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1 marzo 2012 4 01 /03 /marzo /2012 08:59

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En fin, ¿quien puede pedir más? Se trata de Martin Scorsese, el genial director de "Uno de los nuestros" o "Taxi Driver" entre otras joyas del cine. Por tanto, sin duda, un hombre que ama el cine. No solo vive de él, y seguramente muy bien, sino que lo conoce, lo respeta y lo ama. Y la prueba, por si era necesario algun tipo de prueba, es esta película "La invención de Hugo" que Scorsese adapta de la novela de Brian Selznick, la rueda en el sistema 3D, al fin convirtiéndolo en algo mas que un recurso de atracción para adolescentes, de alguna manera ennobleciendo el sistema y dándole a partir de esta película carta de naturaleza y, en fin, consigue un filme que es una declaración de amor al cine. A pesar de mi admiración por "The Artist" y mi convicción de sus merecimientos para llevarse los Oscar, "Hugo" es una película que entrará sin duda en la lista de las más grandes, 170 millones de dolares de presupuesto cuyo uso brilla hasta el ultimo centavo (cosa nada habitual en las superproducciones de Hollywood). Se ha llevado cinco Oscar pero todos en el apartado técnico.

Hugo (Asa Butterfield) es un niño huérfano que vive en las entrañas de la estación de tren de Paris, cuidando en secreto de la buena marcha y exactitud de los grandes relojes de la estación (labor que ha heredado de su tío, un borrachin que aparece ahogado en el Sena, tras hacerse cargo de él por la muerte de su padre).

La secuencia inicial, con el larguísimo y fascinante travelling desde la vista panorámica de un Paris de principios de siglo XX, tras un vertiginoso viaje pleno de detalles yendo a enfocar los ojos del muchacho que miran por un agujero del horario del reloj, es de una originalidad y perfección técnica asombrosas.

Todo este complejo y superramificado cuento sobre el tiempo (los relojes son omnipresentes en la película, en la que se glosa el paso del tiempo a través del cine desde los hermanos Lumiere hasta Melies, el verdadero protagonista de la película) tiene momentos de una embrujadora magia, así el estropeado autómata que escribe, que dejó el padre del niño (Jude Law)sin arreglar, hasta la recreación de las películas de Melies o los episodios laterales que emanan de la humanidad que pasa o trabaja por la gran estación (ojo al policía uniformado encarnado por un Baron Sacha Cohen, demasiado histriónico pero inquietante) y a la historia de amor de los dos personajes maduros separados por el perrito de ella, la dueña del café y el quiosquero o entre el guardia de pierna metálica --un gag que se repite en la historia del cine-- y la florista.

Los guiños enamorados que se permite Scorsese con todas sus referencias al cine y a su historia es un placer continuado para los espectadores, no sólo para los conocedores, sino para los que empiezan a amar el cine. La maquinaria generadora de los sueños, como la llama Melies (encarnado brillantemente y con gran dignidad por Ben Kingsley) funciona en Scorsese de una forma magistral a pesar de los saltos y lentitudes ocasionales de un ritmo que tiene la consistencia caprichosa de los sueños, precisamente.

Banda sonora de primer nivel (Howard Shore), a mi parecer mas original y perfecta que la de "The artist" que la desbancó en los Oscar y una dirección artística clamorosa, con secuencias que cualquier cinéfilo paladeará como una esquisitez: así la relación entre el guardia citado y el niño, un trasunto evidente de la relación de algunos niños con Charlot en muchas de sus peliculas (ver "El niño"--The kid--, sin ir más lejos) o la recreación de aquella imagen inaugural del cine con el tren entrando en la estación de la villa de Ciotat, made in hermanos Lumiere.

Añádase a todo ello algunos regalos como la interpretación del gran Christopher Lee, en el papel del librero, que presta libros clásicos a la chica protagonista y regala un libro de Dumas al joven Hugo.

En esencia, un homenaje al cine en la persona de uno de sus pioneros, el gran Georges Melies, uno de los olvidados, al que sólo directores como David W. Griffith ("El nacimiento de una nación") o Georges Franju ("Le grand Melies" 1952) recordaron con admiración y respeto. Y de entonces ahora, casi nadie excepto Scorsese.

Honestidad, brillantez, nostalgia en su punto, sentido del humor (no comicidad), poesía, dos toques de Dickens, actores muy sobrados, Asa Butterfield, Chlöe Grace Moretz (los dos niños que llevan el peso de la película, de una forma muy convincente y a veces enternecedora) Kingsley, Lee, el mismo Sacha Baron,bastante sujeto por la brida del director, gracias a Dios, que lo deja en un personaje bastante patético con algun inesperado brote de ternura.

En cualquier caso "La invención de Hugo" es una gran película, no una obra maestra, pero si un filme para recordar y revisitar de vez en cuando. Un regalo para los amantes del cine, realizado por un cinéfilo de primer orden, autor de unos cuantos títulos que ningún  amante del cine ha dejado de ver.

 

 

 

 

 

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