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22 septiembre 2013 7 22 /09 /septiembre /2013 09:16

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Claro, si uno es un fan irreductible de Shakespeare y lo es en menor medida, pero tambien de forma intensa e incondicional, de Herman Melville; si uno sigue disfrutando leyendo "El sueño de una noche de verano" o "Ricardo III" y va por su tercera lectura desde mis lejanas adolescencias de "Moby Dick"; si uno se ha visto todas las peliculas y ha visto representar sobre las tablas una cantidad, nunca suficiente, de las más conocidas obras del Bardo inglés y disfrutó como un niño de la única versión en cine de la mítica leyenda de la Ballena Blanca (dirigida por un joven y audaz John Huston); si uno, en definitiva, se declara admirador "in aeternum" de los dos autores citados y ve en una librería --la de mi laborioso amigo Serret, en Valderrobres-- un libro que se titula precisamente "Shakespeare y la ballena blanca", se agencia de la novela ipso facto, aunque conozca muy poco a su autor, Jon Bilbao, víctima del encanto casi místico del libro como elemento de sugestión.

Tras la lectura de sus 230 páginas, uno se queda absorto y nostágico. Lo primero porque este lector no acaba de comprender en virtud de qué maleficio cae una y otra vez en el mismo hoyo, tropieza una y otra vez con piedras muy semejantes, se engaña una y otra vez con parecidos espejismos. Y lo de nostálgico es por lo que pudo haber sido y no fue. La idea que subyace en esta novela es buena y atrevida. La realización corta de vuelo, un poco banal y escasamente convincente. El estilo, pobre en ocasiones y la tensión del relato irregular y a veces inexistente. En cuanto al argumento, promete mucho y se queda en poco. Shakespeare realiza un viaje en barco hacia Dinamarca en embajada de buena voluntad, acompañado por el joven conde de Southampton, supuesto niño de sus ojos, supuesto objeto de amor en los celebérrimos Sonetos. Durante la travesía hay un periodo, medio mágico, inexplicable, de calma chicha. El buque no se mueve y aparece a su lado una gran ballena blanca sembrada de arpones y restos humanos que parece hostigar a la nave indefensa. El entronque del autor inglés con la novela de Melville está logrado. A partir de ese momento la cosa se complica, se embarulla, pierde consistencia y se vuelve atrozmente inocua. A don William se le ocurre una nueva trama para una de sus obras teatrales: el capitán de barco ballenero obsesionado por matar una gran ballena blanca, que simboliza la maldad en estado puro. Es decir, Jon Bilbao pasa de Melville y le sirve a Shakespeare en bandeja "Moby Dick" para que experimente (Melville estaría contento, ya que en la realidad due Shakespeare el que influyó, y mucho, en Melville para dar fuerza simbólica a la gran ballena y profundidad dramática a sus personajes principales).

Como buen profesional de la escritura y la narración que es, Bilbao acomete su empeño con notable documentación y lecturas previas, pero sólo logra crear un híbrido sin fuerza y con exceso de retórica que se retuerce en su empeño de ser narrativa cuando sólo queda en ensayo baldío e innecesario trufado de narrativa con pretensiones y sin fuerza literaria. Al igual que sabemos que la suma ingente de datos no presupone el conocimiento y mucho menos la sabiduría, los datos que aporta Bilbao son interesantes por sí mismos pero no le dan carácter ni fuerza ni sentido a una ficción. Y se nos aportan como elementos de ficción los hechos que la historia literaria nos ha mostrado sobre Melville, su obras y Shakespeare y las circunstancias de su trabajo en el reino de Isabel I. Datos bastante conocidos que no ganan importancia convertidos en elementos de ficción de un Shakespeare-el de la novela- que tiene la consistencia de un muñeco de papel.

Exceso de datos, incidencia en elementos archisabidos, escasa profundidad psicológica en el diseño de personajes (lo que resulta más grave si tenemos en cuenta que escribe sobre un "personaje" que es una persona histórica y que ha sido objeto de una de las mayores obras de analisis, en cantidad y calidad, de la historia) sólo contrarestados por escasos momentos de acción, propios de las novelas de aventuras, en los que el autor nos muestra su habilidad narrrativa, aunque suele estropearlos por el añadido continuo de datos extrapolados de otras obras y autores. Y también nos parece interesante la pintura que nos da de la época isabelina y la tensión y fuerza del final.

Por tanto, novela sólo digerible para los amantes de libros de aventuras exóticas y lejanas en el tiempo y el espacio. Pero en cuanto a los "lletraferits" pueden abstenerse y dedicar ese tiempo a repasar "Julio César" o a navegar literariamente en el "Pequod" al mando del capitán Acab, junto a un marinero razonable llamado Ismael.

 

FICHA

 

SHAKESPEARE Y LA BALLENA BLANCA.-Jon Bilbao.- Tusquets Editores.-230 págs. 17 euros

 

 

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Published by nullediesinelinea.over-blog.es //charlus03 - en comentario literario
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Comentarios

Domingo 09/22/2013 20:14

¿Qué diantres hace el autor del blog escribiendo aquí (cosa que está muy bien) cuando los periódicos andan plagados de chiquilicuatres y "enviados especiales" pagados por las editoriales? Yo sé lo
que hace: eso que no pueden hacer los periodistas paniaguados: mostrar su insobornable magisterio. Felicidades y lo siento, Jon.

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