Letras de bolsillo" con el título "El abanico de seda".

Por una de esas sincronicidades que surgen en mi vida de lector curioso, el amigo Octavi Serret, me proporcionó para su crítica un libro "El pais imaginado" del argentino Eduardo Berti, recién publicado por la editorial Impedimenta, justo cuando comenzaba a leer la novela de Lisa See. 

Dos muchachas chinas sonríen desde la portada de "El país imaginado". El autor ya había llamado la atención con dos novelas "Agua" y "La mujer de Wakefield". En la que nos ocupa, Berti, creador de mundos no imaginarios pero sí imaginados, hace una incursión audaz al mundo tradicional chino y ni corto ni perezoso coge el motivo del "Nu shu" y la del "lao tong" (la relación íntima y  secreta entre dos mujeres) para perfilar una novela donde el fantasma soñado de la abuela muerta de una de las protagonistas --la narradora-- va encarrilando una historia de amor --no de sexo-- entre dos muchachas sometidas a una tradición donde su voluntad no contaba a la hora de decidir esposo. Como dice la narradora (pág 189) es la abuela la que le habla por primera vez del "país imaginado" cuando está a punto de morir, único lugar donde la mujer ya es dueña de sí misma. Y ese lugar es la muerte, ya que "es el país que nunca dejamos de imaginar, porque no tenemos de él ninguna imagen real".

En una atmósfera mágica en la que el amor y la muerte están inextricablemente enlazados para las mujeres, la novela de Berti juega con viejas tradiciones y sensibilidades poéticas para urdir una trama deliciosa que el lector disfrutará, aunque siempre sin ahondar en la dureza de las costumbres o en las frustraciones de las mujeres que las soportan. Nos describe la sociedad china a caballo entre la tradición ancestral, la guerra contra Japón y la revolución del maoísmo, con tal habilidad que la novela sería premiada en 2011 por el Premio Emecé y este año con el Premio de las Américas.

El libro goza de una introducción del gran Alberto Menguel, que ya nos advierte que la novela no pertenece al "género" de novela de fantasmas, sino que está más en la linea (un poco exagerado, a mi parecer) de "Pedro Páramo". Un mundo de ritos ancestrales, imaginación, culto al detalle poético, rebeldía, lealtad y amor, en las que la relación entre Ling y la bella Xiaomei, se resume en un diálogo entre las dos chicas (pág. 211): "El mundo está mal hecho, dije.--El mundo no está hecho, me corrigió Xiaomei. El mundo es así: algo que promete hacerse y jamás se hace en forma definitiva". Y ese es el ámbito de vida de las dos muchachas, un mundo de perfiles borrosos y cortapisas firmes, habitado por fantasmas, ritos y supersticiones de difuntos, en el que es sumamente difícil llegar a ser feliz, pero donde siempre se pueden llegar a encontrar atajos secretos y realidades paralelas.

El "casamiento fantasma" del hermano de Ling y los entresijos económicos de tales alianzas, perfilan los mejores momentos de la novela, implicando al lector en una lógica gótica que parece sacada de "La novia cadáver" de Tim Burton. "Lo monstruoso de esa boda era que el novio envejecería y la novia jamás, ya que estaba muerta", dice Ling al comentar la boda de su hermano.

Como aseguró Berti en una entrevista, no se trataba de hacer una novela histórico-costumbrista-orientalista. China y esa època en concreto son la excusa. Lo que le interesaba al autor era reflejar unos sentimientos y unas emociones con un estilo conmovido, sencillo y directo, sobre temas universales como el amor, la familia, la tradición, la rebeldía de los hijos y la inevitable llegada de los cambios. Y a fe que lo ha hecho.

 

FICHA:"EL PAÍS IMAGINADO".- Eduardo Berti.- Ed. Impedimenta. 235 págs. 12 euros.

 

     

 

 

 

 

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