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7 junio 2014 6 07 /06 /junio /2014 08:37

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Enrique Vila-Matas, como Javier Marías, comparten una característica: son escritores egoicos, es decir aquellos narradores que parten de sí mismos, se convierten en personajes y protagonistas de una eterna novela que toma a través del tiempo diversas vestiduras pero que esencialmente pertenecen a un solo y gigantesco libro con distintos volúmenes: los avatares, incidentes y aventuras externas y los pensamientos, reflexiones y estructuras mentales de ellos mismos a través del tiempo progresivo de su propia vida hecha literatura. Pero lo que en Marías es afán de trascendencia, experimentación intelectual y proyección del saber y de la propia importancia literaria, en el catalán Vila Matas es sentido del humor, una cierta perplejidad  cachonda y proyección gozosa de la inanidad de sí mismo en un mundo sin demasiado sentido, todo bajo la mirada irónica y el hacer juguetón de un tipo que a pesar de ciertas vanidades pequeñas sigue una trayectoria de sarcástica lucidez, repartiendo mandoblazos críticos la mar de saludables en torno suyo. Eso sí  sin dogmatismo y con una estoica calada en el absurdo de la existencia.

Por ejemplo, desde Huston a Hitchcock, pasando por todos los directores que ofrecen un pretexto para iniciar una escena o una historia y luego se olvidan de él en el desarrollo de la trama, en el cine se ha  hecho justamente famoso el "mcguffin". Un aficionado al cine como Enrique Vila-Matas hace un doblete ingenioso con el "mcguffin": empieza su novela explicándonos qué es un "mcguffin" y de hecho lo convierte en el pretexto literario con el que comienza la historia autoreferencial (como casi todas las suyas) que el lector se dispone a leer, y durante la narración va usándo los mcguffin indiscriminadamente convirtiéndolo de hecho en una actuación absurda que trata de adornar la acción sembrando el desconcierto y el humor en torno suyo. De hecho, toda la novela es un divertido mcguffin en el que Vila Matas nos describe la aventura interior de deambular como escritor invitado, convertido él mismo en una parte o instalación artística de la feria de arte vanguardista llamada Documenta que cada cierto tiempo se realiza en la ciudad alemana de Kassel.

Definida por su propio autor como "reportaje novelado" (otro mcguffin), la novela es, en esencia, un festivo juego autoincriminatorio, por asi decirlo, en el que Vila Matas nos abre una ventanita juguetona en su propia mente y nos narra la divertida aventura de ser él mismo y los diversos personajes que se va inventando sobre la marcha, metido como un virus mordaz y reticente, en el transcurso de una semana de la Documenta del pasado año en Kassel, interactuando con  los -las- miembros reales del staff de la institución organizadora, el paisaje urbano de Kassel y las instalaciones artísticas de los diversos participantes --también reales-- ofreciéndonos no sólo un recorrido por el arte de vanguardia que allí se muestra, sino por el ameno y gozoso transcurrir neurótico del protagonista, el propio Vila Matas, sujeto a los vaivenes de sus estados de ánimo casi bipolares o sus desdoblamientos literarios descacharrantes.

Jugosamente literaria, esta anécdota artística se convierte en una deliciosa mirada humorística sobre sí mismo, sus manías y sus filias, con páginas que no desmerecen del confeso y admirado homenaje a Jonathan Swift o, y aqui no se le cita pero está presente, el caballero Tristham Sandy. Pero esa mirada plena de humor y critica compasiva --empezando por sí mismo, lo que la hace más sana-- no le impide repartir sartenazos a diestro y siniestro, como cuando clama por la decadencia de Europa ("un relato de fantasmas") la instrumentalización del horror nazi, o la detestable y veergonzante incuria de los políticos, ya sean europeos, españoles o catalanes.

Quizá sea esa referencia lúcida y de rechazo la que imprime a la mirada del autor una profundidad de campo que trasciende el mensaje humoristico y lo convierte en una análisis pesimista del mundo en que vivimos, donde solo la boutade o el mcguffin permiten sobrevivir con cierta dignidad.

El viaje que propone Vila Matas resulta brillante y está lleno de momentos rutilantes aunque peca un poco del exceso grafómano de este autor tremendamehte simpático y seductor. Sus guiños al lector "entendido" son constantes e incluso, disfrazadas de mcguffins, el sentido común liberador y la franca mirada de un escritor libre, nos hacen pensar en las divertidas e inteligentes e irónicas dobleces sobre la propia materia del relato: la vanguardia artística, "obras de arte arriesgadas que carecerían de sentido si no contuvieran el fracaso en su propia esencia" y que provocan que el escritor acaba no entendiendo nada y con ello comience a entenderlo todo.

La anécdota esencial de la novela, Vila-Matas invitado durante una semana a sentarse a escribir en un restaurante chino de Kassel, a disposición de visitantes, como una instalación más de la Documenta como "escritor residente" no deja de ser un "mcguffin" más que permitirá al escritor llegar a la esencia de su propio oficio, "se escribe para  atar al lector, para adueñarse de él, para seducirlo, para subyugarlo, para entrar en el espíritu de otro y quedarse alli, para comocionarlo, para conquistarlo" (pag 44). Y con este fin, Vila Matas se vale de su buen bagaje de trucos, guiños, autocomplacencias divertidas y una capacidad infantil de asombro y de juego permanente (desde el ocurrente y quimérico  "método Synge" para"entender" cualquier idioma que se hable cerca de él,  hasta las visiones y experiencias lúdicas que le proporciona su estado de animo oscilante, pasando por los supuestos efectos que el arte de Kassel provoca en él: "Kassel me habia contagiado creatividad, entusiasmo, cortocircuitos en el lenguaje racional...y discontinuidades que buscaban el sentido en lo ilógico para crear nuevos mundos". Y con ello, "El encuentro con lo insólito, el deseo de ser otro, la fusión de vida y literatura, las ganas de penetrar en una dimensión insondable". Es decir, Vila-Matas convertido él mismo en un mcguffin genial, en ese escritor que él ha sido siempre, "con un desvelo continuo por buscar lo nuevo, por creer que quizás pueda existir lo nuevo o por encontrar eso nuevo que siempre estuvo allí" (pag. 171). En resumen, una novela menor, divertida y en ocasiones brillante. Un puro producto Vila Matas, el escritor que vive escribiéndose a sí mismo.

 

FICHA

"Kassel no invita a la lógica".- En rique Vila-Matas.-Seix Barral. 300 págs. 19,50 euros.




  

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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