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10 julio 2011 7 10 /07 /julio /2011 13:49

 

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Lo primero que llama la atención del lector es el nombre de Spinoza en el título. Después el sustantivo que le acompaña, la herida. El impresionante pensador judío, expulsado de la sinagoga de Amsterdam por sus teorías y planteamientos filosóficos,  es un punto de referencia de calidad, de cualidad, la de la honestidad pensante, la certeza y las dudas de una mente privilegiada volcada en cuestiones tan asombrosamente actuales como la felicidad, en qué consiste, cómo lograrla, cuáles son sus formas y sus obstáculos. ¿Les parece un tema baladí? Pero que nadie piense que estamos ante un libro de autoayuda. No. Es filosofía aplicada a los sentimientos y las emociones que definen al ser humano, esos elementos que envidiaban los replicantes en Blade Runner, esa característica que nos hace humanos y nos hacen seres sufrientes y seres felices.

Para introducirnos en el tema, Vicente Serrano, el autor de este ensayo que premió la editorial Anagrama, nos remite a un libro previo que uno tuvo el placer de leer hace unos años y cuyo autor es el neurobiólogo americano de origen portugués Antonio Damasio, "En busca de Spinoza. Neurobiología de la emoción y los sentimientos" que editó Cátedra. De aquél libro me sorprendió algo que también sorprendió a Vicente Serrano y que le dio título y tema para el libro que hoy comentamos, la "herida" que Spinoza inflige a quienes le leen y que admite una interpretación filosófica poco agradable para un cientifico positivista como Damasio: la felicidad humana no es posible sin el reconocimiento de la limitación de la existencia, esa "tranquila certeza con la que Spinoza se enfrenta a un conflicto que la humanidad aún no ha resuelto: el conflicto entre la opinión de que el sufrimiento y la muerte son fenómenos biológicos naturales que hemos de aceptar con ecuanimidad y la inclinación de la mente humana a sentirse descontento y rechazar dicha sabiduría". Ya que segun Spinoza el reconocimiento de la finitud humana es lo que da sentido a la búsqueda de la felicidad.

Sólo los que vivimos y bebemos de algunas fuentes orientales, el budismo, la filosofia vedanta, el zen, podemos aceptar la certeza de Spinoza y buscamos esa ecuanimidad.

Pero Serrano hace una lectura y un desarrollo critico filosófico, a veces complejo en demasía o reiterativo pero siempre honesto y combativo, en el que vincula esa búsqueda de la felicidad con el momento socio politico actual, las dificultades que nos impone una sociedad alienante, la "impotencia de la omnipotencia" que resulta de esta época, la nuestra, en la que el horror emana en forma de guerras, terrorismo, violencia, haciendo poco menos que iluso e idealista el discurso de Spinoza y no pertinente el planteamiento de una felicidad que se ha convertido en un concepto plurisemántico que se encierra en la inmediatez de lo "espiritual" entendido como objetivo humano poco real. Para Heiddeger la existencia humana "es para la muerte", mientras que Spinoza minimiza a la muerte como un fenómeno necesario e irrelevante,  para cantar la vida y afirmarla. Pero Serrano nos recuerda que la esencia de la modernidad es la autoafirmación de lo humano, de su fuerza y autonomía, un poder que no reconoce limites pues continuamente los supera con la invención, la búsqueda sin fin, la avidez y la prepotencia. Y eso no es más que la realización de lo contrario que Spinoza propugna. Y ahí está la herida que Spinoza infiere a Serrano, la imposibilidad en nuestro actual momento histórico de asumir la ecuanimidad que propone el pensador judío. Y para elllo nos invita a un viaje por la historia de la filosofía, desde Rousseau a Giordano Bruno, Descartes, Bacon, Fichte, Hobbes, Schelling, Kant, Hume, en el que Serrano aborda la imposibilidad de aceptar la tesis de Spinoza: la aceptación del dolor como una realidad irremediable de nuestros límites que nos llevaría hacia la felicidad. En nuestra época "el único pecado es el límite" como decía Emerson y el dolor y la muerte quedan fuera de la ecuación. En tal falacia está fundamentada la actual cultura humana, nos dice Serrano. Las pasiones destructivas del humano, el odio, la envidia , la crueldad, forman parte de los valores dominantes en la biopolítica de hoy que convierte a nuestro mundo, desde un punto de vista ético, en una especie de organización mafiosa, con sus leyes, normas y tabúes, un universo paralelo donde rige esencialmente la pasión de poder y el deseo de omnipotencia. Y esa voluntad de poder transgresora es la que permite, como una forma de autoperpetuarse, los afectos simples y positivos que la gente cree que son los vigentes.

La visión que Serrano propone es de una dureza enorme y encierra una critica total a la estructura social, política y ética de nuestra cultura del momento. Quizá la única esperanza estribaría en volver a Spinoza y superar la herida que Damasio denuncia.

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