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9 marzo 2012 5 09 /03 /marzo /2012 08:51

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Se trata de una película iraní. Sí, iraní. Los tópicos, pais musulmán atrasado, dictadura política y religiosa, agresividad, cultura escasa, manipulación social, barreras y diferencias abismales entre las clases, resultan cómicos si no fueran insultantes. Asqhar Farhadi ha realizado una pelicula que levantó en un  clamor a los espectadores que la vieron en la ultima Berlinale, se ha llevado el Oscar a la mejor película extranjera y la está viendo en todas partes esa minoría de público interesado en el buen cine y con curiosidad por conocer cómo vive un pueblo al que nos han pintado con colores siniestros.

La trama puede suceder en nuestro país, con algunas variaciones más debidas a un progreso reciente que a considerar que no tiene nada que ver con nosotros. En un pasado no muy lejano se vivían situaciones parecidas aquí y era nuestra sociedad la que parecía exótica. Las diferencias son una cuestión de grado, así reconocemos que en nuestros tribunales de justicia se viven casos muy semejantes a los que vemos en la cinta, aunque el otro punto argumental, la situación de la mujer en la sociedad musulmana iraní, la aleja de nuestra actualidad social ( pese a que el machismo patriarcal sigue estando más presente de lo que pensamos).

Nader y Simin, ambos profesionales universitarios, quieren separarse, aunque se aman y se respetan. ¿Qué ocurrre? Simin quiere irse al extranjero para el bien de la familia y el futuro de su hija adolescente. Nader no desea abandonar a su padre enfermo de Alzheimer. El asunto acaba en los tribunales (ya que la ley prohibe a una mujer casada irse del país sin permiso de su marido, por lo que Simin pide el divorcio). No les dan el divorcio en primera instancia por lo que se separan y Nader se ve obligado a contratar a una mujer ultraortodoxa para que cuide de su padre. Aquí el fanatismo religioso provoca momentos patéticos que van desembocando en una escena violenta --debido a un presunto robo del que no se da más noticia--en la que Nader expulsa de su casa a la mujer --aunque mas por haber desatendido al anciano-- y la empuja sin recordar que está embarazada.

A partir de que la mujer pierde al hijo que esperaba y demanda a Nader por haberla empujado, el fanatismo religioso deja paso a las diferencias de clase, a la justicia primaria, a las amenazas y las mentiras (Nader no reconoce que sabía el embarazo de la mujer), en la que --como suele suceder--las mayores víctimas son los niños. Y es Termeh, la hija adolescente de la pareja, la que acaba viendo arruinAda su vida familiar y abocada a un desconcierto, decepción y dolor con el que se cerrará la película.

Ficción con la fuerza demostrativa y polémica de un documental, dotada de un realismo humanitario, de una gran delicadeza en mostrar las fuerzas  extremas que se debaten en la trama, la religión, el honor, la conciencia, el amor a la verdad, el respeto, el amor a los padres, el cuidado de los hijos. Y todo ello sin manipulaciones, sin juicios y mucho menos condenas. Pero, al tiempo, mostrando como el orgullo, la cerrilidad maniquea, el miedo, se vuelven como un boomerang contra la hija que Nader y Simin pretendían proteger, imponiéndole ambos en el final una  imposible elección.

Verán una película sabia, bien estructurada, con personajes dotados de una inmediatez y una humanidad desconcertantes, sujeta a un ritmo y una tensión habilmente administrada (el espectador no puede despegar los ojos de la pantalla las dos horas que dura la proyección, ante la concatenación de pequeños hechos, actitudes y acciones de unos actores en estado de gracia).

Leila Hatami, Shahab Hosseini, Sareh Bayat o Sarina Farhadi, dan una lección de pasmosa naturalidad ante la cámara, componiendo unos personajes que trascienden el drama familiar, social, religioso que se desarrolla ante una sociedad encorsetada por directrices politicas, sociales y religiosas. Lo cual suma obstáculos a la trama cuando el egoísmo, el orgullo, el miedo y la mentira toman las riendas en las vidas humanas. La película deja un regusto amargo y triste, aunquen sabemos que las cosas suelen ser así, nos rebelamos porque "deban" ser así. La obcecación y el orgullo de los padres muchas veces causan sufrimiento y heridas psicológicas difíciles de asumir a los hijos. Eso sólo debería hacernos reflexionar a la hora de establecer nuestra escala de valores, nuestro listón de tolerancia. La película hace reflexionar, ese es su valor.

No se la pierdan.

  

 

 

 

 

 

 

 

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