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15 noviembre 2017 3 15 /11 /noviembre /2017 09:08

 

La escritora inglesa Penélope Fitzgerald (1916-2000) comenzó a publicar a la edad de 58 años, no sabemos si porque fue una vocación tardía o porque las circunstancias le impidieron asomar antes al mercado librero. Lo cierto es que lo tenía todo a su favor, era hija del editor del semanario satírico Punch. Sus primeros libros son biografías de personas de su entorno, desde su padre a sus tíos o la de un conocido pintor prerrafaelita, Edward Burne-Jones. Esta novela la publicó con 61 años.

"La librería" es la primera novela que conozco de ella, a la espera de leer "La flor azul" que, dicen, fue su obra maestra y se editó un par de años antes de que la escritora falleciera (en España loa editó también Impedimenta en el 2014), tras una vida bastante difícil y dramática. La trama del libro que hoy nos ocupa está basada en una corta experiencia de la autora como librera (en los años cuarenta del pasado siglo).

En esta edición conmemorativa se nos regala un posfacio  de Terence Dooley (yerno de Penélope Fitzgerald) intitulado "La comedia humana", con dibujos (encantadores) y fotografías de la autora, en el que se nos informa de detalles interesantes de esta mujer batalladora. Gracias al material gráfico se nos familiariza con el mundo en que vivió. Y, sobre todo, con lo "real" que fue el "poltergeist"   que campa por la librería en la ficción. Y aún más interesante la influencia de una pequeña obra de Balzac en la novela de la Fitzgerald.

 

Pero hablemos del libro: "En 1959, Florence Green pasaba alguna noche en que no estaba segura si habia dormido o no.  Se debia a la preocupacion que tenía sobre si comprar Old House para abrir la única librería de  Hardborough". Así comienza "La librería", una novela  escrita en 1978. que quedó finalista en el Booker Prize de ese año (que, por cierto, la Fitzgerald  ganaría al año siguiente con otra novela, "A la deriva").

Este asunto de la librería, aparentemente banal, se convierte en una obrita deliciosa que inspiraría a bastantes escritores posteriores (singulamente a la hindú-canadiense Anjali Banerjee con su novela "La librería de las nuevas oportunidades") ya que transforma dicha librería en un lugar mágico, con "poltergeist" incluido, donde los libros tienen una especie de vida propia.

Para todos los amantes de libros, librerías y bibliotecas, esta novela de corta extensión y corta ambición literaria constituye un gozoso paradigma de lo que los libros significan para muchas personas.
Aunque la Fitzgerald en ningún momento saca las cosas de quicio con el "rapper" (golpeadores, entes que golpean cosas, paredes y muebles, con el fin  de asustar) nombre  que en esa zona inglesa dan a determinado tipo de "poltergeist", ni siquiera se pone romántica y obsesiva con los libros y sus encantos y fascinación (ella no se cansa de repetir que lo suyo es un negocio), logra crear un ambiente y una historia que quedará para siempre en el imaginario de los lectores (subgrupo de amantes de los libros).
Los vecinos de la librería no acaban de ver con buenos ojos que la vieja mansión (es una de las dos del pueblo que tiene mas de 500 años) sea dedicada a la venta de libros, tal vez manipulados por uno de los poderes fácticos del pueblo, la rica propietaria Violet Gamart, emparentada con la nobleza, que ya habia pensado en un distinto destino para la vieja mansión, con fantasma juguetón incluido.
A pesar del éxito inicial de la librería, las fuerzas y los tentáculos de la rica dama van poniendo obstáculos en el difícil negocio de vender libros (una librería, por definición, no suele ser un buen negocio en casi ningun país). Una niña de poco más de diez años, espabilada como una ardilla, será la colaboradora de Florence y todo seguirá una irregular singladura comercial y humana hasta que a alguien (¿desinteresadamente?) se le ocurre aconsejar a Florence que ponga a la venta  la novela de Vladimir Nabokov, "Lolita", que a la sazón estaba triunfando en Londres, ante el escándalo de una sociedad bastante reprimida e hipócrita. Ese asunto será el disparadero de una situación cada vez más difícil hasta que... bueno, les dejo sin el dato. Vale la pena gastarse los pocos euros que cuesta y leerla.
Evidentemente estamos hablando de una novela entrañable, pero lejos de ser una novela perfecta. Los personajes apenas están esbozados y deambulan puntualmente en un rosario de anécdotas sin demasiada hilación o coherencia, la trama avanza a trompicones... pero lo que da sentido a esta obrita es la fuerza evocativa que emana de la escritura, una época muy determinada, un paisaje muy concreto, el viejo caserón y la omnipresencia de los libros como fuerza de cohesión,  todo ello da a la novela un encanto indefinible. Juzgarla en términos comparativos es como plantearse si los libros de Richmal Crompton sobre "Guillermo y los Proscritos" son obras maestras de la literatura. Por supuesto qiue no, pero no conozco a ninguna persona ilustrada y lector, entre las cuatro generaciones que me rodean, que ignore totalmente de qué hablamos cuando hablamos de Guillermo.
Por otra parte y como otro activo a tener en cuenta, la ironía y el sarcasmo de la Fitzgerald en algunos momentos tiene la calidad magistral de una genial observadora de su sociedad, además de un excelente estilo en los diálogos, algunos de ellos auténticamente hilarantes. Sólo por esos elementos, vale la pena su lectura.
Penelope Fitzgerald tenía 84 años cuando murió en el año 2000. Hay quien la ha comparado con Jane Austen y me parece una exageración absurda. No tiene la calidad literaria de la Austen a pesar de su encanto y la habilidad en describirnos la sociedad rural inglesa.
A pesar de cierta desidia a la hora de componer personajes, la autora logra crear, por ejemplo, a Milo North, un tipo  en el que "lo que parecía simpatía era en realidad el resultado de un instinto para esquivar cualquier problema antes de que este se originara" (pág.33) y  "su personalidad líquida iba tanteando el terreno y se introducía sigilosamente por los puntos mas vulnerables de los demás hasta encontrar un lugar apropiado en el que instalarse y sacar de él el maximo provecho". Fíjense en la sutileza de la descripción psicológica de Milo. Lástima que no profundice en unos personajes que surgen y se desvanecen sin aportarnos mas que unos deslumbrantes destellos de lo que podían haber sido, por ejemplo el abogado Thorton, el viejo Raven, el magnifico señor Brundish, único capaz de valorar la personalidad y el trabajo de Florence. Además la novela es pródiga en detalles literarios como cuando define un tipo de libros: "novelas de cubiertas ligeramente envejecidas, que tenían el aire de una mujer a la que nadie ha solicitado nunca su favor" (pág. 81).
La impresión que me queda una vez terminada la lectura es que Penelope Fitzgerald ha desaprovechado una excelente trama y unos personajes magnificos para sólo hacer con esos elementos una pequeña novela encantadora, casi anecdótica, cuando podía haber escrito una gran novela llena de personajes imperecederos, algunos dickensnianos con todo mérito.
 
 
FICHA
LA LIBRERÍA.- Penélope Fitzgerald.- Trad. de Ana Bustelo.-Edición conmemorativa con imágenes y textos inéditos.- Editorial Impedimenta.- 202 págs.-21 euros.-ISBN 9788417115197
 
 

 

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