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24 noviembre 2011 4 24 /11 /noviembre /2011 10:34

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La sombra del "1984" de Orwell es alargada. Desde "Matrix"  o "Melancolía" al autor de "Kafka en la orilla" o "Tokio Blues", Haruki Murakami, una de las voces más originales de la narrativa japonesa del siglo. Este autor, premiado en España, publicó este año en Tusquets Editores, colección Andanzas, "1Q84, (Libros 1 y 2)", una novela que exhibe un juego inicial significativo desde el título, ya que Q y "9" se pronuncian igual en japonés (kyü), donde se nos avisa que nada es lo que parece y que la singularidad de la vida cotidiana japonesa en esa década a través de dos personajes complementarios, Aomame y Tengo, puede ser y de hecho es manipulada y cambiada por unas instancias misteriosas con gran poder, el Little People. Las alteraciones de la cotidianidad van salpicando las intrigantes y sugestivas páginas de esta novela, un extraño híbrido entre realismo y ciencia ficción, tan hipnótica como las realidades paralelas que sugiere. La novela fue publicada en japonés en 2009. Ahora acaba de salir la última parte de esta novela (libro 3), de la que ya hablaremos otro dia.

 Murakami es un autor que crea una suerte de adicción. Son muchos los lectores fieles a este sujeto amable y enigmático que entró en la literatura ya siendo un hombre maduro (regentó una tienda de discos y un bar de jazz) y que va haciendo escuela sin dejar de mantener una orgullosa individualidad y una modestia ejemplar.A pesar de ello Murakami crea una fuerte controversia en torno a su figura. No sólo en Japón (donde es minusvalorado por su éxito en occidente y considerado un escritor pop) sino en Europa y Estados Unidos donde muchos le consideran un clásico de nuestros días y otros, igualmente numerosos, un artesano de libros para adolescentes. 

A mi entender Murakami tiene la solidez y la inventiva original de un gran escritor. En esta novela, que transcurre en 1984, sus dos personajes principales, Tengo, un matemático que da clases en una academia y escribe novelas sin publicar y Aomane, una instructora de artes marciales y masajista genial que es en realidad una asesina a sueldo de hombres malvados, van turnándose en una acción compleja con numerosos saltos al pasado de cada uno de ellos. En un momento dado los dos, cada uno por su lado, (no se han vuelto a ver desde la infacia pero atesoran un romántico amor indeleble) entran, o les hacen entrar, en un mundo opcional, 1Q84, en el que habran de enfrentarse --cada uno con sus caracteristicas personales y profesionales-- al misterioso Little People, uno como "negro" de una escritora juvenil que ha revelado al mundo la existencia de la Little People y la otra como asesina.

Komatsu, el editor de Tengo y Fukaeri, la chica peculiar que ha escrito el libro "La crisálida del aire" objeto de la alarma y los ataques de los poderosos "Litle People", son dos creaciones magníficas inmersas en una acción intensa y desconcertante, en la que el pasado de los personajes principales va creando, como las piezas de un puzzle, con sus acciones presentes, el entramado literario de una enorme fuerza de enganche. Desde la primera página el efecto hipnotizante está garantizado. El propio absurdo del argumento, que juega con la lógica empleando una lógica superior, es como un sugestivo motivo musical que te lleva en volandas a devorar página tras página. Uno percibe el sustrato filosófico que alienta en toda la novela, la dualidad fundamental de la creación y la destrucción, las dos caras del dios japonés que simboliza la vida, un ciclo permanente que oscila entre los dos opuestos, como los personajes de la trama.

No se dejen engañar por la propuesta literaria, no se trata de un best seller de buenos y malos, de violencia de género (mal nombre para los maltratos de pareja) ni siquiera de un amor que roza las estrellas, ni un romanticismo trufado de muerte y sexo, ni un alegato contra el supermercado espiritual y las organizaciones fanáticas (como "Vanguardia", la misteriosa institución que parece el nexo de unión con la Little People), no se dejen engañar porque es todo eso y además uno de los ejercicios literarios más evocador de la naturaleza de la realidad que vivimos, pero estamos lejos de conocer (un guiño al mito platónico de la Caverna, referencia lógica si sabemos que Murakami estudio literatura y filosofía clásicas).

No les puedo, no debo, mostrarles más claves de lectura. Deben entrar en el libro sin paracaidas, sin demasiadas pistas, bajando la guardia y dejándose embrujar por este escritor magnífico que ha llevado al extremo el simbolismo crítico de Orwell, adecuándolo a nuestra época.

Leer este libro, actividad a la que he dedicado una semana (más de 700 páginas) me ha provocado la sensación que tenía cuando niño y miraba por uno de esos tubos rellenos de cristales de colores y con un extremo cubierto por un cristal traslúcido en el que un movimiento de muñeca cuando mirabas a través de él producía, en un par de espejos colocados en su interior, cambios geométricos fascinantes, de un colorido y una perfección intrigantes. Eso ocurre con esta novela donde el avance de la lectura va provocando cambios que rompen la estructura una y otra vez. Una estructura donde los temas capitales, la violencia, el amor, la religión, el fanatismo, el terrorismo (referencias a los ataques de una secta religiosa con gas sarin en el metro de Tokio)  o la política, se entretejen con el misterio de la realidad --o "realidades" --y de la vida.

A pesar de su complejidad, no hay confusión en la narración. Tanto las ideas, como los conceptos, como la acción, van hilvanando con el inconfundible estilo realista de Murakami un tejido coherente, incluso cuando éste está siendo cambiado con más persistencia que la tela de Penélope. Entre reiteraciones casi didácticas de algunos elementos de la trama, el cuidadoso detalle narrativo de decirnos cómo visten los personajes, qué comen o beben, la persistencia simbólica de la "Sinfonietta" de Leos Janacek, las dos Lunas que aparecen cuando los personajes entran en esa suerte de mundo coaxial que es 1Q84, el poder controlador de Little People, cuya naturaleza desconocemos, y en el fondo de todo, el poder de la palabra, de la creación literaria, que recuerda el poder del protagonista de "Corazón de tinta", forman el entramado de esta novela, donde las referencias, nada ornamentales, a Chejov y a la isla de Sajalin dan una dimensión profunda y enigmática a la lectura. Y, por supuesto, nos impele a reflexionar sobre la responsabilidad del escritor, del creador literario

Y como en las grandes historias, esta no acaba con este libro. Ya sabemos que Murakami le da UN FINAL POSIBLE, entre todos los que son probables, en el tercer libro de su "1Q84". Pero eso lo dejamos para otro día..

 

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