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6 diciembre 2011 2 06 /12 /diciembre /2011 08:50

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Subir al Moncayo resulta ser uno de los deseos más comunes entre los caminantes y montañeros de Aragón. Pude comprobarlo cuando ascendí a ella y en la cumbre me encontré a un grupo de maños que celebraban con vigor y bastante ruido el coronar cima. Uno de ellos, al darse cuenta de mi extrañeza por semejante alboroto (no es una montaña particularmente alta, 2314 metros, ni difícil de subir excepto en lo más crudo del crudo invierno), se acercó me tendió la bota de vino para que diera un trago y me explicó: "Los aragoneses tenemos en mucha estima esta montaña, es como un símbolo. Como para los catalanes Montserrat o el Montseny. "Nosotros hemos recorrido los Pirineos--continuó-- pero siempre pensábamos en el Moncayo y nunca encontrábamos el momento para venir. Hoy, después de veinte años de hacer montaña, lo hemos subido". Bebí con ellos a su salud y compartí unos frutos secos y unas naranjas, metidos todos en uno de los seis o siete cercados de piedras o refugios que en plena cima pelada impiden que el viento se te meta hasta el alma. Porque el Moncayo es, o suele serlo, la guarida de los vientos.

La leyenda de esta montaña nos habla del célebre gigante Caco, aficionado a lo ajeno, que le robó a Hércules varias cabezas de ganado y las escondió en la cueva de la cercana Ágreda. El semidios localizó al ganado y al ladrón y le castigó enterrándolo por allí. Justamente el Moncayo es lo que quedó del gigante sepultado. Ahora el Moncayo roba el aliento a los montañeros por la pendiente última de subida.

Para hacer esta excursión que puede oscilar entre las cuatro o las seis horas es conveniente disponer de un par de días: uno de acercamiento hasta la localidad de Tarazona, verdadero punto de partida y reposo de todas las excursiones, y el segundo, la subida propiamente dicha, que puede solventarse en una mañana, siempre que uno se ajuste al simple objetivo de coronar el Moncayo y no se deje seducir por las múltiples posibilidades radiales que ofrece todo el macizo y sus alrededores, en un ambiente cercano al de alta montaña.

Un par de horas desde Zaragoza, a las que se debe añadir otras dos si vamos desde la zona del Bajo Aragón o Cataluña, nos lleva, tras pasar por el monasterio de Veruela al Parque Natural de la Dehesa del Moncayo. La pista que lleva desde la carretera de acceso hasta el Santuario de Nuestra Señora del Moncayo está en excelente estado y circula bajo un hermoso bosque de pinos y abetos, hayas, carrascas y robles.

En julio y agosto, hasta mediados de setiembre hay que dejar el coche en los primeros aparcamientos junto al centro de interpretación y comenzar desde allí la subida por un sendero que va cruzando las lazadas de la pista y que en una hora y pico nos lleva, entre el bosque y las fuentes, hasta el aparcamiento superior, cercano al Monasterio que hoy es un albergue con restaurante.

En esta ocasión pude llegar en coche hasta ese último aparcamiento bajo los árboles e hice a pie el ultimo tramo de pista -de tierra- que lleva al albergue para disfrutar del paisaje y calentar los músculos. Justo detrás de los edificios del restaurante empieza el sendero de subida que, muy pronto, se bifurca: a la derecha vamos directos a la cumbre y el de la izquierda tiene el mismo objetivo pero a través del Collado de Bellido y es un par de horas mas largo. El sendero comienza una subida constante bajo los árboles del bosque, con escasas posibilidades de contemplar el paisaje de la inmensa llanura que se extiende a sus pies.

En unos 50 minutos llegamos a una zona abierta, solo quedan algunos abetos, en la que ya vemos la cumbre del Moncayo a nuestra derecha y el maravilloso Circo Glacial o Pozo de San Miguel (santo que da nombre a  la cumbre) , cuya inclinadísima ladera directa forma “El Cucharón” --como se le conoce en ambiente montañero-- que ha resultado ser una trampa mortal para muchos deportistas durante el invierno, cuando la cóncava superficie está helada. El sendero sube abruptamente a la izquierda del "Cucharón", evitándolo, haciendo lazadas muy empinadas hasta llegar al contrafuerte y hacer un ascenso más suave cresteando (este es el lugar peligroso con nieve y hielo) hasta la cumbre. Para los menos avisados un cartel advierte: "Atención, con nieve dura zona de deslizamientos con salida al vacío". El circo glaciar es modesto comparado con sus vecinos pirenaicos, pero las pendientes o canchales de piedra y peñascos cortados por el hielo dan un aspecto primitivo y duro al paisaje.

