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21 junio 2013 5 21 /06 /junio /2013 07:10

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Basada en la obra de teatro del madrileño Juan Mayorga, "El chico de la última fila", de la que hace una  recreación casi en forma de thriller, el director francés François Ozon, (El tiempo que nos queda, Potiche, Jeune & Jolie),  realiza con "En la casa" un filme intranquilizador, obsesivo, áspero, que crea en el espectador una sensación incómoda pero fascinadora.

Apoyándose sobre todo en Fabrice Luchini, como Germain, el frustrado profesor de lengua en un instituto francés de enseñanza media y en Ernst Umhauer (un auténtico hallazgo) Claude, un prometedor alumno de literatura, Ozon nos relata la compleijdad de una relación morbosa casi patológica entre profesor y alumno. Pero que nadie piense en el socorrido elemento sexual: la complejidad de la relación entre un profesor descontento con su trabajo, aburrido de la mediocridad de sus alumnos ( y frustrado escritor) y el joven y prometedor alumno dotado para la narración que utiliza medios poco habituales, peligrosos e inmorales para lograr realizar su trabajo, lleva el nudo narrativo a una cuestión ética profunda, habilmente manipulada por el muchacho, que revela una capacidad innata para el mal.

El filme se llevó con todo merecimiento la Concha de Oro a la mejor película en el ultimo festival de San Sebastián. y el premio del Jurado al mejor guión. La soberbia metamorfosis de una supuesta comedia ligera e irónica sobre el poder de la literatura, las carencias de la enseñanza, los deseos de genialidad siempre frustrados, la defensa de la individualidad, las frustraciones de los letraheridos...se convierte poco a poco en un drama profundo y lleno de suspense en el que todo se trastoca y los errores y los excesos se encadenan hacia un final dramático y lacerante, donde se propone una tentación amoral, una obsesión voyeurista en la que la dignidad ya no tiene sentido.

Y asi se corona el juego perverso, metaliterario, que Ozon propone a sus espectadores, de una forma incómoda pero eficaz. Rodeado de grandes actores, Luchini (siempre excelente), Kristin Scott Thomas o Emmanuelle Seigner como objeto del deseo, Ernst Umahuer elsel auténtico rey de la función, sociópata con aires de àngel y miradas y sonrisas de demonio, un chico joven que tiene el aspecto y las maneras de ese vecino tan majo y educado que muchos hemos conocido.

Quizá se le ha ido la mano a Ozón en el final, con la reacción de Kristin Scott, tan excesiva que deja asombrado al espectador. El deseo y su ley es el motor que mueve a casi todos los personajes, pero no de una forma clara, sino matizada y a veces ligeramente perversa o inaceptable. Tal vez con la excepción importante de Claude, el joven mirón, que busca entrometerse en la vida del otro hasta casi sustituirlo: y aquí se precibe más bien una brutal carencia afectiva y emocional, que no justifica la desviada conducta del chico pero nos permite comprenderla. 

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en cine - teatro - opera
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