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11 enero 2013 5 11 /01 /enero /2013 08:10

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Nuevo poemario del poeta Carlos Nadal, periodista de "La Vanguardia" y amigo personal de quien esto firma. O más que amigo, hermano del alma y mi mentor en el mundo de las letras y el pensamiento. Fallecido en los primeros días de 2010, dejó una obra inédita, principalmente poética, de una calidad extraordinaria, realizada durante decenios en el más absoluto secreto y discreción. Contadas personas sabían que más allá de sus magistrales artículos sobre política internacional, existía una ingente gavilla de poemas resplandecientes y también oscuros donde latía una sensibilidad poética fuera de lo común y una inteligencia afilada, un humanismo esencial y una visión desencantada pero lúcida de los asuntos más profundos de la psique, desde el amor al miedo, desde la belleza hasta la frustración y el dolor, desde la palabra insuficiente al clamor del silencio y a la muerte como presencia y como exigencia. Su esposa, María Dolores, se ha ocupado de la ingente labor de seleccionar y publicar una pequeña parte de la enorme obra de este poeta secreto. Este es el segundo libro que rompe la ambición de silencio que Carlos mantuvo durante su vida y los lectores lo agradecemos.

Conozco los poemas de Carlos desde hace años y en ellos siempre obtuve la certeza y la sensibilidad de una voz que susurraba, sin estridencias, lejos del grito, el paso de los días, la amargura del ser y el estar, la alegría de lo simple y lo bello, la busca de un sentido. Era una voz que surgía de lo más hondo y se disolvía, humilde, antes de sobrepasar la cárcel de los labios cerrados. Un poeta con cosas que decir, mundos que mostrar, silencios elocuentes y miradas de inteligencia y compasión. Maestro de la palabra y de la callada sabiduría ("morirá conmigo lo único veraz//el círculo cerrado del silencio"), generoso con su atención y su tiempo, Carlos Nadal, explora en las tres colecciones que integran el libro, "El tiempo cierra sus ventanas", "La mano que te vistió" y "Diario de amor en la obscuridad" sus obsesiones y los elementos de la inteligencia, la sensualidad y el amor con los que transitaba por una vida cotidiana limitada por su "mala salud de hierro".

Su poesía transita por constantes y variables muy definidas en el conjunto de la obra: las referencias a las manos ("las manos quietas, libres//sin tiempo al que dar vida//por fin, solo suyas") y su horfandad, conexión sensitiva entre el poeta y el mundo que le rodea, le acoge o le rechaza, le provoca alegría o temor; por el tiempo ("la turbia penetración del tiempo"), el gran tema, el inabordable gotear de la clepsidra donde se agota la vida; por el silencio ("La voz que no habla//es la más temida// porque no hay como acallarla"), que es destino, camino y mensaje; por las palabras ("que amansan y destruyen//antes de verse sorprendidas//en lo que ocultan ser: silencio"), la herramienta del alma, las pálidas y nunca inofensivas palabras con las que ensayamos la duplicidad y el desconcierto; la imagen y esencia del árbol, un significante que nos hermana con todo aquello que nos sostiene en definitiva, materia hecha de silencio forma deseada por el poeta que ansía convertirse en tronco vivificado, en savia profunda o en ramas y hojas ansiosas de sol y viento ("Quisiera haber nacido // con paciente gozo de árbol"); y, en fin, en las simples, humildes, cosas,("modesta aceptación de la apariencia//de ser algo siendo nada") esas presencias mudas y entrañables en las que el poeta cifra el testigo de su realidad propia, tantas veces cuestionada por sí mismo...

Desde la metafísica ("A veces el cuerpo tiene un don//asume su breve trasparencia") a la sensualidad amorosa ("si busco en tu humedal// es porque sé quién eres en secreto"), al sentimentalismo decoroso a la compañera de siempre ("abrazarse, ahogarse//trece años de amor"), sueños de soledad, mujeres de ensueño, juegos de piel y sexo, amistad y soledad, reflexión acongojada sobre el sentido de existir ("Anudarse la corbata//es ponerse cada día//el rostro que no toca"), la enfermedad como aprendizaje...Carlos va desgranando las cuentas del rosario de la vida y de la muerte ("sonámbulo descarriado//que vuelve a por sí mismo"), traspasado por la duda de un sentido y la certeza, casi mística, en que lo esencial, lo más profundo, está en la piel ("cuerpo mío, caritativo, atento, bueno") y la mirada del hombre.

Y se despide de la vida con la entereza del poeta, "lo que te digo en voz baja//sólo a ti va dirigido//pobre cuerpo mío//para cuando quedes //abandonado a tu suerte". Este poema fue escrito en el verano de 2009, unos meses antes de emprender su último viaje.

 

FICHA:

EN VOZ BAJA.-Carlos Nadal Gaya.-Editorial Milenio. Lleida 2012.- 206 págs.

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