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1 noviembre 2012 4 01 /11 /noviembre /2012 08:21

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El generalmente sobreactuante Eddie Murphy es un famoso agente literario con mucha cara, no demasiadas luces, menos ética y un comportamiento prepotente, abusivo y falaz. Su éxito se debe a una fuerte mezcla de esos ingredientes, con un exceso de la pimienta de la falta de escrúpulos. Con estos antecedentes, y un poco hastiado de los gestos del señor Murphy (que tiene ganado el corazón a un sector de público amante del humor grueso, entre los que no me cuento) tomé la sensata decisión de abstenerme de ver esta película. Sin embargo, la defensa de un amigo al que respeto como cinéfilo y el hecho de pasar una hora y pico de cine viendo como el desbordante, y desbordado, actor se ve obligado por imperativos del guión a estar en parcial silencio pues solo tiene la posibilidad de pronunciar mil palabras y despues morir, a no ser que se deshaga el sortilegio en el que cae por su mala cabeza y peores métodos, en fin, la suma de todo eso me convenció de ponerme ante la pantalla. El silencio de Murphy podía ser un valor añadido a la película que suavizaría el reto de volver a soportar la gestualidad excesiva de tan dilecto cómico.

Se que hay legiones de fans de Murphy e incluso le he visto algunas películas que tienen alguna cosa más que astracanadas y humor grueso. Pero en fin, el reto de "Mil palabras" me parecía excesivo. La trama es lineal, bastante previsible aunque puede resultar divertida en manos de un gran cómico, cosa que Murphy no es.

Entonces, ¿cual es el secreto del exito, no demasiado, de "Mil palabras"? Murphy es un payaso que puede ser patético pero que a veces es simplemente gracioso y suele dominar el registro de dejar entrar la ternura en algunos momentos clave. Como decía mi amigo, "con este tipo puedes volver a ser impunemente un adolescente". Con todo lo que de limitativo y maniqueo tiene el asunto.

La redención espiritual que se opera a través de un castigo, un reto, un desafío, una penalidad, es un recurso argumental archisabido. Murphy hace creíbles el fastidio, el horror, la congoja y el humor de la historia, pero no logra que nos creamos su rostro de niño bueno y sus ansias de integrarse a la nomina de los angeles con un comportamiento en las antipodas del que tuvo toda su vida. Las cosas del cambio, ¿saben? no van exactamente así. Y los cambios tardan mucho, mucho en producirse, después de muchos, muchos, quebrantos. Pero bueno, es una película para divertirse  no un tratado de superacion personal.Quizá lo mas interesante de esta pelicula irregular sea la idea de que el arbol (de la vida, que casualidad señor Terence Malik) va perdiendo una hoja por cada palabra que pronuncia el infausto Murphy. Lo demás es silencio...

 

   
     
         

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