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11 junio 2013 2 11 /06 /junio /2013 09:32

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Parece que hay noticia de La Cerollera desde el año 1413, cuando solo era un barrio de Monroyo, con 16 fuegos, manera de contar población de aquellos tiempos (cada fuego es un hogar) y que supone unas 80 personas, aunque hasta  mediados del siglo XVIII no obtendría la categoría de villa con iglesia propia, que sufriría (como casi todos los pueblos de la zona y, si me apuráis, de este país desaforado) la pasión desructiva e incendiaria de raíz politica y anticlerical de ciertos grupos y partidos en epocas convulsas de guerras cainitas (desde las carlistas a la incivil).

Voy a dedicar este reportaje senderista a las opciones que ofrece el pequeño pueblo de La Cerollera en el Bajo Aragón, empezando por el trayecto vecinal hasta Belmonte de San José, uno de los caminos empedrados más hermosos de la zona que en una parte considerable se mantiene, circulando entre bosques de pinos, antiguas tierras de labor y vestigios de antiguos pobladores de la zona que, tras la guerra civil, fue quedándose deshabitada.

Una vez en La Cerollera iremos a buscar el PR que lleva a Belmonte, que se encuentra debajo mismo de la ermita de San Cristóbal (destruida durante la guerra y reconstruida en los años 70: no se pierdan el curioso pilón que se levanta en medio de la puerta de entrada) desde donde tendremos una panorámica hermosa del pueblo y las tierras que se extienden hacia el norte, con tierras roturadas con muretes de piedra y bosques de pinos. Dejamos la ermita a nuestra izquierda y bajamos hacia los campos de labor iniciando de inmediato una subida por el sendero que va mostrándonos los vestigios y restos de su trazado de piedras, adentrándose en el bosque, salvando ciertos desniveles no muy empinados (toda la ruta es bastante llana excepto en su última tercera pàate, una vez llegamos a los Puntales (900 m) en la sierra del mismo nombre, donde comienza una pista que va haciendo giros en continua bajada y desde donde ya se vislumbra a los lejos el ordenado caserío de Belmonte con su iglesia  en el centro, el campanario esbelto y su cúpula octogonal de la nave lateral del templo, con sus mosaicos brillando como espejuelos bajo la luz del sol.

excursiones-4716.JPGEl trayecto es plácido y transcurre en su mayor parte bajo un pinar de carrasco, pero si el caminante está atento verá recios ejemplares de pino negral o laricio, con profusión de enebros, alguna sabina espesa y las achaparradas carrascas, de la familia de las encinas. Haremos al menos dos subidas y descensos a valles que se extienden hacia el oeste, con bancales de sembrados orillados por un bosque tupido.

Mas o menos a la hora de trayecto encontraremos un claro de bosque donde se entrecruzan dos senderos y una pista. El que hemos de seguir está balizado con un hito de piedras y es la continuación natural hacia el suroeste del camino que seguimos, internándose de nuevo en el bosque y con algunos tramos del antiguo empredrado. Ascendemos un largo trecho hasta llegar a la citada cima del Puntals donde el sendero se transforma en pista descendente con el barranco de La Cerollera a nuestra izquierda.

    A mano derecha encontramos un desvío que lleva a la "Cova del Saltador", bauma de roca en un paraje recoleto (una visita de unos cuantos minutos) y un poco más abajo a la izquierda otro desvío señalizado "A la Puntata", una roca cortada a pico que tiene una panorámica hermosa, con la Cañada de Verich a la izquierda y Belmonte enfrente al fondo  junto al largo y sinuoso barranco que abre el rio Mezquin por el valle de Las Calderas. Volvemos a la pista y a nuestra izquierda encontramos una balsa pequeña que recoge las aguas de la Fuente del Gil, con unos cultivos vallados en pendiente y bancales de olivos y almendros.

Seguimos bajando por la pista y pasamos junto a un vertedero, luego dejamos una granja encima nuestro y llegamos al original Calvario de Belmonte, la ermita de Santa Bárbara a la izquierda, para entrar en el pueblo junto a la piscina municipal y dos de las capillitas del rosario y muy cerca de la antigua nevera del pueblo. Hemos dedicado un poco de más de dos horas de camino, incluidos los desvíos apuntados.

A partir de aquí y una vez en Belmonte tendremos otra excursión, algo más larga, que nos llevará al barranco Fondo y al Molino Siscar, pero eso será objeto de otro reportaje.

En esta ocasión, y de ahí viene la "radialidad" de la propuesta, la excursión a Belmonte es de ida y vuelta ya que en La Cerollera, como centro radial, tenemos tres agradables propuestas senderistas más. Una de ellas  es la del Pas del Molí y la Cova del mismo nombre (que sigue en su inicio el mismo sendero que va a Belmonte, con lo que puede unirse a la anterior a modo de desvío). Se trata de un recorrido circular de una hora que comienza en el cruce de senderos que hemos mencionado en el camino a Belmonte (a la izquierda del que seguimos entonces). Desde el Pas de Molí, con su estrechamiento de rocas y su vegetación abundante, seruimos a la izquierda hacia la Cova, famosa en la zona por haber sido escondite de paisanos cuando llegaban las tropas de los dos bandos a esas tierras en el transcurso de la guerra incivil.

