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13 octubre 2011 4 13 /10 /octubre /2011 17:00

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  Volver a disfrutar con D'Ártagnan, la astucia del cardenal Richelieu, los tres mosqueteros Athos, Portos y Aramis, la bella Constance, la reina y sus joyas, el recalcitrante inglés, duque de Buckingham, y la portentosa maldad femenina de Milady de Winter, es un valor seguro de cara a la taquilla. El problema está en cómo superar la clásica de George Sidney de 1948, en rabioso tecnicolor y un Gene Kelly-D' Artagnan que nunca tuvo rostro tan pícaro y cuerpo tan flexible, una "mala" LanaTurner que bordó a Milady y un siniestro pero refinado Vincent Price como cardenal.

De entrada ya les decimos que al parecer de este critico, ésta versión de Paul W. Anderson no lo ha logrado.

Pero es que tampoco se ha acercado mucho a la versión del clásico que firmó el gran Richard Lester en 1973 y que fue tan ambiciosa y tan minuciosa que dio metraje para tres partes, "Los tres mosqueteros: los diamantes de la reina" y "La venganza de Milady" (1974) y un epígono "El regreso de los mosqueteros" en 1989, que fue la despedida de Lester y una película con mal fario en la que murió uno de los actores protagonistas (el que hacía el papel del criado de D' Artagnan, Planchet, en  las tres películas) al caer de un caballo.En esta ocasión se daban cita actores como Michael York en el papel del gascón, Richard Chamberlain, Oliver Reed y Frank Finlay como mosqueteros, un soberbio Charlton Heston como Richelieu, el más majestuoso y digno de todos los que han encarnado ese papel y un irrepetible Christopher Lee como el malvado Rochefort. Tampoco la actual la supera. En 1993 Stephen Herek se atreve con otra versión, la más floja de todas, con Charlie Sheen, Kiefer Sutherland, Chris O'Donell y Tim Curry. A esta si la supera.

Y en este año 2011 de nuestro señor, alentado quizá por el merecido éxito (aunque discutido por los amantes del personaje literario, que tan excelentes versiones clásicas ha merecido) de la versión de Sherlock Holmes de Guy Ritchie, Paul W.S. Anderson dirige la enésima versión del clásico de Dumas y emplea el mismo criterio que Ritchie con el detective inglés: la modernidad del mito a través de la recreación virtual de un ambiente histórico y geográfico y la dinamización irreverente pero dinámica del personaje ajustándose a los criterios de la generación del video-clip y los increíbles juegos por ordenador.

Por tanto nadie espere más del señor Anderson que, justamente, es el responsable de titulos como "Mortal Kombat" y "Resident Evil" que antes de ser peliculas fueron juegos de ordenador.

Ya desde el principio de la cinta, en Venecia, en donde tras lograr unos planos de una máquina de guerra diseñada por Loenardo y guardados en un lugar secreto al estilo del Código Da Vinci, cuando los mosqueteros son traicionados por la bella Milady (atlética-demasiado para su personaje- y bellísima Milla Jovovich) a favor del Duque de Buckingham, (en esta versión, amoral petrimetre con los rasgos de Ornaldo Bloom) vemos por donde van a ir los tiros: el vino viejo en odres nuevos y con los cambios suficientes en el argumento para hacer más "moderna" la versión.

La magia del cine de ordenador nos llevan a un Paris de la época más creíble que los de todas las anteriores y a un Richelieu que parece una sombra taimada del soberbio jerarca nazi  de "Malditos bastardos" interpretado por el mismo actor: Christoph Waltz. El joven Logan Lerman, da cuerpo a un nada convincente D' Artagnan (pero eso sí, da el aspecto en edad y el comportamiento que debía tener el personaje en la novela, según Dumas). Los mosqueteros tiene los rostros de Mattew Mcfayden, Ray Stevenson y Luke Evans, aunque no logran ni emocionarnos ni interesarnos demasiado (parecen más un  grupo de colegas de un "Resacón" que tres mosqueteros con sus dramas personales a cuestas). El sobrio Mads Mikkelsen (el malo malísimo de 007 Casino Royale) hace un correcto Rochefort.

La ambición de nuestro director es obvia: acción y dinamismo a tope, peleas bien filmadas al estilo arte marcial, artilugios poco probables en la época y un aire contemporáneo a pesar de casacas, espadas y miriñaques. A los niños y adolescentes les encantará. También a los adultos con alma de niño y formación en videojuegos, mientras que los cinéfilos y los amantes de la novela torcerán un poco el gesto.

Anderson logra contagiar al espectador con esa propuesta de todo vale si logramos divertirles; y así se atreve a incluir en la historia artefactos voladores muy bien recreados y un aire de comedia relativa - sobre todo en la sobreactuación de Freddie Fox  como el joven Luis XIII--, que nos hace sospechar que los actores en muchos momentos se divierten con lo que hacen, por supuesto sin creerse una palabra ni esperar que la película pase a la historia del cine. No hay pues altibajos, momentos de decaimiento fílmico, ni errores de ritmo, la cosa fluye  en 3D, a la marcha de un tren expreso, sin detenerse en emociones ni sentimientos, todo como una gigantesca broma. 

Pero en todo caso una broma que divierte y que, estén seguros, tendrá secuelas.

 

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