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3 octubre 2012 3 03 /10 /octubre /2012 07:11

El valle del Algars, el río que va marcando fronteras políticas (que no naturales, ojo al dato para "nacionalistas"  incipientes) entre la Terra Alta y el Matarraña, encierra verdaderas maravillas para goce de montañeros y senderistas.Desde los estrets al Toll del Vidre, desde Peña Galera (1029) a la Punta de la Clapissa (1022m) o a la Miranda (1192m), bosques silenciosos, masias por doquier (la mayoría abandonadas y en ruinas), presencia del hombre en el pasado, lindes de piedra seca limitando campos abandonados, caminos perdidos, pozos y fuentes que fueron famosas y ahora languidecen por la sequía y por encima de todo, cumbres recortando el cielo, valles angostos, desfiladeros, picos impresionantes, farallones, cortadas de cientos de metros en roca viva...

Pero quizá lo más singular de este paseo que les propongo es la constatación de las huellas de población rural amplísima que hubo en estas tierras hasta bien entrado el siglo XX, pobladores que se pierden en la noria de los siglos pasados y cuyas viviendas, sembrados, caminos, arboles plantados, pozos y linderos de piedra, quedan más o menos deteriorados para admiración de los pocos caminantes que conocen y saben de la riqueza de estas tierras.

Comenzamos la excursión en Arnes. Podemos ir en coche desde el pueblo (a la entrada del caserío hay una pista que dirige hacia el "Toll del Vidre"). Unos cinco kms de pista rural estrecha (ojo en verano o fines de semana, apenas cabe un vehículo y hay que aprovechar los puntos de ampliación cuando nos cruzamos con alguno) nos llevan hasta la explanada del Toll, que merece una visita --y un baño-- aunque en estos días el caudal de agua es exiguo. El paisaje que rodea todo ese tramo de pista hasta el Toll, es soberbio: vistas de la Peña Galera desde un ángulo inédito (con el espolón de la Peña cerniéndose sobre el valle como la proa de una nave de piedra gigantesca), la muralla gris del Blau y el curioso monolito del Molló, elevándose desafiante y las remozadas Mas Blai  y Mas del Tamboner cerca del Toll. Después se sigue unos minutos más por la pista hasta la barrera de madera situada junto a otra explanada donde se pueden dejar los vehíclos.

A partir de ese momento comienza la caminata que en poco más de media hora nos lleva al Mas de Damiá, refugio libre, una de las mejoras realizadas por el Ayuntamiento de Arnes. Hace años se podía hacer casi toda esta excursión en automóvil, hasta el Mas de Pau, por lo menos. Las famosas riadas del año 2000 destruyeron la pista en algunos tramos. También se ha rehabilitado el Mas de Pau, el siguiente que nos encontramos y donde comienza el sendero de subida hacia el Pico de la Clapissa y La Miranda, siguiendo el curso del río y cruzándolo de una ribera a otra con gfrecuencia. El rio está encajonado entre la Peña Galera a la derecha y los recios farallones verticales de la Clapissa.

Abundan las terrazas de cultivos abandonados y las ruinas, aunque en el mas de Caramel-lo se vuelven a  verse sembrados. A nuestra derecha nace una pista que conduce a los altos de Peña Galera por el collado del Pelele. Una hora de caminata nos dejará junto al bellísimo Mas de Pau. Desde allí se puede ir al barranco de la Paridora (excursión que requiere permiso especial) y a los Ullals del Mas de Pau o subir por el barranco del Corb hacia la Mola de Lino o, como haremos en esta ocasión, subir al mas de Llosero hasta el collado de Monfort y desde alli alcanzar el pico de la Clapissa y, si hay tiempo y ganas, seguir sendero hasta la Punta de la Miranda.

