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13 marzo 2012 2 13 /03 /marzo /2012 07:52

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Cogiendo la cita shakesperiana que marcó el derribo de la figura y el asesinato de la persona de César (un ciego premonitorio advierte al triunfal César, "Acuérdate de los idus de marzo", apuntándole la fecha en que será asesinado), un excelente George Clooney rescata al actor de "Drive", Ryan Gosling, con su estólido y magnífico rostro para sumergirnos en otra visión honesta y crítica de la política norteamericana. Muy en la admirable tradición  del cine de ese país de poner en solfa la política y a los políticos de la república sin pararse en barras, del presidente hacia abajo.

En esta ocasión Clooney, tan buen actor como siempre incluso cuando dirige él mismo, se pone en la piel del gobernador Morris, candidato en las primarias del Partido Demócrata para la carrera presidencial (se dice que Clooney congeló la realización de esta película tras la victoria de Obama y, ahora, tras el desencanto, la ha llevado a la pantalla).

Como suele hacer este  tipo, bastante apreciable en lo que hace, Clooney no es el protagonista de su película. Cede el listón a Gosling, como joven e idealista jefe de su campaña, para que este actorazo de rostro imperturbable y super expresivo en lo mínimo del gesto, se luzca en un proceso que le lleva del entusiasmo al desencanto, de una cierta ingenuidad inteligente al compromiso interesado. Es pues una historia de pérdida de inocencia política, con un añadido en forma de historia de amor que parece calcada de los líos del presidente Clinton con una becaria.

Para disfrute del espectador la película, además de un guión hábil e inteligente (para personas adultas), nos ofrece una lección de cómo los  principios políticos unidos a egoísmos, mentiras y traiciones, acaban forjando un estilo político detestable que traiciona aquellos principios esenciales que definen la democracia. Y si a ese corpus conceptual bien trabado se le añade el trabajo de actores de la talla citada arropados, por ejemplo, por  Paul Giamatti, uno de los mejores robaescenas que tiene ese cine (que interpreta al dudoso jefe de campaña del rival de Morris, que trata de "atraer" a Gosling a su equipo para provecho propio) o la calidez y desconcierto de Evan Rachel Woods haciendo el ingrato papel de la becaria entre el gran jefe y el delfín joven y crecientemente poderoso o a los eficaces Philipp Seymour Hoffman, Marisa Tomei (una periodista en busca del scoop caiga quien caiga) o Max Minguella.

Pero como debe ser en un trhiller politico que se precie, hay un secreto y hay que tomar decisiones en torno a ese secreto y esas decisiones y tomas de partido suelen implicar mentiras y traiciones a los demás y a uno mismo. Y ese es el dilema al que Clooney nos enfrenta a través de Ryan Gosling imprimiendo una fuerza destructiva moral al personaje, dotándolo de una enorme complejidad ética y humana.

Aparentemente no tan incisiva como "Buenas noches y buena suerte", en "Los idus de marzo" Clooney adapta la obra teatral "Farraguth North" de Beau Willimon, un escirtor que dejó de trabajar en la campaña electoral de Howard Dean e inmediatamente escribió la obra que constituyó un rotundo éxito. En ella se ponen al descubierto las triquiñuelas del mundo político, el quebrantamiento de la ley, el uso y abuso de privilegios, las manipulaciones del proceso democrático...todo fácil de entender, fácil de comprobar, fácil de identificar. No es de extrañar, pues, que la Academia de los Oscar volviera pudorosamente la vista hacia otro lado al valorar esta película para los preciados y poco justos premios. Saben que el efecto corrosivo del mensaje de la película de Clooney comienza cuando se encienden las luces de la sala.

La figura del candidato  de "Los idus..." esta alejado del que interpretó Robert Redford en los 80 (que reflejaba la ingenua honestidad y nobleza de alguien  que creía en la política) sino más cercano al político de "El escritor" de Polanski o al Nixon de "Todos los hombres del presidente"

Morris, el candidato Clooney, es un hombre que sigue los parámetros de popularidad, sencillez y claridad honesta, de un Obama, Clinton, Kennedy, incita más fe y entusiasmo que intereses oscuros y componendas, pero en él hay también una sombra, un lado oscuro. Y eso es lo que Clooney, director, nos muestra con apabullante y estremecedora claridad y provoca eso, miedo e impotencia ante el poder, omnipresente y casi omnicorrupto. Es decir un mensaje corrosivo porque muestra con lógica y con hechos algo que nos duele a todos: la politica ya no es una avctividad en servicio del pueblo, sino al servicio de intereses bastardos y la propia conveniencia y enriquecimiento. Y la pregunta es, ¿"es que alguna vez no fue así"?. Y desgraciadamente la respuesta podría ser, "Si, pero nunca tanto como ahora, ni tan extendido por todos los países". Y eso nos suena, ¿verdad? Cuando sale el "The end" en la pantalla, Clooney nos deja solos con una verdad detestable, con algo que pulveriza nuestra relacion con la politica. Y lo malo es que es real.

 

 

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