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8 septiembre 2011 4 08 /09 /septiembre /2011 12:05

Se llama David Hyde Pierce y era el desternillante hermano psiquiatra de Fraser, aquel individuo insuperablemente humano, también psiquiatra, que tenía un espacio de ayuda psicológice en la radio, un padre policía retirado con un agrio sentido del humor y unas aventuras urbanitas dotadas de guiones impecables, diálogos inteligentes y un humor de una finura, mala baba y elegancia realmente extraordinarios.

Pues bien, años depués de hacerse famoso, relativamente, con su personaje timorato, remilgado, un poco ridículo, sentimental y divertidísimo, el director Nick Tomnay lo recupera para la pantalla grande y en "El perfecto anfitrión", lo convierte en un convincente psicópata, un perturbado mental que da el pego a propios y extraños y que es el anfitrión "perfecto" al que alude el título de la película. ¿Y el invitado?  Un también convincente, pero menos, Clayne Crawford, ladrón de bancos, aparentemente violento y brutal, con su historia sentimental a cuestas, que se nos cuenta paralelamente a los hechos, en flash back y que resulta ser lo más endeble de una película redonda. Y  a partir de la llegada del falso "invitado" al perfecto hogar de David Hyde Pierce, las vueltas y revueltas del guión se hace con el espectador. Un festival de dos actores, secundados por los demás "invitados" que sólo existen en la mente del anfitrión pero que el espectador puede ver. ¿Drama psicopático? No. Solo lo parece.

1657_el_perfecto.jpg¿Se acuerdan ustedes de aquella maravilla de Manckievicz que se tituló "La huella", con Michael Caine y Laurence Olivier (mas tarde copiada --no demasiado briillantemente-  por Kennet Branagh, con Jude Law en el papel de Caine y el mismo Michael Caine haciendo el papel del fallecido Olivier, más acorde con sus edades actuales)? Bueno, pues la pelicula que les comento es una heredera brillante de "La huella" sin llegar a parecerse en ningún momento en la letra del guión. Es el juego de las apariencias, de lo que parece que es y luego no es, de las vueltas de un guión endiablado, dirigida con habilidad circense por Nick Tomany, que se convierte en prestidigitador, ofreciéndonos en tomas alternadas la visión subjetiva del anfitrión y la objetiva del ladrón convertido en víctima.

No hay histrionismo en el protagonista, que parece la versión malévola --pero coherente y ahí está el mérito-- del personaje que interpretó durante más de un decenio en la serie de televisión. Sin aspavientos, este actor logra conferir tal verosimilitud a su personaje que hay escenas en las que provoca escalofríos y bordea el terror.Y todo ello con su aspecto vulnerable y poquita cosa, con su mirada de pez y su sonrisa bobalicona, su amaneramiento y una cierta cursilería expresiva. No se la pierdan. Es una película crítica y dura en un envoltorio de comedia negra que parece una y otra vez convertirse en sangrienta psicopatía, al estilo de Anibal Lecter y otros individuos "gore".

Pero el final se desvela que todo es un juego, ¿o quizá no?

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