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12 septiembre 2013 4 12 /09 /septiembre /2013 07:08

 

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He aquí una película sobresaliente. Debió estrenarse en 2012 pero la coincidencia con  "El cuarteto" de Dustin Hoffman aconsejó que se aplazara, dada la similitud del tema y en el título ("A late Quartet", El cuarteto final). Sin menospreciar en absoluto la cinta del actor norteamericano,  la del desconocido Yaron Zilberman, la supera con ventaja, esta vez no sólo por la labor del director (algo mediocre, aunque quizá era difícil hacer otra cosa dasdas las características de la cinta y los actores) sino sobre todo por los intérpretes y la veracidad, ternura y dramatismo del argumento.

Varias historias y muchos sentimientos se entrecruzan en esta película sobre un cuarteto, "La Fuga", especializado en Beethoven y compuesto por cuatro grandes músicos que han logrado a menudo la gesta de interpretar el Opus 131 en Do sostenido menor tal como el músico alemán exigía, en "attaca", es decir sin detenerse un instante y, por supuesto, sin desafinar. LLevan 25 años tocando juntos en una armonía delicada y compensatoria que sugiere una atención y un trabajo constante para supeditarlo todo a la mejor interpretación posible. Ahora una noticia terrible estremece a los cuatro artistas: el chelista (genial Christopher Walken, uno de los excelsos actores -no divos- del cine mundial) padece Parkinson y debe salir del conjunto. El primer violín, Mark Ivanir (que no desentona en absoluto en un elenco admirable), el segundo, un ambicioso pero reprimido Philip Seymour Hoffman, como siempre a la altura de la excelencia interpretativa, y su mujer y compañera, Catherine Keener, la cálida y sensata viola, que vive estoica pero brillantemente a la sombra de los tres hombres.

La terrible noticia crea un elemento de discordia y tensión en los miembros del grupo que han aceptado la paternal autoridad del chelista como líder y ahora con su desaparición abre una lucha por el poder, abierta y descorazonadora, aunque la exigencia de la música  y de la perfección de los siete movimientos del Opus está en el trasfondo con una carga de temor y desafío.

Pero este drama de un cuarteto de cuerda no deja en ningún momento de atraer la atención y los sentimientos del espectador. Ante la inanidad del cine de consumo, resulta aleccionador ver como una película sencilla, con un argumento relacionado con algo tan especializado como la música clásica, desbanca en el ánimo del espectador toda la pretenciosidad, los efectos especiales, cuanto más aparatosos mejor, y las actuaciones estereotipadas de los divos del llamado 7º arte y de las películas que ahora prevalecen.

Estamos ante una película intimista, con planos medios casi estáticos, con la presencia obsesiva de la música del Opus 131 de Beethoven, mientras los intérpretes nos muestran las complejidades de sus sentimientos, sus rivalidades, su cortesía exigente, su profundo amor a la música, las relaciones que establecen entre ellos; y sobre todo ese palpitar de humanidad, la presencia dolorida, angustiada y paciente de un Walken en estado de gracia. Sobriedad, exigencia actoral y una labor de dirección apacible y respetuosa, sin caer en el sentimentalismo o en la emoción fácil y manipuladora. Ofreciéndonos a la  par la visión completa de unos músicos magistrales que no por ello dejan de ser hombres y mujeres con sus zonas oscuras, donde la envidia, la vanidad, las pasiones ocultas y reprimidas son la amenaza más dura para la supervivencia del hasta ahora modélico cuarteto de cuerda. Claro está, no es una película perfecta, redonda. Hay acotaciones y elementos del guión que son reiterativos o sobran, pero es tanta la calidad del conjunto que esos defectos forman parte aceptable de la propuesta magnífica, como en la cultura zen los objetos son más perfectos cuando aportan algún delicado elemento fallido, pues en ello radica la "humanidad" de la perfección artística.

Verbo y música, diálogo y banda sonora, sentimiento y aspiración, van complementándo y configurando una obra especial que deja al espectador perplejo y admirado. La música tiende a la perfección, la palabra es el elemento subterráneo que da vida a los intérpretes y establece las diferencias. Pero hay que superarlas a fin de poder ofrecer, con la calidad exigida durante 25 años, el concierto de conmemoración del cuarto de siglo de continuo éxito perfeccionista. Y hacia ese punto se dirige el argumento y la película, con un final magistral, aunque esperado.  Película de visión obligada. Incluso para los que aman más a Mozart que a Beethoven. Aquí hablamos de cine en estado puro.

 

 

 

 

 

 

EL ÚLTIMO CONCIERTO

Dirección: Yaron Zilberman.

Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Christopher Walken, Catherine Keener, Mark Ivanir.

Género: drama. EE UU, 2012.

Duración: 105 minutos.

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en cine - teatro - opera
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Comentarios

Francisco Javier Aguirre 09/12/2013 18:28

Estupendo comentario, pero con una corrección técnica: Catherine Keener no toca un tercer violín, sino la viola.

nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 09/13/2013 11:41



Gracias Javier, tienes razón. Corrijo. Un fuerte abrazo


Alberto


 



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