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9 mayo 2013 4 09 /05 /mayo /2013 09:11

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 Para hablarles con conocimiento de causa de esta tercera entrega de la franquicia "Iron Man", he visionado la primera de todas, dirigida por Jon Favreau y he constatado algo que suele suceder en el cine: segundas y terceras partes no son tan buenas. Siempre hay excepciones, claro está: en "El Padrino", la segunda supera a las otras dos y hay un descenso de fuerza de la primera a la tercera. Pero en "El señor de los anillos", las tres partes mantenían una fuerza semejante mientras en "El hobbit" todo se va al traste y aparece con claridad el impulso mercantilista de Jackson que es lo que impulsa esta trilogía (seguramente también la anterior, pero en esta no la enmascara la calidad cinematográfica).

En fin, aclaremos el mensaje: "Iron Man 3" pierde el equilibrio magnífico que en la primera justificaba acción y emoción, dinamismo y humor, imaginación y vigor para hacer que los héroes de Marvel, cientos de historias ilustradas, sean "remasterizados" por el cine, ganando en el cambio.

El divertido y prepotente millonario de corazón de cristal nuclear y vistoso cuerpo de bruñido acero, Tony Stark, nos muestra la génesis de su conversión esquizoide en dos personajes en una sola persona, como el también millonario alter ego de Batman o el mítico "Zorro", ridículo y superficial, incluso cobarde y rimorato en su aspecto "normal" y desfacedor de entuertos generoso y osado con su vestimenta de héroe.

Nuevamemnte Robert Downey Jr. se hace con el personaje y nos lo hace simpático y atractivo, aunque yo comienzo a no distnguir muy bien las diferencias que hay , por ejemplo, entre el Tony Stark de Downey Jr. y su caracterización de Sherlock Holmes. Pero dejando al margen ese detalle, lo cierto es que la tercera entrega de Iron Man se muestra algo coja, reiterativa y previsible. El "malo" de turno es un personaje del pasado de Tony Stark, humillado por éste y que busca venganza casi edípica contra el millonario. Menos atractiva que en "Los vengadores" una cinta coral de héroes en el que Iron Man es uno más, pero tiene una potencia cercana a su primera aparición. Esa fuerza queda sustancialmente disminuida en la tercera parte, casi tan olvidable como la segunda. Gwyneth Paltrow y Don Cheadle repiten papel, aunque la primera, la incondicional secretaria, tiene una relación paradójica con el héroe,  que uno no acaba de entender (ni siquiera los actores parecen entender lo que les exige el guión).

Hay novedades claro está, pero son de relleno, aunque vistosas. Por ejemplo la mejora de la armadura, que ahora se coloca a sí misma en el cuerpo del héroe y obedece a simples ordenes mentales. Personalmente me gustan más las escasas novedades argumentales, más sutiles y menos perceptibles. Así, el derroche de humor e ironía en el tono casi psicoanalítico con el que se nos muestran los ataques de pánico, ansiedad e inseguridad del héroe, que lo humanizan y nos lo acerca empáticamente. Una vez más, lógico en estas películas de género, prima el aspecto circense y aparatoso de la imagen (la batalla final de monstruos de acero en grupos es confusa y algo ridícula). Aunque incluso esto queda disculpado en cierta manera por el final, que no desvelamos al lector pero que redunda en torno al psicoanálisis.

Shane Black es el director de esta tercera entrega y se ha mostrado con humor e ironía respecto al héroe pero incapaz de evitar o controlar las explosiones (en sentido real y figurado) de argumento e imágenes, fuegos artificiales de cara al gran público palomitero.

La aparición de otro supermuñeco de acero, Iron Patriot, pilotado por el amigo militar de Stark, el coronel Rhodes y el recargo en las tintas azules y blancas de la bandera estrellada y el patrioterismo tópico norteamericano hacen un torcido favor a la película. Un acierto notable es el "malo" de la función, un histriónico Ben Kingsley, que da vida al "Mandarín", el monarca absoluto de los terroristas tipo Bin Laden, con secuencias que banalizan un poco el horror real que tanto hemos visto y buscan la justificación moral de la respuesta violenta.

Hay más suspense en un telefilme de "Perdidos" o de "Erase una vez" que en esta producción de millones de dólares, donde todo es absolutamente previsible y uno no pestañea ante los apuros del héroe, de la damisela o del presidente de la nación, ya que, ave fenix de mil destrucciones, Iron Man regresa siempre, más brillante y letal que la vez anterior y el malo pagará con lu vida sus fechorías. Un poco deudora de "Los vengadores", la película de Black cumple su cometido: será -es- un exito de taquilla y abonará un poco más la fama y el carisma del resucitado Rober Downey Jr., simpático, descarado y oportunista que parece reirse un poco de sí mismo y un mucho del mismo héroe que encarna (y ahí estriba su indudable gancho interpretativo).

Excelente diseño de producción como cabe esperar del dineral invertido y de la cada vez más eficaz industria de los efectos especiales (impresionantes la destrucción de la residencia de Stark, el ataque al Air Force 1 y la ya citada batalla final, ésta un poco excesiva). En resumen, "Iron Man 3" es una película para no pensar, dejar en suspenso el sentido crítico y rodearse de palomitas y un buen refresco.

 

    

 

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