Otro sendero interesante es el que lleva a la punta del Santet  (850m), se coge  a las afueras del pueblo junto a la carretera, con poste indicador, pasamos por un molino de aceite en ruinas hasta llegar por campos de labor en terrazas al fondo del barranco donde encontramos un "obellón" o canal de drenaje y un abrevadero que van a nutrir la balsa de "Fon des Camps". Seguimos hasa un corral de ganado, cruzamos la pista junto a una balsa de incendios y estemos atentos hasta ver una majestuosa carrasca llamada "del Piapo" que merece una foto y un rato de escanso a su sombra. Un ratito de pista forestal hasta la "Balsa de la Basella" y muy cerca los restos de las trincheras republicanas de la guerra civil. Muy cerca observarán una cruz de madera en un montón de piedras, reflejo de uno de esos episodios sangrientos vecinales ocasionados por razones politicas, económicas las más de las veces, ya algunas, pasionales. Es una cruz erigida en memoria de un maestro de La Cerollera asesinado por un tipo llamado "el Floro" en 1883 (que también es mencionado por su escondite en una cueva) y la tradicion del lugar quiere que el caminante desposite una piedra allí mismo.  Una senda protegida por una empalizada de madera, en rampas muy empinadas, nos lleva a la punta del Santet coronada por un peirón de piedra y una capilla con los santos Abdon y Senen, protectores del pedrisco. Es una ruta relativamente larga (unas tres horas y pico) pero muy agradable y variada.

Para terminar hay dos rutas más, la de las Neveras y la de las Fuentes.  De entre una hora y media y tres horas cada una (mas larga la de las Neveras) ,  atraviesan en uno u otro sentido toda la zona aledaña al pueblo, una por las Fuentes de Mont-Roig, Mas de la Parra y de Baixa, y la otra por el Pas de la Nevereta, la Punta Llobatera y Torrejón, el Ms de Cauvet y el Mas de la Parra. Ambas parten de la zona del pueblo llamada el Merendero, junto a un panel informativo.

 

NO SE PIERDA

Dedique un buen rato a pasear por el pequeño pueblo y trata de que le abran la iglesia de Nuestra señora del Remedio (una vecina muy cercana a la plaza de la iglesia tiene las llaves) construida en 1535 gracias a una provisión real instada por el Comendador de la Orden de Calatrava, que patrocinará el templo. Primero un templo sencillo de una sola planta, inaufurado el 10 de octubre de 1545 por el arzobispo de Zaragoza. Había libros reglamentados de nacimientos y defunciones desde 1561. A partir de siglo XVIII La Cerollera es nombrada villa y se edifica el templo actual sobre las bases del anterior, inaugurándose en 1767. Se construye el altar mayor y ocho altares laterales y se instalan cuatro campanas en el cuerpo central de la torre (1797). A pesar de penurias, hambrunas y guerras, es de notar el esfuerzo y entusiasmo de los vecinos de este pueblo en mantener su iglesia (y se trata de una población escasa, 370 personas en el núcleo de la villa y 120 en las masías del término, según el censo de 1849). En agosto de 1936 fueron incendiados todos los bienes artisticos, altares, tallas e incluso archivos. En 1963 empezaron las obras de restauracion externa y e interna (no se lo pierdan, costeadas por los vecinos) y fue en 1998 cuando se acabó de resturar el campanario, los motivos y pinturas del interior y los suelos de la iglesia.

Sabados y domingos por la mañana se puede visitar una exposición sobre la presencia de la guerrilla en el término municipal. Este pueblo es uno de los ejemplos más admirables de talante cívico y amor a lo propio de los vecinos.

 

 

 

COMO LLEGAR

 Saliendo desde Alcañiz se coge la N-232 que lleva a Monroyo atentos al desvío a mano derecha TE-V-8401 que nos llevará a La Cerollera. Una vez en el recoleto pueblo en dirección a La Cañada de Verich encontraremos los carteles indicadores del sendero PR-TE 11 (el PR1 del Mezquin, que marca el camino hacia Monroyo por Belmonte y el Barranco Hondo, que ya haremos otro día). Si vienen de Cataluña y el Matarraña iremos a buscar la N-232 por La Fresneda y Valljunquera o más directamente por la comarcal que lleva de Valderrobres a Monroyo por Fuentespalda (cogiendo la nacional dirección Alcañiz). Tendrán información suficiente con el librito de la red natural de senderos de Aragón, editado por Prames y los mapas de la zona, tanto de la red nacional como los específicos del Bajo Aragón, todos a la venta en librerías especializadas y, por supuesto, en el establecimiento de Serret en Valderrobres. Folletos específicos de los senderos apuntados los obtendrán en el Ayuntamiento de La Cerollera (una manera de promocionar el pueblo que he encontrado en contadas ocasiones en todos mis viajes).

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