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6 junio 2012 3 06 /06 /junio /2012 07:58

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Reconozco que las películas de profesores desde el lejano "Mr. Chipps" (y en la versión de Robert Donnat más que en la cursilada musical de los setenta interpretada por Peter O'Toole y una nada creíble Petula Clark) pasando por la sentimentaloide "El Club de los poetas muertos" o la oportunista "Escándalo en las aulas" con Sidney Poitiers, me han atraido mucho. Mucho más serias y menos sentimentales de que las americanas, son interesantes las peliculas francófonas de este género, al estilo de "La clase" de Laurent Cantet ,"Ser y tener" de Nicholas Philibert y "Hoy empieza todo" de Bernard Tavernier. Esta película canadiense, "Profesor Lazhar", se inscribe un poco más en la línea de estas producciones.

En ella vivimos la peripecia vital de un refugiado politico argelino de media edad, Bachir Lazhar, que se presenta en una escuela de Montreal solicitando el puesto de profesor que ha dejado vacante una mujer que se ha suicidado en la propia clase en la que impartía sus enseñanzas  causando un fuerte trauma psicológico al alumnado de la escuela y principalmente a dos de sus propios alumnos.

Philippe Falardaeu nos muestra al "profesor" argelino y nos desvela poco a poco algo de su trágico pasado en Argelia, donde llevaba un restaurante y estaba casado con una profesora y escritora politicamente incorrecta en su país, tanto que es asesinada junto a su hija mientras Lazhar ya está en Canadá gestionando la llegada de su familia. Sin embargo la habilidad en la gestión de la trama hace que no nos importe nada si Lazhar es en verdad quien dice que es o no, ya que lo que impulsa la película es la trama escolar, el drama de dos de los niños afectados por el suicidio de su maestra y la interacción entre los niños y el falso profesor y entre este y sus compañeras profesoras y la directora de la escuela.

La cálida cercanía, digamos meridional, del profesor argelino contrasta vivamente con una obsesiva frialdad escolar en la que el contacto fisico con los alumnos está prohibido y muy castigado y las sombras de los abusos parece cernirse en toda la historia (de hecho, un presunto abuso en forma de abrazo o beso afectuoso es el motivo por el que parece haberse suicidado la profesora ante la denuncia de un desequilibrado alumno suyo).

La magnífica, contenida, correctísima, emocional y tierna presencia de Mohamed Fellag, no exenta de ambigüedad y un cierto misterio, es clave en la cinta. Su actuación da sentido a las emociones que muestra el resto del elenco, sobre todo los niños, cuya presencia muestra la esmeradísima labor del director. Estos se enfrentan a un mundo de prioridades y valores  que ya no les pertenece, contradictorio y antagónico, representado por el profesor y sus métodos de enseñanza e interacción (lo que, como era de esperar, un diez al realismo de la pelicula, provoca reacciones de rechazo en algunos de los padres).

Por otra parte esta pelicula polisemica nos permite otra lectura, la fuerza de la impostura, es decir cómo la actividad del "profesor" va provocando que éste se convierta en un paradigma positivo de la profesión que está suplantando, motivado por las vivencias que las circunstancias provocan en la interacción entre niños y profesores. Y como parte de ese esquema, la profunda tragedia interior de Lazhar, el asesinato de su familia, que él contrapone en el mismo plano a la brutal desaparición autoinducida de la profesora que sustituye. Ese negarse a actuar ante los niños "como si no hubiera ocurrido nada" provoca una respuesta  de Lazarh, que sabe intuitivamente que es preciso la aceptación para superar el drama y que la ocultación no sirve más que para aumentar los efectos negativos psicológicos de lo ocurrido.

No hay trampa ni cartón, ni empalagos de falsa ternura, si sentimentalismo de cartón piedra. Los niños son reales  y se comportan como tales, con sus diversos niveles de madurez . No hay manipulación de la imagen y mucho menos del mensaje. "Profesor Lazhar" nos habla de un tema tabú en nuestra sociedad de la abundancia y el desperdicio (emotivo): nos pide que aprendamos a convivir con la muerte, no como concepto sino como realidad que hay que asumir y comprendiendo, superar. "Los muertos se quedan en nuestra cabeza porque les amamos" dice el profesor al unir las tres muertes que marcan la trama. Ya que la muerte no es algo distinto de la vida, o su opuesto, sino que forma parte indisoluble de la misma vida y hay que aceptar su presencia, hacer el duelo si es el caso y seguir con la existencia y el disfrute de todo lo que la vida nos ofrece.

Mención especial a la pequeña Sophie Nélisse, cuyo personaje e interpretación, rozan la perfección.

 

 

 

 

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