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22 abril 2015 3 22 /04 /abril /2015 07:10

 

De Margarethe Von Trotta vimos recientemente una excelente película sobre la mistica y poetisa alemana medieval Hildegarda. Y ahora, con idéntico brío y seriedad encara un biopic bastante sólido , aunque con algunas deficiencias formales que luego explicitaré, sobre la pensadora y escritora judeo alemana Hannah Arendt  concentrándose en el episodio de la asistencia de la Arendt al juicio que los israelíes celebran contra el nazi Adolf Eichmann,en 1961, al cual el Mosad había secuestrado en Buenos Aires. Arendt asiste al juicio en Jerusalén por encargo del "The New Yorker". La Von Trotta va alternando los prolegómenos personales de Hannah que vive exiliada en Nueva York con su marido Heinrich, profesor de Universidad como ella, su visita a Israel para asistir al juicio y verios flash back sobre su juventud cuando mantiene una relación con el filósofo filonazi Heiddeger. Después nos narra la brutal reacción en Israel y en Nueva York (donde el poder judio es notable) contra los artículos publicados y su intención de convertirlos en libro.Una gran cantidad de israelíes y judíos norteamericanos junto a la incomprensión en una buena parte de la intelectualidad simpatizante con los judíos, la consideran una defensora de Eichmann. La creadora del concepto de la "banalidad del mal" apenas se defiendo disgustada y asombrada por la falta de rigor intelectual de los ataques, sin valorar su trayectoria personal e intelectual posicionada como un rechazo total a los totalitarismos sean de la clase que sea, desde la cruz gamada a la bandera roja. o los  fascismos europeos.

La película nos muestra el carácter indomable de Arendt, sus principios  irreductibles y su honestidad intelectual, sin dejarse amilanar por las presiones o los pensamientos acomodaticios. Pero, y aqui estáq el defecto citado, la Von Trotta da por supuestas demasiados detalles de la vida y obra de Hanna A. que sólo los que están muy informados conocen al dedillo. El caso es que esa confusión y falta de información desconcierta al espectador por mucho que la figura de la filósofa le seduzca. El alcance y los detalles básicos de su vida personal, la identidad de algunos de sus amigos, notables personalidades intelectuales que  merecían una identificación clara y ciertos detalles relativos a su relación con Heiddeger o con otro grande de la época, Karl Jaspers. Entiendo que no se puede ser exhaustivo con una vida como la de Hanna Arendt, pero tampoco incoherente.

Respecto al juicio, lo que provoó la ira de los israelíes y judíoa es que no hay demonización previa del nazi encausado en los artículos (que es lo que esperaban todos sus críticos) ni aceptación de la legalidad de un juicio lleno de irregularidades jurídicas y éticas, sino la sorprendente constastación de la burocracia del personaje y de su convicción de que simplemente era un buen alemán que cumplía con las ordenes del régimen vigente y sus leyes. La Arendt carga contra la sociedad y los modos sociales que permiten semejante aberración, más que contra el individuo en sí. Y esa honestidad de análisis crítico--que hacía extensivo a organizaciones sociales y partidos politicos y también a los líderes de la comunidad judía durante la guerra (asunto que sería la razón de la violencia que generó Hanna en su contra)-- estaba condenado a ser rechazado aunque con la prueba del tiempo se ha visto que sus ideas y su planteamiento eran los más adecuados y éticos, por muy políticamente incorrectos que fuesen en los años sesenta. con la guerra y el Holocausto aún muy presentes.

Una figura tan conrtrovertida e intelectualmente sólida necesitaba de una intérprete adecuada y Barbara Sukova nos ofrece una imagen magnífica  de la pensadora, realmente plausible e hipnótica. Pero, insisto,  como película que trata un tema difícil y complejo, el resultado es irregular. La fuerza de la Sukova y el magnetismo del asunto atraen al espectador informado, puede interesar al que no lo es tanto y en cualquier caso deja un agradable sabor a un tema en que se debería ahondar. Leer a la Arendt, por ejemplo su magnifico libro sobre los totalitarismos, debería ser la consecuencia directa del visionado de esta película que, como suele sucederle a la Von Trotta, intenta decir tantas cosas que algunas se pierden en el intento (cosa que fustiga el interés documental de quienes se enreden con la trama). La naturaleza del mal, prototema de la película, es un asunto tan profundo que, por fuerza, el filme deja una sensación de inacabado, de banal en algunos momentos (la relación amorosa de Heiddeger con su joven y bella alumna judía), de irritación por todo lo que no se nos dice o sólo se roza (es imposible resumir en menos de dos horas toda esta historia en la que las ideas tienen un profundo papel). Al menos la película nos exige algo muy claro: la necesidad de pensar, de hacerse preguntas y no aceptar los pensamientos-baúl que acuña las modas y la comodidad. Es decir, el legado honesto y combativo de la Arendt.hannah-arendt-cartel.jpg

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