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7 marzo 2011 1 07 /03 /marzo /2011 19:34

He vuelto a ver "Soylent green" la impresionante película de Richard Fleischer, realizada en 1973 e interpretada por Charlton Heston y Edward G. Robinson en los principales papeles. Está basada en una novela de 1966 del escritor Ray Harrison titulada "Make room !!, Make room!" ("¡¡Hagan sitio!! ¡¡Hagan sitio!!"), aunque en una antigua edición española la titulaban directamente con el nombre de la película, "Soylent green" que ha pasado a ser un icono popular de los alimentos realizados con elementos contaminados y nada adecuados.

La referencia de la película nace en mi mente a propósito de una columna semanal que escribo para "La Comarca", el diario del bajo Aragón, donde resido. En mi texto analizo la actual situación global en la que se dan cita una serie de elementos críticos muy conflictivos y peligrosos para la actual sociedad postindustrial del siglo XXI.

Se trata de la crisis energética (provocada por las revoluciones árabes del pan o de la dignidad, lo mismo da), la alimentaria, la ecológica, la sociolaboral, la financiera,  que parecen haber coincidido en este tiempo, llevando a occidente a una crisis global de imprevisibles consecuencias y por lo tanto de difícil solución o al menos, atenuación. ¿Por qué me ha venido a la memoria "Soylent Green"?

Examinemos el mundo del año 2022 que nos muestra la película. Circunscrita la acción a Nueva York, nos sirve como botón de muestra para un mundo que aún está peor. En la gran ciudad viven más de 40 millones de personas. Las calles están atestadas de gente (no de coches, hay crisis energética) que hacen su vida en las esquinas o en edificios destartalados y ocupados hasta el último rincón. La gente, multitudes de gente parada (no hay trabajo mas que para unos pocos) no tiene acceso a ninguna comodidad, beben agua de garrafa y comen unos alimentos sintéticos que reparte el Gobierno a un precio simbólico o lo entrega con cartillas de racionamiento: soylent rojo y soylent amarillo.

La película hace emerger una trama policiaca en la que se investiga el asesinato de un directivo de la empresa que fabrica los soylent. Charlton Heston es el policía encargado de la investigación y es ayudado en materia de documentación por el viejo Solomon Roth, un hombre enfermo que vive amargado por sus recuerdos de la época en que la vida era amable y habia de todo, agua, alimentos frescos, vivienda, trabajo, naturaleza no contaminada, verdes bosques, rios limpios, mares no degradados.

No les revelo el desarrollo de la película ya que lo que me interesaba es comparar aquélla situación mundial que refleja la novela con ésta, en la que nos estamos metiendo desde hace ya unos cuantos años, pero que ahora parece entrar en crisis de agravamiento.

El soylent verde es repartido a las multitudes asegurando que se trata de un alimento superenergético, superior a las otras dos variedades, y que ha sido extraido del placton de los océanos. Al final sabremos de que material superabundante lo extraen. Tiene tanto éxito que se producen disturbios violentos que la policía reprime con un método drástico y de una fuerza visual de pesadilla: grandes máquinas excavadoras son lanzadas entre la multitud para que con sus grandes palas recogan a la gente y las lance a los camiones de detenidos.

No les contaré como acaba, un desesperanzado final, pero les animo a buscar la película en su dvdclub. Hay otra secuencia que se ha quedado en mi memoria sensible: la del viejo Roth (inmenso Edward G. Robinson en el que, curiosamente, sería su último trabajo en el cine: moriría de cáncer diez días más tarde de rodar la última escena) que admite entrar en el departamento de "suicidio asistido" sólo por poder ver, en la gran pantalla frente a su lecho de muerte, cómo era el mundo que él había conocido y ello bajo la música de la Pastoral de Beethoven, la Patética de Tchaikovsky o 220px-Soylent greenla Peer Gynt Suite de Grieg.

Esperemos que la referencia a Soylent Green quede como una curiosidad cultural y no como una profecía. En mi artículo cito a Gandhi como recurso para evitar esa pesadilla global. Hay alguna posibilidad de salvarnos...pero hay que aplicarse a ello.

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