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28 junio 2013 5 28 /06 /junio /2013 07:21

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Una nueva novela de Irvin D. Yalom es una tentación irresistible. Octavi Serret me invita a escribir sobre ella y en correspondencia le obsequio un ejemplar de la edición sudamericana de "El día que Nietzche lloró", asegurándole "es una de las novelas que debería figurar en el Canon de las novelas del siglo XX". Dicho libro me descubrió a este escritor-psiquiatra norteamericano, profesor de la Universidad de Stanford. Después publicaría "La cura Schopenhauer" que también devoré, ya que comparto con Yalom la fascinación por la filosofía (curiosamente Spinoza, Nietzche y en menos medida Schopenhauer, forman un triunvirato inexcusable para cualquier estudioso de la filosofía). Yalom es un intelectual judío que rebosa la sutileza, cultura y profundidad habituales en los pensadores de su raza y que aplica con habilidad las técnicas y conceptos de la psiquiatría analítica a unos argumentos novelescos interesantes y llenos de dinamismo, sentido de la intriga y fuerza literaria en  el diseño de personajes, diálogos y acción.

Dicho esto, comprenderán que la lectura de la novela "El problema de Spinoza" pasó a primer plano desbancando otros libros en proceso de lectura. Y bien, como sucede alguna vez con casi todos los autores a los que admiramos, en mi opinión esta novela no está a la altura de sus dos precedentes. Hasta me irritaron demasiado las erratas (esos presentes verbales convertidos en pasado por el absurdo añadido de un acento o, pag 293, un "gran error tenerlo hay " --ahí--) por supuesto no imputables al autor sino a la editorial, pero que da una medida a mi decepción, ya que uno por desgracia ya empieza a habituarse al desaliño con el que se publica.

Yalom, que rozó la perfección con su libro sobre Nietzche y llegó a un buen nivel con Schopenhauer, precisamente con Spinoza, el genuino representante de su propia tradición judía en el mundo de la filosofía, no consigue hacerlo un personaje literario creíble. Sin duda la labor es bastante delicada y poco menos que imposible dado el talante del pensador holandés del siglo XVII y lo complejo y oscuro de muchas de sus ideas y textos (que le valieron la excomunión de la comunidad judia de Amsterdam). La imbricación de esos conceptos en la trama, en los diálogos y en los personajes es excelente aunque reiterativa, así como los escasos hechos históricos documentados que existen sobre la vida del filósofo. La trama sigue dos direcciones paralelas, una en el siglo XX, en Alemania, con un jerarca nazi Rosemberg y su amigo psicoanalista Fiedrich Pfister y la otra en tiempo de Spinoza, con su amigo Franco, judío como él, cuyo proceso de cambio está excesivamente forzado por el novelista que lo transforma en un trasunto de Pfister, casi con el mismo estilo de pensar (cosa muy improbable) y de hablar.

El elemento argumental generador de la novela (que el autor confiesa en el prólogo) es un hecho histórico confirmado: tras la ocupación nazi de Holanda en 1940, el encargado del expolio de obras de arte en los territorios sometidos a la cruz gamada, Alfred Rosemberg (que sería juzgado y ahorcado en Nuremberg) haría confiscar los libros y enseres que contenía la casa donde vivió Spinoza, convertida en museo, en el pueblecito de Rijnsburg, cercano a Amsterdam. Los libros de Spinoza no eran los originales --que habian sido subastados para pagar las deudas del filósofo a su muerte-- sino otros volúmenes semejantes publicados en la misma época. Fueron almacenados por los nazis en un depósito de miles de libros incautados improvisado en unas minas de sal en Alemania esperando el final de la guerra. Ahora han vuelto al museo de Spinoza en Rijnsburg. 

Nuestro novelista imagina cúal fue el motivo de ese extraño interés nazi por un pensador judío y lo refleja en su sugestivo análisis psicológico y literario de la personalidad de Rosemberg, un jerarca nazi detestado y despreciado por el resto de los gerifaltes del régimen, incluído Hitler. En un informe real, firmado por Rosemberg, se afirma que esos libros eran "de gran importancia para la investigación del problema de Spinoza". Así que ya tenemos el elemento causal literario que inflamó la creatividad de Yalom, aunque ni en la novela ni en ningún otro sitio sepamos cuál fue tal "problema", por lo menos para los nazis, cuya táctica habitual de tratar los problemas judíos terminaba en la incineración.

Creo que hay un poco de precipitación en el autor de esta novela y en su interés por explicitar todos los elementos de la trama. Hay momentos en que parece que Yalom ha disparado una flecha argumental de gran calado u luego ha ido hacia el lugar donde se ha clavado la flecha y ha pintado una diana a su alrededor. A pesar de la metáfora algo maliciosa, lo cierto es que Yalom conjuga bien sus habilidades como escritor, hombre de ideas y reflexión y profesional de la psicología. Pero no logra convencer a través de sus personajes, ni de las vivencias que nos cuenta. Es como si el exceso de temas y el alcance de su profundidad hubiesen desconcertado al escritor, que nos comunica a través de su texto esa incomodidad.

Baruch --Bento, Benedictus-- Spinoza no acaba de parecernos real a pesar de la enorme aportación de sus ideas, creencias y actitudes (muchas de ellas contradictorias según Yalom). Rosemberg, sin embargo,es analizado con maestría aunque como personaje activo acaba pareciendo poco coherente (interesante la figura de este supuesto ideólogo de los nazis, un sujeto escasamente dotado y un fanático casi patológico: inexplicable su fascinación por Spinoza). Los dos secundarios, el judio Franco y el psiquiatra alemán Pfister, son dos versiones del mismo personaje en épocas distintas, pero ambos están bien fundamentados y son creíbles., aunque uno no puede dejar de pensar que tras ellos, en las sombras, mueve sus hilos nuestro autor y se refleja en ellos.

Por tanto, novela apreciable, pero a un nivel más bajo que las anteriores de este psiquiatra inteligente que aquí ha descuidado un poco la  apariencia externa de la trama --que, en esencia, prefigura la obra literaria--, y no ha podido impedir que las costuras e hilvanes queden a la vista.

 

FICHA

EL PROBLEMA SPINOZA.- Irvin D. Yalom.- Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez.- Ed. Destino.460 págs. 19,50 euros 

     
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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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