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21 abril 2012 6 21 /04 /abril /2012 09:53

 

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Según esta olvidable película, cuando la protagonista de la historia comienza a interesarse por el sexo (a los diez añitos de edad) se le ocurre suponer que lo que sienten las mujeres al practicarlo es semejante a lo que se experimenta al montar en una montaña rusa (a tenor de los gemidos de su madre que escucha a través de la pared). Asi que en cuanto está en edad de merecer trata de montárselo con todo el que puede para ver si siente el mismo vértigo. Las experiencias sucesivas son previsiblemente patéticas y la chica se convierte en una frígida. Entonces conoce al hombre de su vida, que aunque se lo propone entre sufridas sonrisas y diálogo de adolescente cortado, no logra arrancarle los gemidos deseados y después al mejor amigo --aunque en ningun momento de la pelicula lo parece-- de su pareja, un actor metido a payaso que se muestra de una rijosidad cascabelera y que, ese sí, le hace gemir a gusto. Evidentemente el drama, el trío,  está servido y todo acontece como cabe de esperar con alguna secuencia divertida entre medio (aunque la que debia marcar el climax, el enfrentamiento de los dos hombres vestidos de payaso ante un público desconcertado y en la inopia, se malogra por falta de pulso dramático, o cómico). Pues bien, "La montaña rusa" de un director generalmente bueno, Emilio Martínez Lázaro, es solo eso, un -mal- tratado de sexo a tres que, en esencia, parece superficial, previsible, poco sensual y de un erotismo bastante de manual. Así que sexo, mucho sexo, que carece de lo más elelmental: excitación sensual. Salvando a Ernesto Alterio, el rijoso payaso (y eso tras decirles que aquí es un actor desaprovechado), tanto Alberto San Juan como Verónica Sánchez, no acaban de entrar en el filme de una forma minimamente creíble. La química entre ellos es mas bien escasa y Verónica, aparte la belleza y rotundidad de su joven cuerpo, sólo parece vibrar un poquito con los presuntos saberes de Alterio y en general no imprime a su papel, y por tanto al filme, más que una bella buena voluntad sin apenas garra dramática o cómica. Las secuencias de sexo parecen realizadas por un estudiante de secundaria harto de calentones cerebrales pero con el codigo de la censura bien instalado en las meninges. Y todo narrado por una voz en off absolutamente innecesaria y que deja dudas razonables sobre la inteligencia y el sentido común de la joven obsesionada por el sexo y las montañas rusas.

Si la comparamos con "El otro lado de la cama"...no hay punto de comparación, ni con "Trece rosas", ni con "Carreteras secundarias". La verdad es que no parece surgida de la misma batuta. Reconozco la voluntad de innovación, pero hacer una pelicula de sexo requiere algo más que cierta eficacia técnica a la hora de situar las camaras durante el acto más repetido del mundo, a fin de no enseñar nada que haga poner la calificacion de porno a la pelicula. Amigo Emilio, ve a aprender con "Shame". Pues todo en tu última película es reiteración "ad nauseam", guión fallido, ritmo fallido, duración excesiva y final de coitus interruptus.

 

 

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