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22 febrero 2011 2 22 /02 /febrero /2011 12:16

Conocí a Fernando Martínez Laínez en Madrid, en la sede de la agencia Efe por los años setenta cumpliditos, él un treintañero inquieto, que volvía o iba como delegado de la Agencia  a Cuba. Nos encontramos gracias a mi compañera de entonces, Nana de Juan, que trabajaba en la Agencia también y que me anunció a su compañero con estas palabras o parecidas: "Sois bastante parecidos, él un poco mayor que tú, y también loco por la literatura y experto en política internacional".  Simpatizamos de inmediato, incluso nos parecíamos un poco físicamente, para gran regodeo de Nana. Hablamos y pronto surgió el tema de la literatura. Yo acababa de publicar un par de novelas y él sacaba a la luz una novela negra. Supo que me dedicaba también a la crítica literaria y me prometió enviarme un ejemplar de "Carne de trueque" para su reseña. Autor_lainez.jpg

Leí su novela y saludé con ella la aparición de uno de los primeros escritores españoles que escribía novela negra bastante genuina (en la época lo máximo que recuerdo en ese género eran las novelas de Plinio, jefe de la Guardia municipal de Tomelloso, que firmaba el castizo García Pavón).

Seguí más tarde la profusa y prolífica carrera literaria de Fernando,  (más de 50 libros), aunque no nos volvimos ni a ver ni a relacionarnos, a pesar de habernos cruzado, me consta, por esos mundos de Dios en labores periodísticas. Ahora por mediación del gran Octavi Serret (el Señor de los Libros en el Matarraña) recibo y leo "Los libros  de Plomo" que edita Martínez Roca. Y ha sido un buen reencuentro.

Se trata de un excelente thriller, sujeto a las reglas y convenciones del género. Se lee como si asistieras a una filmación mental de una novela de acción, pero con los añadidos extraliterales que surgen de una mente observadora y vivida y que hacen tan superior la lectura de una buena novela a la mayoría de los productos fílmicos, ya que la fuerza y la esencia de lo escrito sugiere elementos interesantes a tu propia mente en varios niveles más de los que activa la imagen y el sonido.

La historia que se nos cuenta, la existencia y el robo de unos Libros de Plomo con mensajes apocalípticos en una Granada llevada hasta el paroxismo y el caos por un terremoto inicial y por la toma de la Alhambra por un comando yihadista y la aparición de un "Mesías" del desastre con toda su tropa de fanáticos, crea una bipolaridad cristianos-musulmanes que se muestra tan  activa como en la época de las Cruzadas y también tan irremediablemente violenta. A todo esto añádase las sangrientas actividades de una especie de Jack el Destripador que va matando a diestro y siniestro con extrapolaciones pseudomísticas...Y ya tenemos un escenario en el que todo es posible.

La maestría de Fernando consiste en hilvanar con eficacia esa sopa atronadora y hacernos vivir dentro de la propia Granada, calle por calle, plaza por plaza, detalle a detalle (suculentas descripciones de lugares, bares típicos bien conocidos por los que bien conocen la ciudad, o rincones llenos de encanto, todos ellos atravesados por la vena de locura que infecta la ciudad.) La perfección de la trama, ya bastante compleja por si misma, se enriquece con la documentada habilidad del viejo periodista que es FML para ofrecernos datos sobre armamento nuclear ilegal, mafias rusas, agentes del CNI y todo el confuso pandemonium de la guerra oculta que libran los servicios secretos (llamados de inteligencia) con la plasticidad de un Le Carré, a la española y dicho sea esto sin juicios de valor negativos.

Los momentos dedicados a la profesión periodística, el delegado de la agencia Efe en Granada, o los usos y manías de la profesión en la central de Madrid, me han despertado una sonrisa de reconocimiento y, in mente, un ¡bravo Fernando!, por su cariñosa ironía y su estoica descripción del mundo de la "tribu" en palabras de un amigo común, el añorado Manu Leguineche.

El ritmo de la acción no desmaya, a pesar de la periodística aparición de "informes" oficiales o personales de jefes de policía o miembros del CNI, con los que se resume la situación de vez en cuando.

Los personajes, descritos con desparpajo y de forma clara y aséptica, de sus interrelaciones y sus intimidades, se ajustan a la estructura del género y permiten al lector situarse ante ellos y la acción, sin perder la pista.

La ambición temática de FML es enorme y sale de su cometido de forma brillante: aunar varias tramas paralelas y luego convergentes, en una novela donde se mezcla habilidosamente una trama de espías y de policías, con asesino ritual en marcha, una bellísima ciudad trastonada por el miedo y la violencia, un mensaje religioso que provoca el enfrentamiento fanático, la sombra ominosa de un estallido nuclear y en un mismo pote elementos -- a veces descritos de una forma hilarante-- de tipo político (hasta las mas altas instancias) social, religioso y profesional...crean en suma un libro que seduce y te obliga a marchar con él hasta la última página.

Enhorabuena, Fernando. Se nota además tu categoría y experiencia como guionista. ¿Para cuando una versión cinematográfica de tu novela? 

 

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