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1 julio 2014 2 01 /07 /julio /2014 14:02

 

El pequeño y recoleto pueblo de Beceite, al resguardo de la sierras de la Escalera y al sur limitado por el enorme farallón rocoso de los Puertos, --uno de los lugares montañosos más bellos y agrestes de la Península--,se convierte a poco que uno patee sus alrededores en la joya del Matarraña para la sensibilidad de cualquer senderista. El montañero tiene donde escoger: pasear por la Pesquera con sus pozas de agua fría, seguir al Matarraña por las gargantas estrechas del Parrisal, subir a la curiosa roca truncada de La Caixa o buscar las crestas del Perigañol, rodear el pantano de Pena para subir a los Tres Reyes, hacer la travesía del Ulldemó al Matarraña por la Sierra de la Escalera, subir desde el final de la Pesquera hacia la Mola de Lino o lanzarse montaña arriba hacia Fredes y el corazón de los Puertos. Todo en el mismísimo corazón de Beceite.

Sin embargo hay un paseo poco conocido y recientemente adaptado para el disfrute seguro de los senderistas: el que sigue la calzada romana que unía Beceite con Valderrobres y más tarde fue ocupada por un acueducto tardo medieval, que sería remozado en siglos más cercanos por la gran población campesina que aprovechaba las aguas del Matarraña para sus cultivos. Ahora la carretera nueva, el abandono de los cultivos familiares y la emigración a las ciudades ha cambiado radicalmente el paisaje. Ha sido una buena idea la recuperación de la calzada y de parte del acueducto para uso deportivo. Es un tramo de la historia remota que en este pueblo parece estar enraizada en el paisaje. Precisamente de historia nos ocuparemos con la segunda excursión que propongo para completar el día. Una visita al fortín del general carlista Cabrera, conocido también por "el tigre del Maeztrazgo", restos militares situados en una lugar montañoso privilegiado e inexpugnable como observatorio y punto de control  y hostigamiento bélico.

Una vez en Beceite, dejamos el coche en la entrada del pueblo en un amplio parking y volvemos hacia atrás por la carretera que viene de Valderrobres. Dejamos el hotel Font del Pas (hay otro en la localidad, dentro del pueblo, también muy recomendable, "La Fábrica de papel") y a menos de cien metros a nuestra izquierda hay una pista cementada que sube abruptamente montaña arriba con dirección al camping. Los menos preparados fisicamente pueden subirla en coche pues hay sitio para dejarlo en el camping. Unos quince minutos de fuerte subida hasta las instalaciones del camping. Desde allí dediquen unos minutos a contemplar la vista casi aérea sobre Beceite por un lado y la cinta azul de la carretera que atraviesa el desfiladero del rio Matarraña, a su derecha. Al otro lado del río podemos ver.excavada sobre la pared de roca, las protecciones y muretes que se han habilitado para favorecer nuestro paso.

Dejamos el camping a nuestra espalda y por encima, bajando por una pista que sale a la izquierda y luego gira hacia la derecha dirigiéndose hacia el barranco del río. Cruzamos una gran explanada de acampada y cogemos una senda al final rodeada de bancales de cukltivo abandonados y muretes de piedra seca. Seguimos intuitivamente la bajada hacia el barranco ya que no hay señalización alguna. Comienza un descenso fuerte y también cambia el suelo que es de roca y piedras planas: estamos en plena calzada romana. Psamos por un angosto defiladero junto a la roca viva del monte que nos limita a la derecha y el barranco lleno de vegetación  y árboles a la izquierda.

En esta zona hay un mirador con el suelo formado de varias piedras cuya forma y tamaño nos hacen pensar en la calzada, aunque ahora están fuera del camino. Desde ellas vemos el barranco con el rio al fondo y la carretera por encima, al otro lado, frente a nosotros. Seguimos bajando, pisando quizá piedras por las que pasaron las legiones y sus pertrechos a lomos de mulos y mas tarde las gentes del medievo y las de los años también oscuros de la llamada "edad moderna" antes de que la modernez contemporánea se llevara a todos como lágrimas en la lluvia y dejara estos lugares medio abandonados hasta bien entrado el siglo XX. Estamos pisando historia. Pero tengan en cuenta las precauciones si llueve o ha llovido recientemente. Es muy resbaladizo.

En este primer descenso encontraremos una agradable cueva a nuestra izquierda, pero lo realmente destacado lo verán si alzan la vista: un airoso arco de medio punto romano sujeta los muros de contención del camino. Precioso. Me pregunto cuántos restos de nuestra arquitectura actual permanecerán con esa gracia pasados más de dos mil años.

