Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
10 junio 2013 1 10 /06 /junio /2013 10:22

las-lagrimas-de-san-lorenzo.jpg

 

Julio Llamazares, leonés nacido en 1955, es un narrador habilidoso y austero que suele entroncarse en una narrativa intimista, llena de anclajes temáticos a la tierra, el paisaje y las gentes que los habitan. Gusta también de los libros itinerantes (de hecho tiene varios volúmenes dedicados a una suerte de reportajes literarios al modo del viejo Cela, como "El río del olvido", "Cuaderno del Duero" o "Tras os Montes", pero persigue los viajes intimistas al interior de algun Otro en forma de novela "Luna de Lobos" o "El cielo de Madrid" y luce un clasicismo de estilo que parece resonar de los parajes castellanos como una emanación seca y firme, justa en los adjetivos, concreta y terrenal como emanada de aquellos lugares sencillos y duros. aunque dotados de un encanto primario y algo salvaje. También cultiva el relato y el apunte periodístico ligado a la inmediatez. Este todo terreno del arte de narrar se nos descuelga ahora con una novela levemente proustiana, "Las lágrimas de San Lorenzo", en la que con un tono melancólico y sosegado, propio de un talante reflexivo, nos cuenta dentro de una estructura novelesca simple de doble recorrido, el pasado  a través del recuerdo del narrador y su presente inmediato pivoteando en torno a una experiencia estética --y ética-- singular: asistir desde Ibiza a ese fenómeno astronómico que se llama "las lágrimas de san Lorenzo", una especie de lluvia de estrellas fugaces que es posible ver una determinada noche de agosto en cielos limpios de contaminaciones lumínicas.

El narrador lleva a su hijo de 12 años a observar el fenómeno en un paraje solitario de la isla, justamente el lugar desde lo vio muchos años antes, cuando él mismo era un niño, junto a su padre ya fallecido pero vivamente   añorado. Durante esa experiencia sugestiva, el pasado y el presente, el tiempo, la infancia, la madurez y los barruntos de la vejez van convirtiéndose en temas de reflexión, un "work in progress" literario en el que los personajes , las sombras del pasado, van volviendo a la vida dinámica que les presta la memoria y la palabra del narrador, con momentos de un poesía vibrante y otros, nostálgica y triste, en los que se desgrana la vida en recuerdos

de muy variada índole, estampas que la magia de la narrativa convierte en postales de una época pasada y en una paciente y algo apesadumbrada colección de instantes plenos de sentimiento y emociones .

La historia, una rosario íntimo que deviene universal dada la filosofía plácida que lo impregna todo (al estilo de Pascal o de un Montaigne sin malicia) se convierte en una reflexión sobre el tiempo y los cambios que sustancia, vistos sin acritud y sin juicio penalizador. Hay mucha ternura en ese repaso de los años jóvenes, de las figuras familiares donde no falta el tío mitificado, desaparecido durante la guerra civil, una especie de Corto Maltés más imaginado que real y todo esa remembranza cautelosa y sencilla envuelta en música (una pieza de Bob Dylan) o de olores campestres, el tomillo o el lúpulo, puestas de sol inenarrarables, mares en calma, agua cristalina y sensaciones vitales a tenor con el paso de las edades del hombre (el narrador ya con el medio siglo a cuestas y una vida itinerante por las universidades de toda Europa y el adolescente, trasunto del primero, ambos mostrando hacia la vida una actitud semejante, curiosidad, ansia de libertad y placer de vivir) mientras las soluciones éticas básicas, la aceptación de los errores y el dolor que causan, la capacidad de perdonar, la asunción del arrepentimiento, van cristalizando en las dos personas, padre e hijo, que charlan y piensan, tumbados sobre una manta, en un prado frente al mar, en el silencio y la paz de la noche veraniega mientras el cielo se desgrana en trazos de estrellas errantes, como si un dios aburrido lanzara ascuas al capricho sobre la negra capa suntuosa del firmamento.

Hay mucha sustancia filosófica sencilla y sin complicaciones, un correr de vida, en esa larga noche de extraña felicidad entre padre e hijo. Prosa limpia y trasparente, reflexiones filosóficas sin ansia de trascendencia, de calado menor pero que se refieren a cosas que todos pensamos y sentimos muchas veces a lo largo de nuestra vida. El miedo, la soledad, la tristeza, el deseo, la frustración, los errores sentimentales, los viajes, las tierras extrañas, el hambre de amor, la paternidad, las acusaciones de abandono (más dolorosas si como en este caso provienen el propio hijo), los engaños y las traiciones van emergiendo de las páginas de esta novela que parece estar destinada a ser leída en otoño (y no me refiero solo al climatológico) al abrigo de una buena chimenea, sin prisa y sin pausa (son menos de 200 páginas).

Momentos de epifanía como los que narra en las páginas 65 a 67 o al final, cuando no se atreve a despertar a su hijo ante el esplendor del cielo estrellado, junto a reflexiones amargas que giran casi siempre en torno al tiempo y que pueden resumirse en la frase de su padre que rememora en la página 33 "Nos pasamos la mitad de la vida perdiendo el tiempo y la otra mitad  queriendo recuperarlo". O su propia percepción melancólica, "mi vida se va alejando a velocidad de vértigo de la memoria que conservo de ella".

El narrador, como el Nick de "El gran Gatsby" o el Marcel de "La Recherche" resume "he luchado contra todo, la soledad, el paso del tiempo, los desengaños, el desamor...y aquí permanezco reemprendiendo cada dia el camino de mi vida, ese camino que empiezo cada mañana como si lo estrenara siempre y que termino de madrugada cuando la melancolía me duerme como al agua de la acequia de mi abuelo o a los olivos y buganvillas de Ibiza, cuando yo era joven" (pag.123). O modificando la célebre frase de Lenon, "la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados en pensar qué hacer con la nuestra".(pag 147). Para terminar con un desencantado "¿No será Dios el tiempo?". Lo cierto es que la novela deja un cierto regusto a reiteración nostálgica, un ligero exceso melancólico que parece apuntar más al talante de un Celine que al de Séneca. Y eso es algo que se comprende, dada la temática --no se corresponde a la edad del escritor, ¿qué escribirá cuando pase de los 60?-- pero que acaba pasando factura al lector, que cierra el libro sin poder evitar un sabor algo triste.

. 

 

FICHA

LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO.-Julio Llamazares. Editorial Alfaguara. 193 págs.

Compartir este post

Repost 0
Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
Comenta este artículo

Comentarios

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens