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24 julio 2011 7 24 /07 /julio /2011 08:07

He asistido perplejo a la sorprendente historia de la vida y obras de un "santo" de nuestros días, san Francisco Camps. Ascenso, esplendor y decadencia de un chorizo bien trajeado y con moral de Pitecantropus erectus. Edificante muestra de que una no diagnosticada patología política se ha enquistado en la cultura sociopolítica de nuestro siglo XXI, ansioso por igualar e incluso mejorar la iniquidad del anterior, el vergonzante siglo XX.

Lo grave de todo esto no es la existencia y prepotencia vital de especímenes como Camps o Berlusconi, por citar dos de los más descarados, sino que ambos tengan legiones de votantes que parecen huérfanos de los más elementales principios de ética y responsabilidad políticas. ¿Sólo se trata de clientelismo? ¿De miedo? ¿De simple compraventa? Creo que hay algo más profundo que huele mal, que huele a podrido en occidente. Es la desaparición del límite, de la frontera, de los hitos que señalan la zona peligrosa donde no existe la honestidad (o, peor, se considera una debilidad de tontos), se sostiene que los atajos tramposos son más rentables que el camino del trabajo y se admira y premia al descerebrado que ostenta la desverguenza, el abuso y el enriquecimiento fácil como banderas.

Ateniéndonos al caso Camps y al refrendo electoral recibido hace algo más de un mes, uno siente crujirle los soportes del alma cuando lee en los periódicos que el presidente de las Cortes valencianas, Juan Cotino, califica al "prohombre" dimisionario, o dimisionado, de Galileo Galilei que "aun teniendo razón, fue acusado, obligado a confesar y condenado a arresto domiciliario de por vida". Dios santo, ¿Camps tildado de parecerse a Galileo, una de las figuras señeras de la honestidad y el auto sacrificio valiente? ¿En qué tiene razón, en las tragicómicas secuelas de sus corruptelas? ¿No le supura al señor Cotino la verguenza por entre las escasas neuronas que le funcionan?

¿Cómo puede un partido político y su dirigente orquestar un coro de suplicantes en honor de ese héroe, Camps,  que se "ha sacrificado" por Rajoy y por España? ¿Hemos perdido la razón? ¿Qué clase de cultura política estamos edificando para las generaciones por venir?

Una vez más debemos centrar la mirada en un punto lamentable pero real: en tanto sostengamos una cultura social en la que los valores de la honestidad, el trabajo bien hecho, la dignidad y el encomio de la cultura y de los principios éticos son sustituidos por una moral de mafiosos, tolerancia y admiración hacia los sinverguenzas con éxito, comprensión del fraude y de las ganacias fáciles como algo deseable y entronización de la subversión del lenguaje y la moral al servicio del provecho bastardo y se hace de ello un espectáculo, no sólo no tenemos remedio y nos hundimos en la ciénaga de la vulgaridad y el despropósito sino que seremos, en el juicio de la historia, la generación que destruyó un sistema de vida y hundió a la sociedad de su época en una crisis que pagarán con creces nuestros descendientes.

¿Apocalíptico? Oigan, lean los periódicos, miren los telediarios y echen un vistazo fugaz a los programas de telebasura más conocidos. Después, MUY INDIGNADOS, busquemos una manera de cambiar de clase política, si es posible salvando a los hombres honestos, que haberlos haylos.

 

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Comentarios

Xavier 07/25/2011 10:05


Cuanta razon tienes. El problema es que a todos los que estamos indignados se nos califica de okupas y marginados porque entre la mayoria de los que salen a la calle a protestar haberlos haylos.


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