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22 junio 2011 3 22 /06 /junio /2011 16:48

incendies-pic-b.jpgLa podía haber escrito Esquilo, o Sófocles o Eurípides...o Teeneesse Williams. Pero no, es la obra de un dramaturgo canadiense de origen libanés llamado Wajdi Mouawad. Aunque no se trata de teatro filmado, sino de cine puro y de una calidad tal que eleva el listón de las mejores películas del año. Dirigida por el director canadiense Denis Villeneuve, "Incendies" es cine denso, profundamente humano, trágico sin estridencias ni truculencias, realista, austero, con una cámara que pasa del movimiento sincopado de un reportaje de guerra a la morosidad y delicadeza, a la sensibilidad fílmica de un Bergson.

La historia nos la cuentan con una estructura de capitulos centrados en los protagonistas y un encadenamiento alternado de pasado y presente que va hilándose entre sí con la perfección de un tapiz que sólo al final nos permitirá tener la visión de conjunto de una historia llena de sangre, odio, dolor, perdón, sufrimiento, amor e indignación.

La historia comienza con la muerte en Canadá,  de Nawal, una extraordinaria Lubna Azabal, que fallece tras un episodio ignorado que la deja catatónica y ocurre en una piscina pública. La historia nos mostrará al final el porqué de ese episodio y esa muerte, cerrando con un broche trágico e inesperado un drama angustioso pero austero y contenido que deja al espectador amarrado a su asiento durante más de dos horas.

Pues bien, Nawal deja a sus dos hijos gemelos, Jeanne (magnífica Melissa Desromeaux-Poulin) y su hermano Simon (Maxim Gaudette, muy por detras de las dos actrices), el encargo testamentario de entregar dos cartas, una al padre desaparecido y la otra a un hermano de quien jamas habian sabido su existencia. Para ello deberán ir a Líbano (aunque nunca se nos dice dónde se centra la acción) aún lleno de cicatrices tras la guerra civil que enfrentó a cristianos y musulmanes y las posteriores  en las que intervinieron todos los piases que invadieron Libano, empezando por los sirios.

Los diferentes capitulos nos van mostrando la vida de Nawal, obligada a abandonar su aldea tras tener un hijo ilegítimo y su pesadilla personal en el país sometido a una de las últimas guerras fanáticas de religión, con asesinatos, barbarie, venganzas y atrocidades por ambos lados.

Sin embargo es preferible que no ahondemos más en la trama. Esta película se merece la máxima discreción. El perfecto guión, del mismo director, va desgranando la auténtica valía de Nawal, su terrible via crucis personal a la busca del hijo perdido y la camara nos ofrece unas imagenes de una crudeza y crueldad insólitas pero con una contención y una  serenidad que hace apreciar al espectador el horror que ve, sin obligarle a desviar la vista.

La historia de "la mujer que canta" (para no escuchar los gritos de otras mujeres torturadas en la cárcel, sólo por ser cristianas o musulmanas, que mas da, por ser amigas de otros o enemigas o indiferentes: hay quien escribió que las guerras son siempre más crueles para con las mujeres) y su historia de entereza y valor se nos cuenta con precisión de entomólogo, dejando al espectador que se conmueva sin acritud, sin cargar las tintas, con una camara que parece empequeñecerse para no mostrar mas de lo necesario. En la paciente y magnifica  búsqueda e investigación los gemelos descubren que...bien, no les digo más.

Sólo que logran cumplir el último deseo de su madre, encontrar al padre desaparecido y al hermano ignorado. Y con ello, como dice Nawal, "se rompe el hilo de la ira" y se deja entrar al perdón y al amor.

Gran película.

  

 

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