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12 julio 2011 2 12 /07 /julio /2011 19:18

excursiones-4610.jpgLa segunda jornada  senderista andorrana comienza con el país de Nunca Jamás y termina con un fiasco montañero: la pérdida del camino de subida del Pic de la Cabaneta. A las nueve de la mañana llegamos al acceso al Vall del Riu, un lugar poco evidente, situado en plena carretera -casi pista- comarcal de Ordino a Canillo. Se trata inicialmente de un circuito de enseñanza de naturaleza a escolares y turistas, una media hora de sendero muy bien preparado hasta el río y el puente que lo cruza y da via libre al sendero de verdad: más de setecientos metros de desnivel positivo hasta el Estany Gran donde nace el rio que da nombre al valle, con toda simpleza:Riu. E n ese breve lapso de senderismo didáctico se le muestra a los niños con carteles la flora y fauna del lugar en un ambiente de postal montañera, rodeados de flores naturales, montañas, prados y el río cantarino despeñándose ciento y pico metros más abajo por la estrecha garganta que ha ido labrando con  siglos de aguas lanzadas hacia el valle.

Pero a partir del puente hay que ajustarse las botas. Jaime y yo comenzamos una subida empinada que nos hace pasar fatigosamente ante derruidas cabañas o bordas de antiguos pobladores de la zona y se va lanzando hacia arriba buscando espacios libres y montañas lejanas. Una primera hora de subida entre bosques de abetos, pinos negros y algunas encinas y carrascas, por un sendero filamentoso que va haciendo lazadas en prados de hierba peinada por el viento y rocas como lajas, brotes de agua y el sonido de las esquilas del ganado caballar que veremos sobre todo en las alturas, pasados los dos mil metros, cuando ya los arboles dejan espacio a los prados, las extensiones herbosas y los riachuelos que van a nutrir al Riu de las escarpadas montañas que nos rodean.excursiones-4570.jpg

Hay una desviacion a la derecha que lleva a Les Plans y nosotros seguimos hacia arriba por el estrecho sendero que la hierba oculta a veces creando cierta confusión hasta que en lo alto del prado inclinado vemos un poste indicador que nos señala a la izquierda bordeando una casa amplia en la piedra del lugar, cerrada y con un gran prado delimitado por un murete de rocas negras.

Veinte minutos mas tarde, bordeando un pinar que va en brusco descenso hacia el rio, allá al fondo del valle, llegamos a un prado extenso en uno de cuyos extremos está el refugio de la Val del Riu, abierto y bien preparado como casi todos en este pais modelico para montañeros. Un poste indicador situado tras el refugio a la derecha, indica la dirección a seguir: para arriba por la ladera de la montaña hasta llegar a los pedregales de Les Fonts, media hora más tarde. Despues cruzaremos la Pleta de la Cabañeta, bordeando las escarpes esquitosos del Pic de les Fonts (nombre identico al pico que dejamos de subir ayer) por un sendero de inclinación constante que nos hace remontar en escalones del Passos dels Estanys, hasta un collado donde pasta una manada de caballos, abrevando en los cursos de agua que bajan de los Estanys. excursiones-4624.jpg

El sendero, marcas amarillas, nos lleva a la izquierda a superar una tartera de rocas medianas, pizarrosas, que hay que cruzar una y otra vez, en lazadas hasta llegar al lago propiamente dicho: el Estany Gran, de aguas oscuras en las que se reflejan las aristas empinadas del Pic del Estanyó, de casi tres mil metros.

Allí, junto a la orilla, Jaime y yo recuperamos fuerzas: fruta y agua y un rato mirando el cielo nublado en el silencio apenas roto por los lejanos canguilones del ganado que pasta ciento y pico metros mas abajo.

Hemos recorrido un paisaje digno del país de Nunca Jamás. Solo faltan los piratas y los indios. Pero uno mira a su alrededor buscando rastros de los Niños Perdidos o de Peter Pan (yo creo que hay un cierto Peter en el corazón animoso de cualquier montañero, sobre todo de los más maduros).

En todo caso este es un sendero que despierta el amor a la belleza natural, a la paz de las alturas, a ese cansancio optimista que nos cubre con su manto placentero cuando llegamos al punto de origen de la excursión, tras casi siete horas de caminata, descansos incluidos.

El único punto disfórico: ni Jaime ni yo logramos encontrar el sendero de subida al Pic de la Cabaneta (2862 m) con el que debíamos coronar la excursión. Ni señales, ni fitas. El mapa marcaba una linea que no sabiamos ver. Siguiendo sus indicaciones nos encontramos en una subida empinada, sin señales que nos llevaba a un collado desde donde veíamos cerca pero muy lejanos los picos de Estanyo y el de la Cabaneta, pero sin acceso visible. Frustrados nos volvimos al estany y de allí, a la bajada (unas dos horas y media), regalándonos un reconfortante y helado baño de pies junto al puente de inicio.

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