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29 abril 2013 1 29 /04 /abril /2013 07:23

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He disfrutado con la lectura de la novela de Víctor del Árbol "Respirar por la herida" (título ilustrativo, pero fácil, que desentona con la fuerza y el estilo de la novela: el uso del infinitivo en un titulo parece sugerir un libro de autoayuda) por tres razones: primera, porque es una buena novela, no una gran novela pero todo se andará a tenor del fuste de este novelista; segunda, porque es un autor español, con vocación y potencia para llegar a ser un sólido baluarte literario en nuestro país y fuera; tercera, porque no parece seguir modas historicistas o de novela negra de salón y plantilla: es un creador nato de personajes y situaciones.

No había leido a Víctor. Su novela anterior "La tristeza del samurai" (este es un buen título) había tenido un éxito notable (premiada por el Prix du Polar Européen, creado por la revista "Le Point") y había sido loada con esa desmesura que se prodiga en nuestro país, lo cual, paradójicamente, la incluía dentro de tantos "éxitos fulgurantes" que la equivocada estrategia de mercado editorial español crea, un día sí y otro también, para perplejidad del mundo de los lectores. Procuro mantenerme al margen de esos éxitos de campanillas de novelas primerizas hasta que aparece una segunda novela. En este caso, es obvio que rescataré "La tristeza del samurai" y ya les contaré cómo me fue.

Disculpando los excesos melodramáticos de la trama que crea Víctor, el caso es que la amplia visión que nos ofrece a través de varios personajes de las ramificaciones, consecuencias y antecedentes del suceso clave que estructura la novela en diferentes niveles e interpretaciones, sujeta al lector a las más de quinientas páginas con un dogal de interés, apasionamiento narrativo y originalidad. La muerte de una niña y un joven atropellados accidentalmente por el coche conducido por un hombre, capital en la novela, que estaba borracho y drogado en ese momento y la espiral de odio, venganza y tormentos interiores que crea están descritos con un dinamismo magnífico y una efectividad con pocas fisuras. Los personajes son sólidos, sus diálogos apropiados a cada uno y el estilo con el que se describen sus vivencias es directo, rápido y de una austera exactitud.

A pesar de que me sorprende y en cierta forma me incomoda la ilustración de la portada (un fragmento del cuadro de Lucian Freud "Reflection with Two Children") en la medida en que Freud me repele como pintor, he de reconocer que la elección está justificada. El mismo autor nos desvela las claves de esta elección de portada (pág. 117) cuando hace que el narrador omnisciente --punto de vista narrativo escogido por Víctor-- nos cuente los pensamientos de Eduardo, uno de los protagonistas de la novela, un pintor desolado y embrutecido por la muerte de su esposa y su hija en un accidente, respecto a los cuadros de Freud y en concreto el autoretrato de portada: "...aquellos cuadros..le habian inspirado para ser un pintor de almas, a  retratar las sombras que habitaban sus modelos...con miradas frias y despiadadas...aquél cuadro, su hermano inspirador...era su verdugo". Y esta es, en esencia, la marca del estilo reflejado en  "Respirar por la herida": retratos de personajes en profundidad, indagando en sus sombras, sus frustraciones y su amargura. Y la mirada del autor también es una mirada "fría y despiadada", no hay complacencia alguna en sus descripciones psicológicas y en todos los personajes aletea una sombra amarga y a veces cruel. El mundo que nos muestra Víctor es duro y amargo como lo son sus criaturas. El destino y las propias culpas se ha cebado en ellos y parece que no haya remisión posible, aunque muchas de las criaturas que se debaten en el sórdido mundo de la culpa y el odio tienen elementos de humanidad y ternura, huérfanos de amor pero no de sentimientos, devuelven al lector una mirada triste que a veces es más dulce que patética. Eduardo y Gloria ponen en marcha el "deus ex machina" de la novela: la segunda, madre del joven muerto en el accidente provocado por Arthur, el sombrío ejecutivo de origen argelino, encarga a Eduardo que haga el retrato del hombre que "asesinó" a su hijo. Este encargo abrirá la Caja de Pandora y las historias saldrán de ese caja, ligera o declaradamente ominosas, pero con algunos retazos de elementos positivos, el amor, la lealtad, la amistad, la ternura. No demasiados, pero suavizan la tensión de una existencia en la que el dolor y el mal hacen acto de presencia demasiado a menudo, trastocando la vida de las gentes. Exactamente como lo hace la vida en todos nosotros. El drama (a veces el melodrama)  y la tragedia a secas están a la vuelta de la esquina y Víctor del Árbol nos lo muestra con buen oficio, despertando nuestro interés y empatía.

No hay aquí recursos a la estructura habitual de la novela negra, ni detectives, ni policías y el ambiente carcelario es tratado con suma simplicidad: lo interesante de este escritor es que refleja una mirada a la existencia al estilo de Victor Hugo o Camus (aunque puede ser tan sórdido como Dickens, nunca es tan sentimental) y lo que nos ofrece es una elaboración --menos universal y ambiciosa que Hugo-- de  unos "miserables" anímicos arrastrados y condicionados por el dolor y la venganza. Seres comunes y familiares a los que la fuerza de un destino aciago les conduce a actitudes intransigentes y duras, unas venganzas más afines al dolor impotente que no se sabe afrontar o superar que a maquinaciones maquiavélicas o a acciones tipo thriller al uso. Es posible detectar esa pátina de estoicismo y sequedad en algunos de los personajes, esa dureza interior algo indifernete, que me recuerda a "La Peste" o "El extranjero". Y es que Víctor del Árbol es un narrador de personajes: nos cuenta su historia a través de los sentimientos, las dudas y las emociones de sus personajes. Creo que ahí radica su interés y su valía. El desequilibrio dinámico ético que se instala en los personajes, haciéndoles transitar entre la venganza, el dolor, el odio y el exceso, sin perder la coherencia profunda. Quizá la ausencia de humor del narrador es lo que lastra la tendencia suave al melodrama, pero eso no es un defecto. Supongo que es un elemento de estilo que suele desaparecer con la experiencia. La mirada realmente humana siempre tiene una chispa de humor. Y este autor desborda humanidad.

 

FICHA:  "RESPIRAR POR LA HERIDA", Víctor del Árbol.- Editorial Alrevés, 522 páginas. 20 euros. 

 

 

 

 

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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