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29 enero 2013 2 29 /01 /enero /2013 08:09

Hace casi justamente un año (La Comarca 31 de enero de 2012) recorrimos el sendero que une Ráfales con Fórnoles, unos 9 kms con 120 m de desnivel positivo. Ya entonces les prometí que completaríamos el sendero vecinal que llaman "del agua" por pasar por fuentes (en la actualidad casi todas secas) y que tras llegar a Fórnoles se extendía según marca la tradición hasta el vecino municipio de La Portellada. En esta ocasión vamos a realizar el sendero completo que suma en total 16 kms, con una opción (un circular de 8km ) para visitar los poco conocidos y muy bellos "Estrets" de Ráfales. Dado que en total serían unos 24 kms. sugerimos el uso de dos coches: uno lo dejaríamos en La Portellada y con el otro nos iríamos hasta Ráfales, donde podemos comenzar a caminar. De esta forma haríamos la subida (120m positivos) hasta Fórnoles y desde allí una bajada de 260m negativos hasta La Portellada. Antes de partir hacia nuestro principal objetivo sugiero un pequeño circular por los Estrets de Ráfales (que comento en un despiece de esta página).

Desde Ráfales emprendemos el "camino del agua" en dirección a Fórnoles, asi llamado por la existencia de algunas viejas fuentes, la Vella o la Estopiña por ejemplo, en la que se aprovisionaban del preciado líquido los vecinos de ambas poblaciones. El sendero, que está señalizado, se inicia en las afueras del pueblo hacia el noreste, en un recodo del nuevo vial que lleva a la  carretera nacional. Vemos una flecha y un letrero que señala el sendero que sube por un barranco, dejando a nuestra espalda el caserío de Ráfales.

Atravesamos un bosque de coníferas, enebros y sabinas, alternados con campos de olivos y almendros, entre muretes de piedra seca. Hay algunas masías abandonadas y construcciones para resguardo de ganado o aperos de labranza. La caminata transcurre por lugares silenciosos, muy pocos cultivados, la mayoría invadidos por la maleza. El algunos tramos de  camino este deja su carácter de sendero y se convierte en calzada romana o medieval seguramente, realizada con cantos rodados y piedras de varios tamaños y protegidas por muretes de piedra seca semiderruida. Uno se pregunta por los que construyeron la calzada y cómo era el paso de ganado, caballerías y personas durante siglos hasta llegar al abandono que inauguró el siglo XX. Es una lástima que lugares como este --he encontrado muchísimos en estas tierras del Bajo Aragón-- no estén cuidados y sean promocionados como lo que son: un bellísimo ventanal a la historia.

Pasaremos por un desfiladero entre grandes rocas con el piso desmenuzado por los elementos, formando escalones que en otro tiempo fue calzada también. Subimos a un coll desde donde ya vemos parte de las casas de Fórnoles. Seguimos las señales blancas y amarillas del PR y vamos bajando entre pistas y senderos limitados por muros de piedra hasta llegar a la señal de madera que señala PR-TE 159 "A Fórnoles". Aún hemos de bajar un barranco, con numerosas baumas y oquedades en roca caliza y subirlo por un sendero empedrado hasta llegar a  ver la antigua cruz de término del pueblo, con Fórnoles enfrente nuestro y su gran balsa de casi dos siglos de antiguedad en la entrada. Podemos aprovechar el agradable lugar para hacer una parada y reponer fuerzas.

Para continuar subimos por las calles del pueblo hasta la balsa que hay en las afueras en la parte más alta, junto al barranco. Una señal de madera indica PR-TE 161, La Portellada. Bajamos por el barranco de la Estopiña y comenzamos un  descenso por un sendero empedrado en bastantes más tramos que el anterior . Es perceptible que se trata de un antiguo camino vecinal que tuvo gran movimiento durante siglos y que ahora está en desuso y lamentablemente poco cuidado.

Cruzamos por bancales cultivados, con olivos y almendros, por un sendero bien señalizado, hasta llegar al llamado Pla de Sensalt desde donde lanzamos una última mirada al caserío de Fórnoles, que se eleva a nuestra espalda. Tras unos minutos de sendero llegamos a una pista que atraviesa campos de cultivo y se extiende durante un par de kilómetros hacia el noroeste con aspecto de ser muy transitada por los labriegos, bien delimitada por muretes de piedra.

Seguimos un sendero entre árboles que inicia una subida por una pista semiderruida, llena de piedras pequeñas. Entramos después en una zona con grandes rocas, baumas de alguna profundidad y tramos empedrados bastante derruidos que evidenciaa un antiguo paso de ganado y caballerías.

Un par de kilómetros antes de llegar  a La Portellada, por un sendero en subida hay que estar atento para ver una señal que indica un desvío a mano derecha  para seguir una trocha de bajada que lleva al a famosa Cueva de San Antón, que se encuentra bajo una roca que le sirve de resguardo. El lugar es de una tranquilidad magnífica y un cartel nos avisa que esta ermita excavada en la roca, es una de las cuatro caracteristicas curiosas del pueblo de La Portellada y cita las otras tres: "un molino que no muele, un batán que no batea y un puente bajo el agua". Digno del Guinness. La ermita perteneció a la Iglesia de La Fresneda hasta 1784, fecha en la que La Portellada obtuvo categoría de pueblo.

Desde la ermita el camino va bajando rapidamente hacia el caserío de La Portellada por un sendero rojizo entre piedras calizas. El sendero cruza un par de granjas, el famoso batan, y sube hasta la carretera general, a un centenar de metros del pueblo, donde recogeremos el coche para ir a buscar el vehículo que dejamos en Ráfales. Vuelta al origen aunque más comodamente.

 

NO SE PIERDA

Los Estrets de Arnes, donde es fama que en una de sus cuevas se escondía el bandolero Floro, allá por finales del siglo XIX, son unas formaciones angostas, desfiladeros entre altos muros de granito y piedra caliza. Hay un camino circular de unos 8 km en total que se inicia en la parte alta del pueblo de Ráfales, junto a la calle Rafael Anglés y por un sendero empedrado lleva a una pista forestal que cruza el desfiladero, se adentra en un bosque de chopos, pasa por el Mas del Rallo y por una serie de campos de cultivo y acequias para dar la vuelta por una zona de pinos y carrascas y vuelve a la pista de entrada y al pueblo. El recorrido es de una soeldad, silencio y belleza deslumbrantes. Para terminar, tanto Ráfales como Fórnoles o La Portellada son pueblos que bien merecen una visita tranquila, créanme.

 

LIBROS Y MAPAS

Para los lectores de la zona, lo mejor es ir a la Librería Serret de Valderrobres y conseguir el mapa MTN50, numero 495 de 1:50.000, los libros de Rutas de Aragon y Red natural de Aragon, editados por Prames y dedicados al Matarraña. Jesus Avila Granados con su libro "Matarraña insólito" de Viena ediciones, añadirá encanto a la excursión. Es un material facilmente hallable en cualquier librería con una buena sección de senderismo.

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