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10 octubre 2011 1 10 /10 /octubre /2011 09:18

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He aquí un buen documental biográfico. Como dice el propio director, Juan Manuel Cotelo, dotado de una rara naturalidad y convicción, en una de sus intervenciones directamente ante la cámara, "hacer una película donde en vez de sacrificar -crucificar dice él- a un sacerdote, se le ensalza condena irremisiblemente al fracaso a una película. No obstante me voy a arriesgar y es porque la persona sobre la que he investigado y que es el protagonista de esta película es un sacerdote ejemplar en muchos aspectos. Ustedes verán. Si les parece que no tengo razón, sálganse del cine o apaguen el DVD y digan  a sus amigos que no vean esta película. Pero estoy seguro de que no van a hacer tal cosa". Cotelo mira directamente a la cámara y lo que dice suena a algo creíble y lo que vemos en su cara y en sus ojos lo corrobora. Es un buen reclamo...uno de los mejores que he visto en cine.

Pues bien, nos sentamos cómodos y vamos a pasar algo más de una hora pendientes de este documental rodado con ortodoxia y sin ningún tipo de excentricidades, casi de puntillas y con una sonrisa de disculpa. Interesa más de quién hablan, parecen decirnos, que cómo lo hacemos. Pero, además, lo hacen muy correctamente. ¿Y de quién hablan? Del sacerdote Pablo Domínguez Prieto.

No tenía ni idea de quién es ese sacerdote. Me muevo lejos de los círculos clericales y mis relaciones con la Iglesia católica son inexistentes (sólo me relaciono ocasionalmente con mi maestra zen, Berta, que además es monja católica). La primera noticia la tuve por un montañero que comparte conmigo muchas salidas y un amor absoluto hacia las cimas, fue en febrero de 2009. Me habló de un montañero amigo suyo que había muerto en el Moncayo junto a una amiga también montañera, en una de esas jornadas luctuosas que sobre todo en invierno suelen asolar a la comunidad de las mochilas y las cumbres.

Dias antes de esa conversación, había visto en un telediario la noticia de las dos muertes y las labores de rescate de los cuerpos. En la prensa me enteré de quién era Pablo Dominguez y casi dos años mas tarde me sentí atraido por el titulo de una pelicula, "La última cima" (suelo ver todo lo que cae en mis manos de cine de montaña) y descubrí que hablaba sobre Pablo. En fin, el destino parecía indicarme que debía verla. Y lo hice. "Pablo Domínguez era el decano de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid cuando murió y tenía 42 años. Había estado impartiendo unos ejercicios espirituales a las monjas cistercienses del convento de Tulebras, a diez kilómetros de Tarazona, y decidió no regresar a Madrid sin ascender al Moncayo, cosa que hizo acompañado de la montañera Sara de Jesús Gómez, cirujana de 37 años y profesora en la Universidad Francisco de Vitoria, que falleció también en ese mismo accidente".

El documental de Cotelo va pasando de una persona a otra, familiares y amigos de Pablo, superiores religiosos, fotografías comentadas de sus viajes y de sus subidas montañeras, testimonios auditivos de conferencias pronunciadas por ese hombre que cautiva con su sinceridad y sencillez. Uno compueba el alcance de su inteligencia, con una personalidad brillante, simpática, sugestiva,  una de esas personas convencida de sus ideas, pero respetuoso con las diferencias, escasamente proselitista aunque sin ocultar su fervor religioso (punto en el que, a los que no estamos en esa honda, no nos interesaría sino viéramos que forma parte de la coherencia interna de un hombre desusadamente completo en sí mismo).

Quizá -para mi humilde y personalísima opinión- sobren los excursos en los que se evidencia el interés del director de extrapolar la figura de Pablo a un universalismo del sacerdocio en el siglo XXI, en un momento en que el papel de la Iglesia y muchos de sus ministros está cuestionada en términos de escándalos (no mayores que los que atañen a la sociedad política, por supuesto). El oportunismo de los medios de información para hacer leña del arbol caido en el caso de la Iglesia supone, en su exceso, un agravio comparativo respecto a los semejantes y aun más graves casos que atañen a la clase política. Por tanto algo de razón hay en esta defensa oportunista que Cotelo hace de la clase sacerdotal aprovechando el contexto ejemplar de Pablo.

La película es dinámica, provocadora, con vocación de sinceridad y de no manipulación, suena a menudo a homilía --otro de sus pequeños defectos-- pero lo cierto es que la fuerza del protagonista acaba restando importancia a esos deslices (repito, en mi opinión). Las recreaciones de la figura de Pablo son flojísimas, casi de video escolar (sorprende, dada la calidad del conjunto) y uno le diría a Cotelo que debería haberse atrevido a montar secuencias con un actor).

Parece ser que las últimas palabras que se conocen de Pablo fue un registro de móvil donde decía "he llegado a la cima". Ese debería ser la mejor inscripción en la tumba de un montañero. Y sin nos apuramos, de cualquier hijo de vecino. Al funeral de Pablo acudieron más de 3000 personas y 20 obispos.

 

Nota bene: como cinéfilo, permítanme una broma: también James Cagney ("El enemigo público número uno") grita antes de morir: "Mom (Mamá), he llegado a la cima". Estoy convencido que hasta Pablo se hubiera reído con la coincidencia.

 

 

 

 

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