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5 septiembre 2011 1 05 /09 /septiembre /2011 09:57

excursiones-5986.JPGLa ermita de Sant Miquel de Espinalva (topónimo, se deriva de espino blanco, arbusto abundante en estos parajes) está situada a más de mil metros de altura y domina un paisaje extraordinario. El sendero que nos lleva a ella compone un itinerario circular, con el mismo origen y final y recorridos distintos pero ambos bellos. El desnivel que se supera no pasa de los 500 metros ya que partimos del extremo superior del embalse de Pena, el puente sobre el rio del mismo nombre que está a unos 600 metros de altura. Llegamos allí tras haber recorrido toda la margen del embalse por una pista (se llega a ese punto viniendo desde Beceite por la pista asfaltada del Olivers o desde la carretera de Vallderrobres a Fuentespalda, a unos trescientos metros tras salir de la capital del Matarraña, desvío señalizado a la izquierda). 

En el puente se puede dejar el coche o seguir por la pista forestal que se interna en el bosque, paralela al barranco del rio Pena (sólo en el caso de ir con un todoterreno) con lo que se evita casi media hora de caminar por ella. Hay un punto en el que la pista se bifurca, con un cartel de paso prohibido y un espacio suficiente para dejar el coche. A partir de ahí se sigue a  pie por la pista de la izquierda, durante unos 15 minutos, hasta llegar a una nueva confluencia  entre el barranco del Pena y el del Racó del Patorrat. Abandonamos la pista (que es por donde llegaremos a la vuelta) y nos internamos a la izquierda por un sendero señalizado que ya de entrada va ganando altura entre boj, matorral y pinos, manteniendo a l aizquierda el barranco de Patorrat.

La subida es laboriosa pero interesante y pasamos por varios tramos empedrados que deben tener un par de cientos de años y que recuerdan que la ermita era lugar de peregrinación  y mercado de la gente de Vallderrobres, Beceite y los mases abundantes de los alrededores. El lugar llamado Caragolet de Crespo por su lazadas de subida, acaba en un collado con magnificas vistas sobre el barranco del Pena (por donde bajaremos después).

Seguimos subiendo tras unos minutos de llanear por el bosque y llegamos a otro collado, este con vistas impresionantes sobre los roquedales del agreste valle del Raco de Patorrat. En la vertiente opuesta distinguimos un  par de mases muy bien situados, con sus campos de labor y sus aplanamientos para las eras. Cambiamos de vertiente y comenzamos a crestear hacia la ermita, que ya distinguimos a lo lejos, en la cima más alta de los alrededores. Por debajo del camino vemos las ruinas de otra masía, el Mas de la Mançanera que da nombre al collado al que llegamos en diez minutos y ya supera los mil metros de altitud. Salimos del bosque y entramos en una zona pelada. Sobre nosotros se yergue la ermita y los masos que la rodean. Junto al camino se abre una gran poza de agua donde suelen abrevar los buitres de la zona. El sendero abandona las pistas (tres) que se cruzan abajo y sube en diagonal empinadamente hacia la planicie superior donde se asienta la ermita.

La ermita (del siglo XIV) está en estado calamitoso. Es lamentable el abandono. Tambien los mases que la rodean  ofrecen un aspecto de deterioro penoso. Ha desaparecido el panel que contaba la historia de la ermita y veo que los destrozos (¿por mano humana?) han crecido mucho desde la ultima vez que vine aquí, hace un año. Un lugar tan hermoso debería ser cuidado. Desde aqui hago un llamamiento a la Comarca y al Ayuntamiento de Vallderrobres para que cuiden este extraordinario patrimonio, más valioso por el lugar donde está que por la calidad artística y arquitectónica, ya irremediablemente perdida.

excursiones-6053.JPG

Tendremos un pequeño paseo, quizá húmedo, pues el sendero sigue por el lecho del río. En ocasiones lo he pasado con chanclas de agua y las botas al cuello, pero este año se puede pasar dando saltitos de seco en seco, evitando bien la corriente infima de las aguas del Pena y renuncio a hacer el chsite fácil) , que en algunos momentos crea pequeñas pozas, cuando el caudal se estrecha entre rocas y pequeños desfiladeros angostos. El camino va jugando al gato y al ratón con el pequeño rio y entramos en el Barranco de les Pubilles y el Estret de Panisello, un tramo pavimentado que puede criuzarse si el rio no tiene una crecida (cosa dificil en verano y ultimamente en casi todo el año). En caso de agua abundante, mejor coger el camino que surge a la derecha y evita el rio.

Unos quince minutos  más de pista y llegamos al punto de confluencia desde donde partimos y de allí, al coche. Habrán sido de cuatro a cinco horas de excursión (segun las paradas) que nos habrá ilustrado sobre las feraces tierras que conformaban antaño el Matarraña, lugar que los antiguos conocían como "la tierra del agua" (un sueño inaccesible en nuestros días, aunque la belleza natural se mantiene, se lo aseguro a usted, amigo lector).

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