La senda sigue bajando rodeada por pinos y encinas tan apretados que es imposible ver nada del paisaje aunque se escucha sin cesar el motivo musical obsesivo y susurrante del rio, que discurre unos metros más abajo, a nuestra derecha. En un momento, cuando estamos a escasos metros ya se ve  frente a nosotros la carretera y unas edificaciones abandonadas entre la maleza, vemos la base de la montaña que limita el cauce del río. Excavada en ella, un paso protegido con maderos, listones y cables que discurre sobre la ladera hasta aposentarse en un limpìo sendero protegido por un muro de más de medio metro de altura. En realidad se trata de una vieja acequia y por el cauce donde discurría el agua se ha habilitado el sendero que va ajustandose a los salientes y entrantes de la roca, siempre con el rio a nuestra derecha.

Será algo más de media hora de caminar por un sendero protegido de la barranquera sobre el cauce del rio por el un muro de unos 80 cm de alto . Encontraremos un magnifico puente diminuto de piedra que debía existir cuando por allí corría el agua que nutría los cultivos de la zona. El trabajo de ingenieria es magnífico y los arreglos para destinarlo a senderistas son ejemplares. Algo más de un kilómetro nos lleva al final del sendero que va a dar a una pista que se eleva nuevamente hacia Valderrobres y un acceso al rio que se cruza sobre pilones blancos de cemento (es muy superficial el cauce) y nos deja en otra pista que sube hacia la carretera.

Para volver hay dos opciones, regresar por el mismo sendero (recomendable) o subir hasta la carretera y regresar por el arcén hacia Beceite (con mucho cuidado pues es carretera muy transitada). Se trata de  un recorrido fácil, con algun desnivel, aunque no muy fatigoso y algo más de seis kms entre ida y vuelta. Unas tres horas con calma y disfrutando del paisaje y el aura de la historia remota.

 

NO SE PIERDA

EL FORTIN DE CABRERA

Como complemento vale la pena dedicar un par de horas más a visitar los restos de los fortines militares erigidos a las afueras de Beceite, colgados sobre una elevación del muro montañoso que limita el camino que va al Parrisal. Pueden ir andando desde el pueblo o llevar el coche hasta una ampliación del firme, junto a la carretera, al lado de la bella casa a la que llaman "La cova del aire" que aprovecha el abrigo de la roca bajo la que está construida. Unos metros más alejándose del pueblo y a la izquierda. en una curva cerrada, vemos el cartel que apunta roca arriba hacia los fortines.

Están enclavados en la ladera sur de la Sierra de Les Escales, entre los barrancos de Marrades y Comellasos. Se trata de un paseo escarpado (hay unos 300 m de desnivel directo y seguido) que vale la pena efectuar para ver los restos de las construcciones militares del mítico y legendario Ramón Cabrera, general de la primera guerra carlista, envuelto en una sangrienta historia bélica y familiar que desoló estas tierras y el vecino Maeztrazgo, principalmente Cantavieja (su cuartel general) Morella y otras poblaciones cercanas. El ascenso comienza en plena roca. junto a un muro de piedras y restos de murallas defensivas. A unos minutos nos encontramos con una bifurcación del sendero. A mano izquierda nos lleva a algunos restos de edificaciones militares y de vivienda y, por entre los arboles nos acerca a la casa que hemos mencionado. Recordemos esta bifurcación pues a la vuelta bajaremos por ella y nos dejará justo en la explanada de la carretera donde hemos dejado el coche.

El  sendero sigue a la derecha y cuando nos acercamos a los fortines, un muro de piedras protege el camino, que se ensancha. Encontramos los restos de una torre circular con aspilleras de fusilero abiertas en los muros, rodeados por murallas de gran grosor. Hay que superar un desnivel de ciento y pico metros para llegar al fortin propiamente dicho, un recinto rectangular construido  sobre un cerro a 877 m de altura, con dos torres de dos pisos que lo flanquean.La del fondo servía como recinto de la tropa y la más cercana  a la puerta, a la que se accede por unas empinadas escaleras de piedra, tiene aspilleras de fusileros en la parte superior y troneras para artillería (morteros, cañones y obuses) en la de abajo. Desde ellas se contempla una panorámica espectacular de 360 º que recoge desde los Puertos de Beceite y sus agrestes elevaciones caprichosas, hasta la salida de Beceite, los pueblos de alrededores y la carretera que viene de Tortosa. Hay un aire desolado pero marcial en todo este lugar, ahora silencioso y ocupado por una vegetación variada, arboles y arbustos entre las rocas que nos rodean.  Vale la pena descansar un rato entre estas piedras legendarias.

DOCUMENTACION

El amigo Octavi Serret tiene en su librería de Valderrobres,  a disposición del caminante, una amplia serie de libros sobre las andanzas del general Cabrera y también sobre los fortines de Beceite. El MTN50 numero 521 (1:50.000) es el mejor mapa de la zona y como apoyo el libro archirecomendado de Jordi Bustos, "Intinerarios por los Puertos de Beceite". Fuera de esta zona cualquier librería especializada en senderismo o libros de historia sobre las guerras carlistas.

Beceite: de la calzada romana al fortín carlistaBeceite: de la calzada romana al fortín carlista

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