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27 agosto 2011 6 27 /08 /agosto /2011 09:38

excursiones-5786.JPGLo que más me sorprende de este maravilloso triángulo isósceles que conforman els Ports, con la punta superior sobre la Terra Alta y Prat de Comte y la base del triángulo entre La Portella del Pinell y el Tossal del Rey, aparte de la amplia diversidad paisajística, la complejidad de su entorno, la superabundancia geológica que alucina al observador y la belleza inagotable de sus cumbres, valles, gargantas y rincones, es una característica que también me fascina: la capacidad de encantarte una y otra vez con lugares y rincones que enamoran. Los naturales del sur de la Terra Alta, el Baix Ebre, el Montsiá y el Matarraña pueden estar satisfechos, limítrofes todos con ese enorme pastel de roca calcárea y conglomerado que guarda en sus entrañas unos paisajes de verdadera antología.

En esta ocasión, vamos a recorrer una zona no demasiado ignorada pero que conforma un recorrido senderista de unas 4 o 5 horas, variado y con un final de premio gordo: el Toll del Vidre. Una guinda muy adecuada en jornadas de calor, cuando del cielo te cae una cálida y pegajosa sensación de que te vas a derretir en cualquier momento y consumes líquido cual dromedario en horas bajas.

Salimos de Arnes por una pista señalizada, en la entrada del pueblo, que lleva al Toll del Vidre. Son unos cinco kms de pista estrecha, conducid atentos, no cabe más que un coche y a veces hay que dejar paso y apartarse. Tras el recorrido, hay un aparcamiento bajo los pinos, a la izquierda, frente a las ruinas de un maset. Sin embargo les propongo que sigan por la pista hasta otro parking que hay junto al Toll del Vidre y regresen andando hasta el primero, ya que desde allí parte el sendero que vamos a coger. ¿Razón? Simple: es mejor hacer esos casi dos kms de pista caminando con las primeras horas de la mañana y descansado, que al terminar la excursión, en horas de más calor y con casi cinco horas de caminata por desniveles considerables. Se agradece que en ese punto esté el coche para volver. De nada.excursiones-5787.JPG

Una vez de nuevo en el primer parking, vemos el sendero que enfila por el interior del bosque en dirección a les Valls. Diez minutos después de comenzar nos encontramos con que hemos de cruzar el rio Algars en el primero de los muchos cruces que haremos a lo largo de la excursión. Casi inmediatamente comenzamos a recorrer un paraje que recuerda el de los Estrets, pero más pequeño y como más salvaje. El rio tiene menos caudal y las pozas son pequeñas, pero asombra el contraste entre sus aguas y la roca gris, blanquecina, anaranjada en algunos sitios, más los verdes rabiosos de la vegetación de ribera, los árboles diseminados, las paredes angostas...el recorrido es  breve pero mágico. Pasamos bajo la enorme mole rojiza de la Roca Grossa, paraíso del escalador, que domina todo el rato el angosto desfiladero. Al otro lado vemos los restos bastante enteros del mas del Botzut (donde observé la pasmosa presencia casi fantasmal de un macho cabrío subido a uno de los muros, recortándose contra el follaje que invade la vieja masía). Es esa otra costante de este bellísimo camino: el paso ante o cerca de numerosas masías de nombres evocadores de la población que hubo en tiempos en la zona. La segunda que veremos es el mas de les Valls, totalmente derruida, en el centro de un bancal, con el coll de la Ferrera al fondo.

Volvemos a cruzar el río, en este punto no hay agua, todos son rocas blanquecinas por un limo podrido y seco, y nos encontramos con una bifurcació. Por la derecha se va al coll de Xertó y seguiremos por la izquierda en una subida constante que nos lleva al barranco de les Tosques o del Pedregal. Durante más de una hora cruzaremos a lo largo del barranco, disfrutando de un paisaje riquísimo en arboleda y un sendero que sube y baja entre pedregales. A punto de llegar al Estret de l'Home, en un coll breve como un suspiro, hay un lugar donde parecen haberse desnudado todos los vientos y uno siente, junto a una roca de apariencia y forma muy original, una especie de menhir de Obelix, como si se encontrara en la Cima de los vientos. Un par de metros antes o después de ese minicoll, no hay viento alguno.

El Estret de l´Home, es una estrecha y corta garganta, entre dos paredes grises de apariencia de cemento, festoneada de vegetación, con el lecho pleno de rocas de distinto tamaño que parecen restos de una riada monstruosa. Antes de dejar el barranco podemos echar un trago en la fuente del Pedregal, a la vera del sendero que sube, dos troncos vaciados en los que se vierte el agua fría de un caño nada abundante.

Aqui abandonaremos los lugares mágicos y buscamos la pista de la Franqueta que sube al coll de Miralles (nosotros iremos en dirección opuesta) y con ella atravesamos el barranco que dejamos atrás, a los pies de una alta pared desde donde en tiempos de lluvias el agua hace un salto magnífico. La pista nos lleva (y termina) en el Coll de Monfort. Allí mismo cogemos un camino a la derecha que baja abruptamente por el bosque. El desnivel es fuerte y la bajada permanente, y  a menudo exigente, pero nada peligrosa y poco resbaladiza. Con atención y cuidado no hay problema.excursiones-5592.JPG

Llegamos al valle, con el río Algars serpenteando en su fondo, por el mas del Llosero, bastante en ruinas. Hemos de atravesar el lecho del río, vadeando entre piedras si no queremos mojarnos, y tenemos encima el perfil blanco del hemoso mas de Pau, muy bien conservado, que se levanta junto a árboles enormes, carrascas, robles y pinos.

Desde aquí, se pierde la magia un poco salvaje del valle y el barrancal, pero la pista, larga y cómoda, transcurre siempre jugando a encuentros y desencuentros con el río, cuya corriente plácida hemos de atravesar una y otra vez saltando entre piedras o, los que lleven calzado apropiedo, mojándonos y refrescándonos.

Minutos mas tarde llegamos al Mas de Damià, rehabilitado y que sirve de refugio montañero libre (limpio y en buenas condiciones, por lo que pude observar). Nos queda casi una hora más de paseo hasta el Toll del Vidre, en cuyas aguas esmeraldas vale la pena darse un baño. Si previsoramente hemos dejado el coche allí, se acaba la excursión. Memorable.

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