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23 marzo 2013 6 23 /03 /marzo /2013 00:00

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Desde "El mundo según Garp" y "Oración por Owen" mi fascinación por John Irving (New Hampshire, 1942) se ha mantenido incólume a pesar de algunas memorables y discutibles complicaciones literarias como me parecieron "Hasta que te encuentre" y, en menor medida, pero también, "La última noche en Twisteds River", donde la decadencia del vigor narrativo, el bizantinismo de personajes y situaciones y las reiteraciones de clichés y esquemas, me hacían temer lo peor. Es decir, el estancamiento y la decadencia de un gran escritor.

Con "Personas como yo" el diagnóstico se complica. Iriving no parece --hoy tampoco-- un escritor corriente en el aspecto concreto del proceso creativo habitual, es decir, no sólo no se ha atenuado esa continua línea hacia la disminución de brillantez y originalidad, sino que ha dado un brusco giro temático y psicológico y se ha decidido al parecer a "salir del armario" con todas las connotacuones que ustedes quieran dar a la frase coloquial: no sólo hablo en el sentido metafórico sexual, sino también en el literario: Se ha salido de su propio "armario" argumental --muy influido siempre por su propia biografía-- y se ha lanzado al vacío con todos los pertrechos que guardaba en ese armario: personajes, conceptos, imágenes, anécdotas, retratos y sensualidades.

Y así en esta larga--unos cincuenta años-- historia biográfica del joven Billy Dean, volvemos al paisaje de New Hampshire, sus pequeños pueblos, las mujeres poderosas al estilo de la mamá de "Garp", las anécdotas de la vida de escuela y universidad, las originales relaciones familiares como en el "Hotel New Hampshire", las escapadas por Europa que forman parte de esas dos novelas citadas, los personajes maduros entrañables, el aborto y las infancias desvalidas y adolescencias problemáticas como en "Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglatrerra" (Dios, qué hermosa novela), los personaes aferrados a la bebida, la droga, la violencia o el sexo, pero siempre sin patetismo, como "La epopeya del bebedor de agua" u "Oración por Owen" (de donde sale también una figura de papá sustitutorio para adolescentes huérfamos o abandonados, siempre a la busca del padre), las mujeres casadas insatisfechas pero inteligentes y poderosas como en "Una mujer difícil" o "La cuarta mano",  los ritos de paso de los adolescentes y jóvenes hacia una madurez inteligente aunque desencantada, la afición por la lucha libre como deporte viril (Garp es un profesor de lucha grecorromana) o por el fútbol o por el beisbol, forman constantes de referencia en casi todas las novelas irvinguianas.

Como en algunas de ellas, el narrador  es el protagonista y establece a menudo relación con el lector (a la manera de "Tristham Sandy", le avisa y prepara sobre lo que va a pasar y se disculpa por entremeterse demasiado, va y viene en la narración sin hacer mucho caso de una coherencia cronológica aunque va hilando las anécdotas de una forma magistral, a través de objetos, citas, palabras o personajes. En realidad, dada la lucidez que nunca falta a John Irving, él mismo nos aclara todo en la pág. 96 de la novela, cuando su atractivo padrastro, Richard Abbot, le dice al joven Bill ante un comentario de éste sobre "La tempestad", si acaso se propone reescribir a Shakespeare y otro de los personajes clave de la novela, Kittredge, un apuesto joven deseado por Bill y que tendrá mucho peso futuro en la trama, le grita como mote e insulto: "Reescritor".. Bill comenta para el lector, "más tarde me llamó "Ninfa", aunque yo hubiera preferido el mote de "Reescritor", al menos se correspondía con la clase de escritor que un día llegaría a ser". Y eso es exactamente lo que Irving parece compendiar en esta su última novela: la reescritura de todo su universo narrativo. su pulso literario, su amor por la sensualidad y el sexo (aquí más explícito y descarnado que nunca), sus personajes desolados, crueles o enternecedores, la inteligencia, la enorme cultura clásica (hay comentarios sobre Ibsen, Shakespeare o Dickens (otra referencia común con "Príncipes de Maine..." que parecen surgidos de la pluma de Bloom), el dibujo de la mezquindad, falta de compasión o estupidez del ser humano, sobre el que nunca falta un toque de conmiseración y humor. Y como acicate complementario, esa permanente búsqueda del padre en su obra (quizá el motivo literario menos conseguido en la que comentamos) y el reencuentro paterno poco memorable --lo cual no deja de ser muy realista-- en Madrid, donde el mito amado-odiado  de la figura queda resuelto en un capítulo patético y triste, aunque con una cierta placidez irónica.

Quizá para muchos lectores de Irving esta novela no sea una sorpresa o la consideren a la altura del corpus literario de este magnífico escritor. Lo siento pero no es mi caso. Me tiene sin cuidado que un escritor sea gay o que escriba novelas de esa tendencia sexual, por tanto no se trata de que me escandalice por ello y creo que cualquier persona está en su derecho si decide escribir y vivir su sexualidad como le parezca adecuado. Lo único que no me ha gustado en Irving es que en muchos momentos parece hacer ostentación de su bisexualidad en el lenguaje y las reiteraciones (suena a veces a las famosas "Memorias  de un caballero inglés" que es un catálogo obsceno y aburrido heterosexual de coitos continuos). Hay algo "postizo" en esos fragmentos y aunque no añaden nada original ni positivo, ni son excesivos, tiñen de forma extraña el conjunto de la novela que, repito, resulta un magnífico compendio de las obsesiones literarias de Irving, que podría tener en sí mismo el valor de la coherencia intima del escritor a su mundo y no necesitaba tanta insistencia en la desbocada sexualidad de Billy.

Medio siglo de vida con un expresivo apunte a sus hechos más destacados en la esfera norteamericana (por ejemplo, Billy vive el asesinato de J.F. Kennedy en Viena mientras su novia se prepara para debutar como soprano en la ópera) trufados con los vaivenes de la compleja vida sentimental  y sexual del protagonista, dividido por su atracción indistinta hacia hombres y mujeres. Con una estructura narrativa clásica, a la manera de Dickens --el gran amor literario confeso de Irving-- o Sterne, el estilo lleno de humanidad, humor, critica cruda pero saludable y respeto  a la libertad y la tolerancia, y una temática sexual desenfrenada donde abundan las violaciones, el incesto, el aborto y algunas otras variantes. A pesar de ello, Irving se ha ganado un lugar destacado en la narrativa norteamericana de hoy. Muchos de sus personajes vivirán, como los de Dickens, por derecho propio en la memoria de sus lectores (¿quién ha podido olvidar al doctor abortista de "Píncipes de Maine..." interpretado por un genial Michael Caine en la versión para el cine, "Las normas de la casa de la sidra"?).

Obra crepuscular y antológica, pero discutible e irregular, de un escritor admirable, John Irving. De lectura obligada, sea usted gay o no.

 

 

FICHA

"PERSONAS COMO YO".- John Irving. Tusquets Editores. 467 págs. 22,50 euros 

 

 

 

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