Thursday 19 may 2011 4 19 /05 /May /2011 09:22

enamoramientos-javier-marias_1_650916.jpgSiempre he considerado a Javier Marías (Madrid 1951) un escritor ensimismado, con toda la grandeza y la miseria de la palabra y lo que literalmente significa: un autor centrado totalmente en-si-mismo. Si a ello añadimos una habilísima puesta en escena, unos contactos inmejorables y un marketing de orden superior tenemos a uno de los autores españoles de mayor proyección nacional e internacional en el mundo de las letras. Académico, traducido por doquier, monarca del Reino literario de Redonda, editor y candidato al Premio Nobel, ha escrito y publicado una novela cada tres años aproximadamente desde “Los dominios del lobo” con la que se inició con sólo 19 años, en 1971. Es decir trece novelas si contamos la trilogía de “Tu rostro mañana” como una sola novela (1.600 páginas y ocho años de gestación). Mención aparte,  dos libros de cuentos,  once libros compilatorios de artículos (no da puntada sin hilo, este gran estratega de las ventas) y cuatro incursiones al ensayo.

Su última novela, “Los enamoramientos”, editada por Alfaguara, es otra vuelta de tuerca al mundo personalísimo de Marías, donde todos los personajes hablan y se expresan igual, donde la acción cede la pauta a la disgresión filosófica o literaria y donde lo que importa es el juego verbal, siempre narrado en primera persona y siempre con voz masculina. En esta novela hay un cambio mínimo: la narradora es una mujer María Dolz, que trabaja en una editorial (lo que permite a JM lanzar buenas puyas a escritores y editores, incluido él mismo)  y se relaciona con los otros tres personajes de la trama. Pero al lector le dará lo mismo ya que hay poca diferencia entre la voz masculina y la femenina, excepto en detalles obvios que no interesan a la psicología del personaje. Hay un ingrediente de thriller, un asesinato, pero realmente sólo interesa como revulsivo de las intervenciones de los tres personajes principales, de la justificación o no del crimen, todo dentro de una especie de tratado filosófico-social-costumbrista-literario sobre el enamoramiento como proceso y estado, los efectos que tiene sobre sus sujetos y entre ellos el de difuminar la línea moral de nuestros actos y los ajenos. Es como “La soga” de Hitchkock en versión Marías.

“Los enamoramientos” es otra vuelta de tuerca en el ensimismamiento literario de Marías, que tan buenos réditos le proporciona. Para los incondicionales de este autor tan amado por la “intelligentzia” oficial se trata de una obra excelente, para los críticos, incluidos los que como yo aprecian la labor de este escritor y admiran su eficacia global, es un poco más de lo mismo, aunque con la virtud de que logra que atraigan sus interminables variaciones sobre los mismos temas (el enamoramiento, el amor, las lealtades, la impunidad, las decisiones y los actos, la razón sentimental, la muerte y la falsedad, la imposibilidad de conocer la verdad) y el desparpajo con el que incluye su vida, a sus amigos y enemigos, su obras y los personajes de ella, en un totum revolutum que atrae como el misterio y encanto de una vieja y familiar biblioteca inglesa, con olor a incunables, algo de brandy y aroma de pipa, donde JM reina como monarca absoluto. La hipertrofia narrativa es el sello del estilo de Marías, la reflexión, las conjeturas, la especulación que nace de los hechos, el constante ir y venir, un caracolear del pensamiento que no resuelve nada, pero que tiene su valía en su propio discurso interminable.

La suya es una escritura obsesiva que no se resuelve más que en su andadura filosófica y reflexiva. Esta vez con una trama policiaca donde el lector asiste a un continuo ir y venir de pensamientos sobre la culpa, la muerte, la moral, entre tres personajes: María Dolz, su amor imposible Javier (trasunto literario del autor, claro está, al que describe con “sus labios femeninos y ojos de Giotto”) Díaz –Valera (y responsable ultimo del crimen) y la mujer del muerto, Luisa.) Naturalmente hay apariciones estelares de antiguos personajes de otras novelas de Marías. Incluido el profesor cervantino Francisco Rico (que parece estar muy feliz con sus apariciones en las novelas de su amigo). Pero los hechos de la trama son lo de menos, lo que importa y es lo que se piensa y se dice sobre ellos.

 

Como en todas las novelas de Marías, la presencia de libros y autores clásicos. En esta ocasión una novela de Balzac, “El coronel Chabert” (que el mismo Marias publica en su editorial de El Reino de Redonda y que prefigura una elemento de su novela: la segunda vida y segunda muerte de un personaje, al modo de “El difunto Matías Pascal”. También “Los tres mosqueteros” de Dumas, el permanente Shakespeare tan amado y citado  por Marias, el diccionario de Covarrubias.

 

Dentro de la misma novela y esta es una virtud de Marías, él mismo define su estilo tan confuso por su “tendencia a disertar, a discursear y a la digresión”, “su sintaxis de encadenamientos a menudo arbitrarios” y de que es fiel al principio de que “La verdad no es nunca nítida, sino que siempre es maraña. Hasta la desentrañada”.

 

Se desprende de la novela una visión bastante cínica de los sentimientos, una desvalorización sutil del enamoramiento como algo que se produce por el azar, uno de los temas recurrentes de JM “no suele haber nada grandioso en las  historias amorosas sino es más bien quién está libre en ese momento, el que pasa por aquí…no es una elección, no es producto de la voluntad” Siempre somos sustitutos de alguien”. La gente tiene la fantasía que el destino le ha unido a tal persona. Uno acaba estando con las personas con las que se cruza en el camino. Todos venimos de los descartes, de los fracasos, de las timideces ajenas. El enamoramiento para JM siempre es un debilitamiento, una renuncia a nuestra voluntad a favor del otro, incluso una suspensión de nuestros principios y sentido ético. Al enamorado siempre le perdonamos todo. “El estado de enamoramiento justifica bastantes vilezas”.Otro tema implícito en la novela: la impunidad, el hecho de no acabar nunca de saber las cosas, la verdad como maraña

Para JM nadie debe buscar en las novelas respuestas a nada. Cita la frase de Faulkner, “lo que hace la novela tiene el mismo efecto que el que enciende una cerilla en mitad del campo en plena noche. No ilumina nada, solo sirve para ver cuanta oscuridad hay alrededor”. Al menos él reconoce que el oficio de escritor no le ha dado seguridad o confianza en los recursos. Creo que eso es pura coquetería.

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Por nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - Publicado en: comentario literario - Comunidad: Pluma, tinta y papel
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