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11 marzo 2012 7 11 /03 /marzo /2012 08:47

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Película para amantes de los mitos, para forofos de la estrella prematuramente desaparecida, para nostálgicos de una época que no volverá a repetirse y para fanáticos de los misterios humano-históricos que no se han resuelto: ¿fue accidental la muerte de Marilyn? ¿cuál fue su autentica relación con los Kennedy y qué papel jugó en el trágico destino de los dos hermanos? ¿era tan inteligente como se dijo después o tan boba como se decía mientras existió? Para estos una advertencia: nada de lo dicho queda aclarado con el visionado de  "Mi semana con Marilyn"

Se trata de una cinta realizada ad major gloriam de la estrella y de su memoria. Recuerda bastante aquella comedia británica "Mi estrella preferida" en la que un joven auxiliar de una cadena de televisión debe lidiar durante unos días con una estrella de cine  --Peter O'Toole ni más ni menos-- envejecida, un héroe de otros tiempos, aguantando todas las locuras y caprichos de un Peter inolvidable, lleno de recursos y sabiduria interpretativa, siquiera interpretándose a sí mismo, como este actor solía hacer casi siempre (excepto en la celebérrima "Lawrence de Arabia").

Ya desde el principio se nos presenta la baza única de la película: la algo interesante "semejanza" entre la actriz Michele Williams y Marilyn MOnroe y los esfuerzos de aquélla por imitar todos los gestos, mohínes, carantoñas, movimientos,  dramas internos y externos, sensualidades varias de la icónica estrella. Lo cierto es que lo hace muy bien (no en vano aspiró al Oscar que al final se llevó la incombustible  Meryl Streep), pero en los mejores momentos de la imitación falta algo que todos los que hemos visto una y otra vez algunas de las interpretaciones de la Monroe detectamos de súbito: se trata de un elemento difícil de mensurar y mucho menos de describir. Es como una suerte de exhibicionismo sensual e inocente, como un gesto erótico de colegiala, inesperado y como involuntario, algo pícaro, que no parece destinado a seducirte, sino que aparece de forma espontánea y que, precisamente por eso, te seduce irremediablemente. Pues bien, señores, esto falta. A pesar de la radiante belleza de la Williams y su bien entrenada habilidad para tratar de ser Marilyn

La historia está basada en las memorias del escritor Colin Clark que en su juventud protagonizó una experiencia semejante cuando en Inglaterra se rodaba "El príncipe y la corista" (1957), con un Lawrence Olivier genial y pagado de sí mismo que competía con la estrella americana, la despreciaba y al tiempo la deseaba y trató de seducirla (infructuosamante). Kenneth Branagh compone un Olivier entre la comeddia de l'Arte y la bufonería del exceso, ante el que la Williams --ojo, no su representada, Marilyn-- juega un papel brillante de timideces y coquetería.

Todo transcurrre como una comedia de enredos (como una versión en color de "Vacaciones en Roma") y ni siquiera las evidencias dramáticas y aun traáicas de la vida cotidiana de la actriz, sus drogas, su inseguridad, sus matrimonios desgraciados --entre ellos con Arthur Miller, el de "La muerte de un viajante", quien jamás llegó a comprenderla y seguramente a satisfacerla-- su necesidad de afecto y su soledad, logran dar a la película la pátina de documento, incluso de homenaje, que se le quiere dar

Alguien da un consejo a Brannagh-Olivier sobre cómo relacionarse con la actriz, y le dice: "Acéptala como es y no tendrás problemas. Intenta cambiarla y te volverá loco". Pues eso es exactamente lo que ocurrió con la vida personal de la actriz y en plan paródico lo que ocurre con esta película: es imposible reflejarla tal como fue y por eso el resultado, aunque no nos vuelve locos, tampoco nos satisface.

Simon Curtis dirige con un ritmo poco logrado, con momentos lentos o acciones ralentizadas, aunque con un excelente equipo de producción. Eddye Redmayne logra dar verosimilitud a su atormentado y juvenil personaje (no debia costarle mucho mostrar su fascinación por la rubia y explosiva actriz), Branagh se muestra endiosado y cruel a partes iguales y entre las joyas de la corona brillan Judi Dench, cada día más segura de sí misma, Julia Ormond, Derek Jacobi (interpretándose una vez más a sí mismo) y Toby Jones que sigue comportándose como cuando "fue" Truman Capote o yo siempre le veo así.

Película menor sobre una actriz mayor y una persona desdichada.

 

 

 

 

 

 

 

 

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