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15 marzo 2011 2 15 /03 /marzo /2011 08:35

Aunque no lo crea, lector, esto nos afecta a todos. Afectará el poder adquisitivo de sus euros, quizá a su empleo, a los precios y a sus deudas. Lea y tiemble después de haber leído, como decía La Codorniz. El jueves pasado, la agencia de calificación Moody’s rebajó en un peldaño la solvencia de la deuda española, desde AA1 a AA2, pues asegura que la recapitalización de las cajas de ahorro costará al menos 50.000 millones, anticipándose en unas horas a un informe del Banco de España (una entidad bastante fiable internacionalmente por la seriedad de sus apreciaciones) que estimaba que el fondo que necesitaba ese sector de la banca española como garantía para su recuperación era de muchísimo menos, 15.143 millones. Por su parte, la agencia Fitch, lo cifró en 38.000 millones. ¿Cuáles son los baremos, los análisis, las estimaciones en las que se basan Moody’s o Fitch, para emitir un dictamen de futuro que tiene tan graves consecuencias sobre un país y, en definitiva, sus ciudadanos? No se sabe, no se contesta. Un inversor serio e imparcial que analizara las fuentes del Banco de España y las comparara con las de Moody’s, seguramente se asombraría de la diferencia cualitativa que existe a favor del Banco español.

 Moody’s fue creada a comienzos del siglo XX y su ámbito de actuación era el mercado de bonos financieros norteamericano. A partir de los 50 comenzó a expandirse junto con el colonialismo económico y cultural de la gran potencia. En este siglo, más de cien países dependen de su humor (siempre interesado) y sus decisiones (no siempre interesantes y acertadas, caso Canadá y la crisis asiática en los 90 o las subprime y bonos basura hace unos años y otros asuntos poco claros que ahora no recuerdo). Estas firmas de rating trabajan en la calificación de la fiabilidad de entidades comerciales y gubernamentales. Estas calificaciones que son reflejadas por un código de tres letras no siempre son acertadas, alguna vez están amañadas o desvirtuadas, siempre obedecen a intereses financieros, comerciales o políticos de difícil categorización. Tres A mayúsculas, es la calificación de máxima seguridad, mínimo riesgo, para un Gobierno o una entidad (en los setenta la triple A era una organización terrorista de extrema derecha, -la Alianza Anticomunista Argentina-qué cómica coincidencia).

La importancia y supuesta credibilidad de esta agencia hace que un simple anuncio sobre una rebaja futura o real de su calificación provoca un gran impacto político y económico, hace tambalear las Bolsas, sacude los Gobiernos y entierra a las entidades (o las salva). Y para complicar las cosas no está solo ella en el ámbito financiero de occidente, también meten su cuchara en el puchero revuelto Fitch Ratings y Standard& Poor’s. En octubre de 2010 se apeó a España de su triple A, el reconocimiento a la seriedad de los cambios que estaba haciendo el Gobierno (con bastante pesar de la sociedad española, que es quien suele pagar los platos rotos y la cuenta) con lo que agudiza por contagio la falta de confianza en el sistema monetario europeo y encarece la financiación de la deuda. No soy un experto en economía, desde luego, pero llevo muchas décadas analizando cuestiones que atañen a la política internacional y los problemas de macropolítica financiera y económica no me son ajenos. La experiencia me dicta que en estos casos de oscura racionalidad, recuerde la tragedia de Eurípides, Medea, cuando tras viéndose forzada ésta a asesinar a sus hijos, exclama en su defensa: "Quid prodest scelus, is fecit". Es decir: "Aquel al que favorece el crimen es quien lo ha cometido". Pues eso, cuando leo las actuaciones de Moody’s, y de las otras agencias me pregunto lo mismo siguiendo a Medea, ¿a quién favorecen las calificaciones negativas –a veces también las positivas que no son realistas- de estas agencias de opinión con tan poderosos efectos?

 En tiempos de euforia económica no se apuren, avalarán las aventuras financieras (con resultados a veces devastadores) y en tiempo de penuria se ensañan con los países más débiles y afectados. En el caso de España, en plena sequía crediticia, las decisiones y opiniones de Moody´s podrían favorecer la especulación de ciertos fondos y retardar gravosamente la recuperación española, debilitar el euro y afectar a países con dificultades más serias como Grecia, Portugal e Irlanda. ¿A quién favorece esa prepotencia calificadora de Moody’s? ¿Ciertos Gobiernos, grupos de presión, empresas especulativas? En vísperas de la reunión de ministros de economía de la UE y de la visita de la ministra Salgado a la reserva federal de Estados Unidos, la decisión –opinión- de Moody’s ha hecho un flaco favor a la economía española, ya que con peor rating la deuda será más cara y más difícil de refinanciar y se dificultará la concesión de créditos, eso sin mencionar en el daño a la confianza de los mercados en España. Y para ampliar la campaña de descrédito, la agencia ha rebajado también la solvencia de Cataluña (la peor nota de todas) Castilla-La Mancha, Murcia y Valencia y también la de la ciudad de Barcelona. Lo dicho, “Quid prodest?”.

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