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14 febrero 2012 2 14 /02 /febrero /2012 19:10

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Por esas extrañas casualidades que Jung llamaba "sincronicidades" y que revelan un orden de las cosas que no somos capaces de descifrar en el momento en que se producen, aunque si más tarde, ha coincidido la lectura de la novela de Lorenzo Silva "Niños feroces" con el visionado de esta película de Gerardo Herrero, "Silencio en la nieve". Ambos productos culturales, la novela y la película, nos hablan de vivencias históricas ancladas en la segunda guerra mundial. Eso sí, vivencias relacionadas muy íntimamente con nuestro país y la presencia española en el mundo. Y así tanto Silva como Herrero (que se basa en la obra de otro novelista, Ignacio del Valle, "El tiempo de los emperadores extraños" para filmar su película) nos hablan de la famosa "División Azul" integrada por soldados veteranos de la guerra civil y falangistas fanatizados que han declarado una guerra gremial contra el comunismo internacional y ven en la guerra en Rusia una especie de Cruzada evangelizadora y punitiva.

De la novela de Silva ya he hablado aquí y de la película de Herrero, protagonizada por Juan Diego Botto (un soldado divisionario, "voluntario" obligado para tapar deudas ideológicas, que fue inspector de policía en la vida civil) y el siempre magnífico Carmelo Góimez en la piel de un sargento al que le ordenan que ayude al soldado-inspector, destaco en primer lugar la garra del argumento (un thriller con asesino en serie incluido, en plena campaña de la División en las heladas estepas rusas) y en segundo lugar la frialdad, quizá sea un contagio ambiental,  de la realización que logra congelar la necesaria química entre los dos protagonistas para empezar y que a pesar de una ambientación bien lograda --con algunas tomas donde huele a decorado o a cartón-piedra-- y alguna secuencia excelente (la de apertura, con los caballos congelados en un lago, como trágicas marionetas o piezas de un destruido tiovivo) no consigue hacer vibrar al espectador y acaba provocando bostezos y sonrisas fastidiadas cuando tiene todos lo ingredientes para mantenernos en ascuas.

Una pena, pues, porque la película podría haber logrado mejorar aquella "Saigón" de los 80 con Willem Dafoe y Gregory Hines, en la que el asesino hace de las suyas en Vietnam en lugar de en Rusia.

Las víctimas del asesino aparecen degolladas y con los versos de una canción infantil grabados con un puñal sobre el pecho, aquella que habla de "Mira que Dios te mira..." y sigue "mira que te está mirando" para acabar recordándote que puedes morir en cualquier momento.

Pues bien, no les cuento por dónde van los tiros (o mejor, los degüellos) para no fastidiarles la película que, eso sí, a pesar del productor-director que le ha tocado, merece la pena que la veamos, siquiera sea por protenciar nuestro cine. El producto es digno, aunque fallido.

Decepciona un poco que Herrero no haya sabido lidiar con tan buen material y con unas imágenes que en algunos momentos rozan la excelencia y en otras nos hunden  en el aburrimiento a causa de un ritmo indigno de su nombre y una serie de subtramas mal desarrolladas, como con desgana, que acaban lastrando la trama principal (a pesar de contar con atractivos suficientes, como el asunto de los rituales masónicos: con menos de eso se montó ese fraude literario llamado "El código Da Vinci".

Tampoco los actores están como deberían estar, empezando por Botto, desaprovechando a Carmelo y con secundarios demasiado secundarios. Como nota positiva, le negativa del director de entrar en la fácil simbología de la guerra civil, dejando sólo algunos apuntes esbozados, pero obviando los mensajes en pos de un sólo interés, la trama policial, dejando como punto secundario (por ese solo hecho, lo convierte en una virtud) el que todo acontece durante la intervención de la División Azul en la guerra entre nazis y rusos stalinistas. Magnífica la secuencia de la ruleta-rusa, el macabro y sangriento juego que jalonaba secuencias inolvidables de "El Cazador" y el acierto de vincular los asesinatos a una canción infantil, al modo de Fincher o algunos autores de la dura saga nórdica de novela negra.

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