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29 julio 2011 5 29 /07 /julio /2011 09:47

excursiones-5018.jpgDesde el Matarraña la puntiaguda figura del Tossal de Horta, que atrajo el interés pictórico de Picasso (de todos es sabida la frase que el pintor dedicó a esta tierra, "Tot el que sé ho he aprés a Horta"), llama la atención por la abrupta verticalidad de sus laderas empinadas, sembradas de pinos, con una cima de roca conglomerada adornada por cipreses y abetos y las ruinas de una ermita (datada en el siglo XIII) en lo más alto, junto a una cruz que resalta contra el azul del cielo. En la ladera, engastada como una joya entre los árboles, se levanta el convento de Santa María de los Ángeles o de San Salvador, santo que estuvo en la zona en el siglo XVI y al que se atribuyen numerosos milagros. En la subida hacia la cima de la montaña, el sendero pasa junto a una cueva donde se venera una imagen del santo, que está relacionada con ciertas leyendas religiosas.

 

La subida a esta montaña emblemática, situada enfrente y a la derecha del pueblo blanco de Horta de San Juan, que se arracima sobre una colina, se puede iniciar en el mismo pueblo, de donde parte el sendero que a través de campos de labor lleva en una media hora hasta el Convento. A un lado de la construcción, cuya hermosa escalinata de acceso a la puerta principal tiene una estética espectacular, comienza el sendero de subida a partir de un poste de señalización. El camino, en este punto y durante unos minutos bastante liso y descansado, va subiendo poco a poco rodeando la montaña a fin de atacarla por el lado norte. Pasamos junto a paredes de conglomerados y agujas apreciadas, y bautizadas, por los escaladores. Una vez superada la citada cueva, donde hay una fuente que fue, según la tradición, abierta por el mismísimo San Salvador dando tres golpes con el cordón del hábito, el camino se hace más abrupto y empinado y va ganando altura de una forma bastante directa, en continuas lazadas, con tramos que han sido arreglados y otros que discurren entre rocas.

La subida va deparando vistas hermosísimas sobre la Terra Alta y en una media hora se llega a las ruinas de la ermita de San Antonio, dejando atrás el lado oeste y cambiando de vertiente, abriéndose una amplia vista sobre el valle de Canaletes, con los Ports al fondo y como pétreos vigilantes las rojizas Rocas de Benet que ofrecen su inconfundible y ciclópea presencia al sureste del caminante. A los pies, la cinta azul de la nueva carretera que une el Matarraña con Cataluña. excursiones-4992.jpg

Cerca de allí, tras unos minutos de sendero planeante encontramos, aprovechando una grieta en las paredes de conglomerado, un antiguo refugio de la guerra civil. A partir de ese punto el sendero vuelve a enfilarse abruptamente hacia la derecha y encontramos un replano sembrado de grandes cipreses (uno de los lugares más hermosos de la excursión, donde vale la pena sentarse y gozar de las vistas y la paz). Aquí se bifurcan el sendero, un ramal desciende (es el que luego seguiremos para bajar de la montaña) y el otro vuelve a enfilarse montaña arriba.

Llegamos a la cima superando un último altozano sembrado de pinos, hasta la roca pelada donde se levantan las ruinas de Santa Bárbara. A partir de allí tendremos unas generosas panorámicas sobre los Ports, el Matarraña y el arracimado pueblo de Horta. Desde la ermita se puede acceder a un promontorio rocoso donde se levanta la cruz, acceso que tiene un paso delicado para llegar a él y que según los de Horta es uno de los retos que los jóvenes quintos asumían en el día de su celebración (es una cornisa estrecha de roca, abierta a los dos lados, que hay que pasar a horcajadas o a pie los que tengan buen equilibrio.

La bajada se hace desde el punto que mencionamos, el replano de los cipreses, y es un sendero muy directo e inclinadol, con terreno descompuesto y resbaladizo. Mucho cuidado en la bajada, que se hace entre rocas y tierra pulverizada. Despacito y buena letra, se aconseja.

Llegamos de forma directa al convento por la parte de atrás, pasando junto a la ermita de San Onofre y un poco mas abajo, ya tocando las lindes conventuales, a la de San Pablo. (Lugar de apariciones divinas según la tradición). El camino nos deja justamente al pie de la escalinata y la fuente que allí mana. Solo queda volver por el camino mencionado hasta el pueblo. Pero antes de dejar el camino, deben ver el punto exacto escogido por Picasso para hacer una de sus pinturas, la del convento, ingeniosamente preparado para que el visitante pueda ver la perspectiva exacta.

Habremos dedicado entre tres y cuatro horas según el tiempo destinado a reposar o a hacer fotos. Una excursión breve, empinada y de una belleza paisajística de primer orden.

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