Pero en esta época, sin nieve, no hay peligro alguno aunque es fácil hacerse la idea del peligro en tiempo invernal:, cuando uno está en la línea o cuerda de la cresta superior avanzando hacia la cumbre los vientos nos azotan con una contundencia feroz: tuve que avanzar inclinado hacia delante para tratar de mantener la verticalidad, con fuertes rachas de viento frío que en momentos cambiaban de dirección y me desestabilizaban. Unos metros delante, bajando de la cima, un grupo de montañeros se inclinaban para soportar la ventolera. Al cruzarse, intercambiamos comentarios. "Arriba aún sopla más fuerte, tendrás que meterte en algunos de los refugios de piedras, pero a media mañana suele amainar. Y aun tenemos suerte: no sopla el cierzo, ni hoy creo que lo haga". En esta zona predominan dos vientos principales, el cierzo, un viento frio y seco que sopla desde el noroeste y el moncayo, algo menos frio y también seco que sopla desde el oeste. Sin embargo hay otros nombres que definen otros vientos locales en una zona que se distingue por la enorme planicie que rodea en mas de cien kilometros a la redonda la elevación del Moncayo, solitaria cumbre y por tanto objetivo de los vientos mas variados.
La cima del Moncayo está señalizada por un vértice geodésico, una columna y una cruz y festoneada de grandes círculos de piedras que forman muros de unos 50 centímetros de altura, donde uno puede reposar sin ser zarandeado por los vientos. La subida ha costado unas dos horas desde el Santuario, son cuatro horas si se hace la ruta del Pico Llobera y Collado del Bellido y a esas dos hay que añadir una hora y pico más si la hacemos en épocas en que no se puede subir en coche.

Desde la cima, cuando amainó un poco la ventolera, se distingue un magnifico paisaje circular que abarca tierras de Aragón, Soria y Navarra, los pueblos de Alcalá del Moncayo, Añón, el vañle del rio Huecha, la peña Lobera a nuestra izquierda (2226m) el gran valle del rio Araviana y las localidades de Beraton y Talamantes. Es un buen atalaya  para observar el valle del Ebro, la sierra del Guara al norte y más allá el Pirineo, si el dia es claro y sin nieblas. Bosquedales, sembrados, tierras de labor, colinas, estanques, arboledas, uno no se cansa de prender la mirada en esa enorme planicie que se extiende por los cuatro puntos cardinales.

En poco mas de una hora se hace el sendero de bajada por el mismo lugar. Ha valido la pena.

 

 

NO SE PIERDA

Dediquen un dia a patearse la muy antigua ciudad de Tarazona , el castro Turiaso celtíbero, con sus huellas romanas  (Colegio Público Joaquín Costa), godas y de la  marca hispana  de Al Andalus. También musulmana,  Tyrassona, y reconquistada tras una lucha de cuatro siglos. A partir de ahí, el Renacimiento, siglos XV y XVI con monumentos tan bellos como la iglesia de Santa María Magdalena y la Catedral muestras del arte medieval reformado, la Zuda, fortaleza árabe y el  Ayuntamiento (antigua Lonja), Palacio Episcopal, la Iglesia de San Miguel, el convento de la Concepción o el de San Francisco o de la Merced, la Iglesia de la Virgen del Río joyas de arte renacentista .  Para dormir les recomiendo el Hostal de Santa Agueda que incluye un diminuto museo dedicado a  Raquel Meller.

Visiten también la cercana localidad de Agreda donde las leyendas sobre brujerías y aquelarres parecen avivar la presencia de Bécquer y la imagen lóbrega pero fasinante del castillo de Trasmoz.

 

 

BÉCQUER Y MACHADO

 

El Moncayo es tierra de poesía y tradiciones, de belleza y magia, de sensualidad estética y brujería. Fuertes contrastes que parecen emanar de su geografía austera y embrujadora. El Monasterio de Veruela, al pie mismo de la montaña, fue el lugar de residencia de Gustavo Adolfo Bécquer, que escribió desde allí sus textos "Desde mi celda" en 1864, convaleciente de una tuberculosis. Machado, que llega en 1907 a Soria, dedica en su "Campos de Castilla" varios poemas a dos picos de la zona, el Urbión y  el Moncayo. Y escribe:

"¿No ves, Leonor, los álamos del rio,

Con sus ramajes yertos?

Mira al Moncayo azul y blanco, dame

Tu mano y paseemos."

 

 

BRUJAS

Durante la edad media hubo una fuerte tradición de brujería, encantamientos, criaturas malignas y gigantes en estas tierras. Las brujas eran especialmente conocidas en Trasmoz, Tarazena,y Agreda. Bécquer recoge una leyenda sobre Dorotea de Trasmoz, la bruja más conocida de esas tierras. La tradición popular convertía a las curanderas --mujeres con gran conocimiento de botánica y de hierbas medicinales-- en brujas expertas en malignidades y males de ojos, con lo que abrían la puerta a su exterminio por razones "religiosas".

 

DOCUMENTACIÓN

 

Recomiendo la “Vuelta al Moncayo” GR 260, editado por la Federación Aragonesa de Montañismo (FEDME) y Prames, el mapa excursionista “Las tierras del Moncayo” (1:40.000) de Prames.  "Moncayo” de Juan Carlos Borrego, editado por Alpina en su colección familiar “Los caminos de Alba”, todos ellos fáciles de encontrar en librerías especializadas o en la de Serret, en Vallderrobres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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