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20 junio 2011 1 20 /06 /junio /2011 12:21

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Esta es la cima que teníamos previsto conquistar el pasado viernes por la mañana : el pico Montardo de 2833 metros. Acompañado de dos amigos, Jaime y Sergio, cumplía una de mis frustraciones montañeras: subir al Montardo, por cuyos aledaños había pasado en tres o cuatro ocasiones sin tener nunca ni tiempo ni oportunidad de "conquistarlo".

Esta vez dedicábamos la excursión en exclusiva al popular pico aranés que se levanta   majestuoso sobre el Circo de la Restanca, cuajado de lagos, como el de la Restanca (donde está el refugio), el de Cap de Port y el Estany de Monges, al pie del tuc del mismo nombre (2.707 m.). Pero ya la llegada a Arties, la tarde del jueves, nos mostró un tiempo lluvioso y con ocasionales neblinas, que se espesaban en nuestro acercamiento por la pista que lleva primero al parking del acceso al refugio y después, excepto en julio y agosto que está cerrado a coches particulares, la pista de montaña que nos deja en el nacimiento del sendero (GR 11) que lleva al refugio de la Restanca.

Ya cuando subíamos, mochila al hombro, por el empinado sendero, empedrado en algunos sitios, sólo veíamos claramente unos metros en  torno nuestro, inmersos en una especie de gasa gris fría y húmeda que se espesaba por momentos. En 50 minutos llegamos a la presa y caminamos por el borde semicircular de la construcción, sobre el lago por un lado y sobre la caída de la gran pared del desaguadero por el otro, sin ver ni lo uno ni lo otro, como en un sueño. Al final, en la punta este de la presa, el caserón austero, gris, del refugio, en el que apenas distinguíamos la débil luz de una ventana iluminada. Justo la hora de la cena, las siete de la tarde. Aparte de Susana y Luisa, las dos chicas del refugio, el encargado oficial no estaba, había un grupo de cinco montañeros más que estaban acabando el Carros de Foc, la célebre marcha entre refugios del parque de Sant Maurici.Sopa de ajo y lentejas, una escueta cena, y a tratar de dormir en las no muy cómodas salas dormitorios con sus colchones corridos en plataformas de madera de dos pisos. Si hay suerte sólo habrá concierto de ronquidos de uno o dos durmientes (yo he vivido un récord de roncadores en la Renclusa, el refugio del Aneto: todas las plazas ocupadas, más algunos en el suelo del comedor, conté catorce fuentes roncadoras) y a la mañana, cuando uno se levanta a las siete para desayunar algo caliente y comenzar la caminata, ha logrado dormir dos o tres horas.

Salimos de la Restanca e inmediatamente tenemos el inicio del GR-11 pirenaico que va elevándose en dirección sureste por la ladera de la montaña, dejando el lago abajo, marcando zig zags por pendientes pronunciadas con hierba y piedras y arbustos hasta acompañar  un riachuelo que baja, cantarino, desde el lago superior, el Estanh deth Cap deth Port (2.200 m), que bordeamos por la izquierda buscando las señales del sendero, entre la niebla cada vez más tupida que baja en lazadas enormes desde el invisible coll o puerto al que nos dirigimos.

Nueva subida por el Circo de la Restanca, entre grandes bloques, hasta alcanzar el Coll de Crestada (2.475m), desde donde debíamos ver el estany de Monges y el tuc del mismo nombre. Pero apenas si nos veíamos entre nosotros. Hubo un error de apreciación (que luego resultó que no era tal error). Primero seguimos un sendero no balizado que llevaba por la izquierda a la subida lógica donde estaba el Montardo (que no veíamos) y al no encontrar o ver señales, abandonamos y volvimos atrás para seguir el GR que va al refugio de Colomers pensando que la subida estaba más adelante. Despues de media hora de bajada y vuelta a subir por el sendero llegamos a otro Coll desde el que se abría un panorama enorme con dos lagos a sus pies, que solo podíamos ver unos segundos, cuando el viento levantaba el telón de niebla. Pero aquello ya estaba fuera de nuestro objetivo. Decidimos volver. El tiempo no presagiaba nada bueno y no veíamos nada de nuestro entorno. En la montaña una retirada a tiempo es una victoria.

Cuando regresábamos por el sendero de descenso del refugio al valle donde dejamos el coche, un bellísimo recital de árboles centenarios, flores silvestres, arbustos y un fragante olor a tomillo y romero, comenzó a aparecer, timidamente, el sol. Nubes y sol, pero la niebla huyendo hacia las cumbres. Habra que dejar el Montardo para otro día.

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