A un lado del Mas baja un sendero, con marcas amarillas, que cruza el río y se empina hacia el Mas de Llosero, en bastante mal estado, pero que comienza a presentar señales de restauración. La subida, bajo un bosque de encinas y bancales abadonados es bastante fuerte y tiene tramos de terreno desgastado de subida penosa. Todo el transcurso de este sendero está rodeado de arbustos, pinos, encinas, algún abedul, hayas majestuosas en rincones difíciles, castaños y  arces, además del boj y el acebo, con sus pequeños frutos redondos y rojos y algún que otro fresno y sabina.

Tras una última pendiente muy empinada, llegamos al Collado de Monfort y casi inmediatamente a la pista que viene del area recreativa de La Franqueta, en el valle vecino, por donde discurre el rio dels Estrets y se forma el gran desfiladero de los Estrets de Arnes.

Una vez en este recodo de la pista tenemos dos opciones: la subida al Pico de la Clapissa, que es la que escogemos hoy, o seguir por la pista hasta su final tras dos recodos en subida, desde donde se puede acceder al sendero que lleva al Pico de La Miranda por el collado de la Ereta dels Clos, el de la Grassada y el altiplano de Terranys. Lo haremos otro día.

Ahora afrontamos el último reto de la excursión: la subida a la Clapissa. Hay un sendero poco marcado pero muy intuitivo que parte de nuestra izquierda y sube de inmediato entre matojos, matorales y arbustos. Inmediatamente nos adentramos por el bosque que cubre las laderas del Pico. El sendero es estrecho y va bordeando la vertiente norte de una montaña más baja que parece apuntalarse con el Pic de la Clapissa. Una media hora de subida, nos lleva a la roca propiamente dicha. Hemos de subir, ayundándonos con las manos, por una fácil pared de roca inclinada, gris blanquecna y completamente pelada, aunque hay matojos de boj en los bordes. La subida por el plano inclinado termina en otra superficie aun más inclinada que se alza hasta el pico inferior de La Clapissa. El piso de roca está agrietado en lajas y grandes esquirlas que permiten la subida con relativa facilidad.

Al fin vemos el pico propiamente dicho recortado contra el cielo, como una gigantesca azada de roca que se alza sobre una caida de doscientos metros con un manto de bosque en el fondo y sobre un paisaje magnífico donde se ve en la azulada lejanía los pueblos de Arnes, Horta de San Juan y su Tossal y las estribaciones del Montsagre. La cima, inclinada y con un monolito de piedras, requiere unos minutos de contamplación y descanso.

Después, el descenso, con cautrela al principio y algo monótono por el largo tramo de pista. En total, unas cuatro horas, sin contar descansos, claro.

 

 

 

DOCUMENTACION

Imprescindible el libro de Jordi Bustos Bernús, "Itinerarios por los Puertos de Beceite" editado por Prames. Y naturalmente los mapas del servicio cartografico nacional de Arnes, el del Port d'Arnes 1:15.000 editado por Piolet y, como complemento, los dos de El Port 1:30.000 también de Piolet. Hallables en librerías especializadas y, desde luego, en la de Serret de Vallderrobres.

 

 

 

 

 

NO SE PIERDA

Baño o un rato de relax en las pozas del Toll del Vidre, un lugar paradisíaco --sobre todo cuando hay agua en abundancia-- muy frecuentado en verano pero solitario, silencioso y calmo el resto del año. Otro momento de deliciosa comunión con la naturaleza es posible encontrarlo en el Mas de Pau, cuya rehabilitación ha dejado muy evidente la solidez práctica del viejo mas y el embrujo del entorno. Observen la fuerza y tamaño de las encinas que lo rodean, el enorme roble que da sombra a toda la entrada de la casona, las toscas escaleras y el pórtico elevado con columnas y dintel. Hay una fuente pequeña de la que, milagro en estos tiempos, mana un hilillo de agua fresca. En Arnes encontrarán un magnifico lugar para comer, "El petit Cabirol", además de la oportunidad de un delicioso paseo por un  pueblo cuya plaza del Ayuntamiento e Iglesia merecen una visita morosa.

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