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9 septiembre 2011 5 09 /09 /septiembre /2011 15:56

la-ultima-estacion-cartel.jpgHoy voy a sugeriros una doble propuesta, realmente atractiva. Os recomiendo una novela del escritor norteamericano Jay Parini titulada "La última estación" (1999), editada por RBA, y una película que conserva ese mismo titulo. Tanto la novela como la película en la que se basa, analiza el último año de vida de León Tolstoi, dentro de la propia familia haciendo hincapié en la figura de Sofía, la esposa del escritor durante casi cincuenta años de matrimonio, que se mantiene siendo una esposa devota, amante enamorada a pesar de la edad y las diferencias. Precisamente cuando Sofía descubre que en nombre de la nueva religión que acaba de crear, el gran novelista ruso renuncia a su título nobiliario, a sus propiedades e incluso a su familia en favor de la pobreza, el vegetarianismo y el celibato, la condesa decide tomar cartas en el asunto y se opone frontalmente al envejecido escritor y a sus discípulos. Uno de ellos, Vladimir Chertkov, a quien ella desprecia, parece haber convencido a su marido para que haga un nuevo testamento. El documento le daría los derechos de sus obras al pueblo ruso en vez de a su propia familia. Sofía lucha por lo que ella cree que le corresponde. El conflicto se vuelve tan intenso que Tolstói, a los 82 años, abandona su casa en mitad de la noche y trata de huir en tren hasta un lugar sin relieve donde su malestar se agrava y debe tratar de reponer fuerzas en la casa del jefe de estación. Sofía alquila un tren para seguirle por toda Rusia. Y los periodistas, los fieles y los curiosos se citan en aquella olvidada estación para asistir al fin del egregio escritor y los choques familiares.LA-ULTIMA-ESTACION-i0n1408615.jpg

Dirigida por Michael Hoffman, la película, que adapta la novela de Jay Parini, se despliega majestuosamente, como lo es el tema que trata, en torno a la residencia campestre de Tolstoi. La trama se complica no sólo con las intrigas familiares y de Chertkov, que mete en la casa a un joven como espía y secretario del escritor, sino también con los amores del joven con una  muchacha de la comuna tolstoiana, todo ello con un ritmo desigual que parece en momentos contagiarse de la placidez de la campiña rusa y termina trepidando con los movimientos humanos en torno a Astapovo, la ultima estación donde Tolstoi morirá.

Y es que el viaje del joven Bulgakov ─ muy bien interpretado por James McAvoy─ dará via libre a ese final de opereta, que parece un epígono del alma rusa, tan apasionada, rudimentaria y dramática como el gran escritor que se acerca a su final. Gran recital de interpretaciones, no sólo un maravilloso y expresivo Christopher Plummer como Tolstoi, sino la inmesa Helen Miller como su esposa.

Su papel es de una complejidad, diversidad y hondura sorprendente, que muestra la fascinación de lo humano en toda su completud, con sus servidumbres y su grandeza. A pesar de sus pequeñas maldades, sus astucias femeninas y su dureza cuando le convenía, el personaje merecía mejor trato que el que le han dado algunos exégetas de su esposo, empezando por Chertkov. Muy adecuadamente el complejo y atormentado discípulo es interpretado por ese ladrón de escenas que se llama Paul Giamatti.

Jay Parini nos recuerda un episodio que tendría una importancia clave en la relación de Tolstoi con su mujer y que permite a Parini orquestar su novela como una dinámica coral de primeras voces que se van turnando dando cada una de ellas sus versiones de los hechos. Poco antes de su boda, movido por una voluptuosa exaltación de sinceridad, Tolstoi confió a su novia de 18 años frente a los 34 del autor)  el diario que venía escribiendo, y en el que se reflejaban sus ambiciones literarias, sus absurdas teorías de la vida, la pirotecnia de su brillantez intelectual a pesar de las inevitables contradicciones, todas las mezquindades de la vida íntima del enorme y descontrolado personaje, desde sus achaques fisicos --incluidos los mas miserables y dignos de discreción-- hasta sus fantasías eróticas y sus encuentros sexuales ocasionales con con gitanas zíngaras y campesinas. La pobre muchacha se horrorizó de la imagen que le brindaba el desmesurado escritor y ella misma comenzó a escribir su propio diario, que permitió leer a su marido. Con lo cual la lectura mutua de los diarios pasó de convertirse de un original instrumento comunicativo a ser un arsenal peligroso de reproches, vejaciones y miserías que acabó endureciendo la relación, aunque no logró acabar con ella hasta el episodio de la huida nocturna del escritor, acompañado de su joven secretario.

Esa sobrecarga de sinceridad puede cortocircuitar la relación más sólida. Por eso no es de extrañar que la figura de Tostoi sea tan complicada de analizar y conocer por la sobreabundancia de datos, opiniones y juicios emanados de los diarios que llevaron no solo la pareja protagonista sino los de su hija, su secretario, su medico, sus amigos, todos ellos influenciados por el virus literario que emanaba a raudales del escritor (que llevaba tres diarios paralelos, una de las pesadillas de su esposa que intrigaba en la pesquisa de los diarios y de lo que en ellos decía).

En suma, una oferta tentadora: lean la novela de Parini y visionen la película de Hoffman. De este festival sobre Tolstoi podéis pasar a un festival propiamente de Tolstoi: la lectura, por ejemplo, de "Guerra y Paz" y de "Ana Karerina", dos cumbres de la literatura de todos los tiempos.


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